jueves, 31 de diciembre de 2009

Libros 2009


Siguiendo la idea de [info]isi-05x3  que tiene en su LJ la meta de 60 libros en un año, voy a crear la lista de los que leo durante este año (desde 01-01-09 a 31-12-09), pero sin metas, sólo por ver cuantos leo. Espero que no te moleste Isi ^^
Últimamente me ha pegado el punto lector (creo que lo uso como refugio, porque el hecho de leer en los recreos creo que dice bastante...  también me relaja mucho)

Bueno, ésta es mi lista...

1- Los girasoles ciegos - Alberto Méndez
2- Canciones de amor en el Lolita's Club - Juan Marsé.
3- Crepúsculo - Stephenie Meyer
4- Luna Nueva - Stephenie Meyer
5- El árbol de la ciencia - Pío Baroja
6- Eclipse - Stephenie Meyer
7- Alas de fuego - Laura Gallego García
8- Campos de fresas - Jordi Sierra i Fabra
10- Cicle bis - David Duran
11- Marina - Carlos Ruiz Zafón
12- Una imatge no val més que mil paraules - Jesús Tusón
13- Las hijas de Tara - Laura Gallego García
14- Amanecer - Stephenie Meyer
15- Vicente y el misterio del escritor informal - Sara Sánchez Buendía
16- Le petit Nicolas et les copains - Sempé / Goscinny
17- La tierra herida - Miguel Delibes / Miguel Delibes de Castro
18- Harry Potter and the prisoner of Azkaban - J.K.Rowling (Versión original inglesa)
19- Diario - Ana Frank
20- El principe de la niebla - Carlos Ruiz Zafón
21- Una breve historia de casi todo - Bill Bryson
22- La sombra del viento - Carlos Ruiz Zafón
23- Momo - Michael Ende
24- Cuentos crudos - Ricardo Gómez
25- Tres metros sobre el cielo - Federico Moccia
26- Melocones helados - Espido Freire
26- Los hombres que no amaban a las mujeres - Stieg Larsson
27- La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina - Stieg Larsson
28- El principito - Antoine de Saint-Exupéry
29- Cartes d'hivern - Agustín Fernández Paz
30- La reina en el palacio de las corrientes de aire - Stieg Larsson
31- Cien años de soledad - Gabriel García Marquez
32- La verdad sobre el caso Savolta - Eduardo Mendoza
33- La plaça del diamant - Mercé Rodoreda

domingo, 27 de diciembre de 2009

Visita guiada

¡Bienvenidos señores y señoras! Hoy les vamos a ofrecer una visita única e irrepetible, que esperamos sea de su agrado. Para ello, les rogaremos apaguen sus móviles y presten atención con sus cinco sentidos, pues palabra que no escuchen, detalle que se pierden. Gracias y disculpen las molestias que este pequeño inciso pueda ocasionar en el desarrollo normal de la visita que ahora inician
Primero de todo, informarles del objetivo al que está destinada esta cita con cada uno de ustedes. Se trata de un viaje de observación minuciosa... al interior del alma que escribe en este blog que ahora mismo tienen delante suyo. Quizá nos tachen de locos, pero al no ser una novedad, pueden hacerlo sin temor a ser reprendidos. Quizá ahora mismo pulsen la pequeña cruz que cierra la ventana y decidan quedarse sin leer lo que ahora sigue, sin realizar la visita que les hemos prometido. Es su decisión, y no les vamos a recriminar si esta es su opción.
En el caso de que decidan continuar, síganme, vamos a comenzar con una pequeña reseña histórica que les sitúe.

