lunes, 5 de octubre de 2015

Hoy es el principio del final

El título de esta entrada, además de una bonita canción de Amaral, creo que deja poco lugar a la imaginación: se le ha acabado la vida al blog. Esta es una decisión difícil que he querido ir dejando para mañana una y otra vez por la cantidad de recuerdos que me unen a las letras que por estos lares he plasmado en los años que lleva el proyecto en marcha.
Sin embargo, son esos mismos años los que han hecho que hoy tome esta decisión. La «niña» de 15 años que un día entró a Blogger y creó un pequeño sitio donde publicar los desvaríos que pululaban por su cabeza tiene poco que ver con la chica de casi 23 que hoy teclea estas palabras. Esa primera se escondía detrás de metáforas del miedo que le provocaban algunos sentimientos. Esta última no quiere borrar ese periodo de sí misma -sería inútil- y al mismo tiempo interpreta esos textos como un lastre que en un cajón de-sastre le impide seguir creando.
Así pues, he aquí la decisión intermediaria: mudarme a un nuevo espacio, Creando en azahar. Allí pretendo volver a darle rienda suelta a esa vena literaria que nunca ha dejado de latir por más ignorada que se haya sentido en ocasiones. Esperemos que con este cambio pueda llegar a buen puerto y que no haga aguas de sangre y letras.

Con esto doy por zanjada la etapa más larga de mi vida cibernética. Adiós, Palabra de azahar, echaré de menos las horas que he invertido en ti. Hola, Creando en azahar, ante ti se alza un gran reto que espero seas capaz de asumir.

Gracias a todos los que la habéis hecho posible con vuestras lecturas, comentarios y cariño.

lunes, 13 de julio de 2015

Valencia

Vuelve la historia a iluminar
A todos los bañados por el Mediterráneo.
Luce la ciudad con esplendor,
Ensalza las glorias de su pasado,
No queda nadie ante él impune.
Cada uno sigue su propio camino,
Ignorante de que al final todos
A Valencia llevan como destino.



P.D.: Cosas desenterradas del cajón de sastre.

sábado, 25 de enero de 2014

Carta a la fraternidad

Querida mía:

Siempre fuiste la pequeña, la que pasaba inadvertida y se quedaba en un segundo plano. Tú, tan esmirriada y morena, parecía que hubieras nacido sin fuerzas, sin voluntad para imponerte.
Sin embargo, tú y yo sabemos que sin ti yo estaría incompleta, que eras tú la que sin quererlo me hacías bella. Era yo a la que primero veían, no en vano mi palidez era equiparable a la de las jovencitas que querían disfrutar de nuestra compañía.
A tu favor diré que, si bien se fijaban antes en mí, era a ti a quien acudían cuando nos conocían mejor. Porque, aunque no siempre lo parezca, sé que juntas formamos el mejor equipo.
Tú, tan delicada, esa figura de ébano que en las noches más largas admiraba. Yo, con mi blancura de marfil que, no obstante, parecía invitar a que me vapulearan.
Aún así siempre me quedará un consuelo. Ambas, juntas, hemos pasado a los anales de la historia. Si no, dime:
¿Quién imagina un piano sin sus grandes blancas y sus elegantes negras?
Esto hoy va por ti, gran compositora y la mejor pareja que nunca pude imaginar.

Siempre tuya,
Blanca