sábado, 25 de enero de 2014

Carta a la fraternidad

Querida mía:

Siempre fuiste la pequeña, la que pasaba inadvertida y se quedaba en un segundo plano. Tú, tan esmirriada y morena, parecía que hubieras nacido sin fuerzas, sin voluntad para imponerte.
Sin embargo, tú y yo sabemos que sin ti yo estaría incompleta, que eras tú la que sin quererlo me hacías bella. Era yo a la que primero veían, no en vano mi palidez era equiparable a la de las jovencitas que querían disfrutar de nuestra compañía.
A tu favor diré que, si bien se fijaban antes en mí, era a ti a quien acudían cuando nos conocían mejor. Porque, aunque no siempre lo parezca, sé que juntas formamos el mejor equipo.
Tú, tan delicada, esa figura de ébano que en las noches más largas admiraba. Yo, con mi blancura de marfil que, no obstante, parecía invitar a que me vapulearan.
Aún así siempre me quedará un consuelo. Ambas, juntas, hemos pasado a los anales de la historia. Si no, dime:
¿Quién imagina un piano sin sus grandes blancas y sus elegantes negras?
Esto hoy va por ti, gran compositora y la mejor pareja que nunca pude imaginar.

Siempre tuya,
Blanca

domingo, 12 de enero de 2014

Punto y seguido: Declaración de intenciones

Hace mucho, mucho tiempo hubo una chica que acostumbraba a plasmar sus sentimientos en forma de textos. Inconexos la mayoría, aunque con una temática común acorde a los últimos retazos de la adolescencia.
Corría 2008 como también lo hicieron 2009 y 2010, y las letras se convirtieron en un refugio para los sentimientos, no pretendo engañar a nadie. Me hacía fuerte escondiéndome y aún hoy cuando me releo soy capaz de ver cuánto miedo había en mis palabras.

Cuando comencé la universidad, estas sensaciones pasaron a un segundo plano. Al principio porque me dolía reabrir la herida y derramar lágrimas sobre el teclado no servía para nada. Poco a poco me habitué a ser más pragmática, a escribir de forma más objetiva y a dejar lo subjetivo para otro tipo de momentos. Una parte de mí quedó atrás, sería tontería negarlo.

Lamentablemente, este blog me recuerda muy a menudo esa época e incluso a veces me entran ganas de borrarlo para siempre. Sin embargo, tras cinco años y casi medio me da mucha pena hacer como si nada hubiera ocurrido, además de que guardo momentos bonitos y comentarios que nunca quisiera perder.

Por ello, voy a intentar una vez más ponerme a escribir. Porque si un día decidí que quería traducir literatura es porque me gusta escribirla y noto que la vena narrativa me está muriendo, lo que me entristece muchísimo.
No sé cómo ni cuándo, quizá cuando consiga que mis musas vuelvan la mitad del blog ha desaparecido. Pero eso sí, el nombre que le puse a este blog con quince años sigue encantándome y creo que ese ya es un buen motivo para seguir adelante con el proyecto. Sea cual sea.

Ciento cuarenta y seis entradas después. Cinco años y medio. Bachillerato y grado. Desamor y amor. Lágrimas y sonrisas. Porque a veces lo bueno viene cuando menos te lo esperas.

Nos leemos.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Noche oscura

Noche oscura, tediosa y agobiante hasta decir basta. Una montaña que cada día cuesta más escalar y un montañero al que las ganas le van abandonando.
Ve que día a día la cima está más cercana, pero los últimos metros son los más escarpados. En su cabeza hay un murmullo incesante que implora un minuto de atención. Un minuto que, entre paso y paso, se abre camino y deja una pregunta en el aire: «¿Qué hará tras alcanzar la cumbre?».
Por eso las noches se vuelven una pesadilla que le impide descansar. Por eso los días se convierten en un tira y afloja entre la necesidad de llegar a lo más alto tras años de preparación y el miedo al futuro. Porque llegar hasta donde se encuentra no ha sido un camino de rosas y, sin embargo, es ahora cuando las espinas del rosal se empeñan en clavarse todas de golpe.
La desazón le llena el corazón y no sabe a qué puede dedicar su tiempo cuando haya alcanzado el objetivo de su vida. Porque, además, la vida de un montañero es dura por su soledad y es en estos momentos cuando más necesitaría tener a alguien que le ayudase a decidir, que estuviera con él para infundirle ánimos e impedir que a apenas unos metros quiera darse por vencido.
Sin embargo, como hasta ahora, las noches se vuelven interminables en el escaso espacio de su tienda de campaña, que se ha vuelto su cárcel y su confesionario. Allí le han asaltado, como si de lobos salvajes se tratara, sus miedos más primitivos y la única compañía de su conciencia no le ha permitido conciliar el sueño.
Entre el tedio se intenta abrir paso una luz, un cambio, pero la noche es negra como el tizón, negra como el infinito que se despliega ante sus ojos y le impide encontrar la calma.
En la falda, nadie espera, todos han continuado sus vidas.