Todo empezó hace diecisiete años, una niña regordeta, algo larguirucha y muy llorona llegó a este mundo tras ocho meses y medio de gestación en el vientre de su madre. No ofreceremos más detalles de este punto, dado que fue un parto sin complicaciones y no merece de su atención.
Sin que nadie se diera cuenta, la pequeña fue creciendo y enfrentándose a los obstáculos que le tenía reservado el mundo, y que poco a poco forjaron su débil espíritu, al mismo tiempo que creó una primera barrera hacia el exterior que hizo que muchos dejaran de verla con todos sus matices y tan sólo se centraran en el físico (con lo que rápidamente la desechaban). No fueron momentos fáciles y hubieron más llantos que otra cosa a lo largo de estos primeros años de existencia. Pero, de nuevo son unos recuerdos que procederon a saltar y que, tal vez tengan cabida en una visita futura (les avisaremos si se incluye en la programación).
De esta forma, y con muchas decepciones que acabaron adentrándola en el mundo de las letras, la niña fue creciendo y convirtiéndose en una adolescente insegura que se escondía tras un velo de simpleces y, en ocasiones, frialdad. Se acabó una etapa y comenzó otra que habría de revolucionar hasta los cimientos de esa niña que se había escondido detrás de demasiadas barreras, que de pronto comenzaron a temblar por la llegada de nuevos elementos a escena.

Comienza la visita al alma, y con ella los sentimientos y pensamientos, de aquella que les ha ofrecido textos y reflexiones varios en aproximadamente año y medio.
Entren por la puerta situada a la izquierda, está habilitada especialmente para la ocasión y creo que les permitirá obtener una panorámica más amplia de lo que ahora mismo les detallaremos. Sí, por aquí, síganme.
Como verán, la estancia se subdivide en muchos departamentos, de diverso tamaño e importancia, al mismo tiempo que de diversos colores, que nos van a ayudar a explicarles mejor la visita.
Observarán a primera vista este gran espacio de color azul cielo y que inspira tranquilidad (sí, los visitantes de más atrás lo verán de otro tono, no se preocupen, cambia con la perspectiva). Ésta es la sección dedicada a la familia, y que debe su color a que se trata de mantener la armonía con ella, aunque no siempre sea fácil. Miren si quieren en las paredes, podrán ver diversas fotografías tomadas a lo largo de la existencia de este departamento, el más antiguo e importante. La fotografía central es la más especial, y en la que está presente una persona que lamentablemente ya no se encuentra entre nosotros...
No, no es tiempo de lágrimas y sentimentalismos. Vamos a pasar a la siguiente estacia. Es de color indefinido con detalles de rojo sangre en algunos puntos. Es el departamento de la amistad, el color varía según el estado de ánimo y la sangre quedó ahí como huella de algunos ataques especialmente virulentos que no se olvidarán (y, por ello, quedará siempre ese testimonio). Sólo algunos elegidos pasan aquí parte de su tiempo, es una sección cada vez más protegida.
Van a ver ustedes ahora la zona más velada de cuantas aquí se encuentran. La parte negra. Aquí se recogen los miedos en general, y los secretos que nunca verán la luz en particular. Existe uno de estos temores que prevalece sobre el resto, el miedo a sentir libremente y sin coartarse, el miedo a salir del escondite y mostrar lo que ahora ustedes están visitando. Es una sección regida por la cobardía, y lamentablemente, tiene mucho poder sobre el conjunto del alma.
A través de esta última habitación habrá podido observar que se abría una puerta en un rincón, ¿no?. Por una vez y dada la exclusividad de esta reunión, pasaremos a esa estancia. Entornen los ojos, no deseamos que la luz les ciegue.
¡Ya! Pueden abrirlos lentamente hasta que se acostumbren a lo blanco de este departamento. Les desvelaremos el porqué del color elegido y el significado que tiene (al menos, uno de ellos). Ésta es una zona que cada vez tiene más peso en el conjunto, concretamente desde esa revolución citada en el contexto histórico. Es una sección a la cual que está creciendo día a día, absorbiendo terrenos antes baldíos o pertenecientes a otros departamentos. Y dada su importancia, vamos a ofrecerles una explicación más amplia de esta que del resto de los espacios visitados. Ésta es la parte dedicada al amor, y si es blanca y no roja como se podría imaginar en otros casos, es porque es puro e intenso a partes iguales, además de porque el color blanco tiene otras connotaciones que ahora mismo preferimos no detallar y que, como en el caso de la infancia, tal vez forme parte de otra visita (entrará en el calendario de citas breves). Aquí todo tiene un nombre, todo tiene un significado y la metáfora es la reina del lugar. Por el centro, bajen la vista, pueden ver que está trazado un camino irregular, es el recorrido a ciegas desde el momento en que esta estancia comenzó a ser más y más importante, y tiene segmentos dibujados entre lágrimas y otros entre sonrisas; éstos son sólo algunos de los sentimientos que el amor ha hecho rebrotar en un alma que se estaba enfriando cada vez más después de años de vejaciones.
Es probable que en breve esta última estancia sea más ampliamente detallada, pero la visita de hoy debe de concluir, y lo hará con una visita al pequeño reino de la locura. Entren por esa puerta circular, o triangular, o romboidal... vaya, ya ha vuelto a cambiar de forma. Verán que la psicodelia es la protagonista, y con ella y una gran sonrisa les agradecemos su visita y les dejamos hasta la próxima.
Rogamos dejen su firma en el libro de visitas, así podremos calcular con cuantas personas contamos para la siguiente ocasión.
Muchas gracias y una calurosa despedida desde lo más profundo del alma.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Reflexiones ebrias

Suena una canción, y nadie le presta atención. Es uno de esos éxitos de un verano anterior, tan resabido por todos que ya dejó de tener interés incluso por los fanáticos más acérrimos. Tan sólo es una insulsa melodía de estribillo pegadizo y letras facilonas. Ni tan siquiera los más jóvenes asistentes muestran interés por ella. Ya pasó su momento, lo mejor que se podría hacer para que le quede algo de dignidad es apagar la radio, o cambiar la sintonía a otra con algo más actual. Bueno, dignidad no es que le quede mucho cuando la intérprete que le daba su voz fue acusada de tantos hechos que acabó sus días en un callejón de mala muerte dándose a los vicios.
Tampoco hay nada que a simple vista llame la atención en el bar, uno de tantos tugurios de barrio, en el que la mayor celebración acontecida fue el momento en que uno de sus habituales cayó fulminado como consecuencia de los excesos que había vivido. Sí, ese hombre de tez cetrina y cabello lacio que ahora ya apenas visitaba los recuerdos de sus ebrios compañeros de juergas hasta el amanecer. Era un local pequeño, mal iluminado y peor ventilado, donde los efluvios que emanaban de los baños hacían que ni siquiera los más alcoholizados osaran acercarse.

Todo denotaba dejadez y, finalmente, incluso era cuanto menos repugnante ver las ratas hacerse reinas de las esquinas, aquellas que hasta las cucarachas habían despreciado.

Este era el ambiente cuando entré por primera vez, recuerdo mi primera impresión y como el olor putrefacto hizo que mis sentidos se enturbiaran. No sé el impulso que me hizo adentrarme en ese infierno terrenal, pero supongo que mi infierno personal era equivalente... así que, continué con la certeza de que allí nadie me buscaría.

- ¿Desea la señorita? -fue el saludo que recibí de parte de un tabernero oculto entre capas de suciedad. Al oír señorita, más de un parroquiano se giró a ver si la nombrada merecía la pena, en verme volvieron sus desfigurados rostros hacia las jarras de un líquido indescriptible.

- Sírvame cualquier cosa que me pueda dejar sin sentido.

El tono despreocupado de ese hombre cambió levemente: ¿Está usted segura?

- No me hable de usted, por favor... que no está el horno para bolloss. Y si se lo he dicho, como mínimo dígame lo que tiene.

- Como quieras, pero luego no me vayas a acusar de haberte emborrachado, que no serías la primera. Recuerdo como un día como hoy otra chica me pidió lo que tú, y aún estoy arrepentido de haberle hecho caso. -se ve que el hombre tenía ganas de hablar, no me extrañó por otra parte, los clientes no tenían aspecto de conversadores, es más, me dio la impresión de que uno apenas podía mantenerse en pie.

- Tranquilo, lo que menos tengo ganas es de jaleos. No es día para ello.

Mi interlocutor se sobresaltó: ¿Día? ¡Mierda! Se me había olvidado la fecha de hoy... en fin, tampoco creo que nadie me eche en falta.

- ¿Alma solitaria? Mira tú por donde, no esperaba encontrar otra hoy. Y sírveme, ¡anda!

El hombre me miró por última vez antes de dirigirse a buscar una bebida acorde a mis peticiones. Se detuvo delante de una -de la que no recuerdo ahora el nombre- y, negando con la cabeza, me terminó sirviendo un extraño combinado.

- ¿Se puede saber que lleva esto?

- Lo que has pedido, nada más.

Sin dudarlo, bebí el trago apurando hasta la última gota y, en ver que ningún efecto se producía sobre mi cuerpo, le demandé una segunda copa. La tomé como la primera, y en el intervalo hacia la tercera, le pregunté por la mujer que antes me había nombrado.

- ¿Ella? Parecía una muchacha desvalida, y acabó de tal manera, que me tocó llevarla al hospital. Cuando salió, me agradeció el haber sido capaz de cumplir sus deseos y no negarme a servirle algo como todos los demás habían hecho. En ese momento, sus hechizantes ojos negros me invadieron de un sentimiento nuevo el corazón y, no la pude dejar marchar. De eso hace seis años, y ahora están ella y dos pequeños esperándome en casa. Seguro que en estos momentos, ella no puede ni hacerse cargo de esos chiquillos que imaginamos iban a ser los mejores criados del mundo, en que mala hora le serví lo que me pidió. Ilusiones de juventud, al fin y al cabo; pues, aunque no lo creas, tengo 31 años, así que imagina la situación en la que estaba cuando la conocí.

- Pero hombre, está claro que es fácil decirlo, pero no te hundas. En lugar de eso, ¿sabes que haría en tu lugar? Mandaría a todos estos a sus casas -seguro que tienen a alguien esperándoles- y me iría yo también a buscar a esa familia. Cuida de los pequeños y de ella, y cuando esté mejor, hablad de lo que está pasando entre vosotros. No me creo que esté todo perdido.

- Pequeña infeliz, ¡qué ilusa eres!

- ¿Ilusa? No conoces mi vida, y ahora tampoco importa. Venga -dije alzando la voz- todo el mundo a sus casas.

Hubo un murmullo de indignación: ¿Y eso quién lo dice?

- Yo -contestó el tabernero. Y dirigiéndose a mí añadió: Muchacha, gracias por ayudarme, pensaba que ibas a ser la segunda parte de mi historia.

- Mi alma ya está perdida, al menos haré algo por la de los demás. Y... ¿Feliz Navidad?

- Supongo... Eres bienvenida siempre que quieras.

Me fui tambaleándome un poco buscando algún lugar donde pasar la noche. Y, por no faltar a mi palabra, volví un mes después. Volví y me sorprendí de que aquello era un bar, no el tugurio que había dejado.
¿El espíritu de la Navidad? No lo creo, más pronto una buena reflexión que también es hora de que la vaya haciendo... bueno, todos debemos de reflexionar en algún momento, y éste no creo que sea demasiado malo.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Lápiz y goma


Recuerda cuando no eras más que un inexperto frente al mundo, y no te dejaban dar los pasos con seguridad. Recuerda cuando siempre tenías a alguien a tu lado, que te recogía cuando te caías, que te curaba todas tus heridas.
Piensa en todos esos momentos que pasaste solo o en compañía, todos esos donde no tenías consciencia de la realidad y te equivocabas a cada momento... y no importaba.
Eran esos momentos en los que todo lo que necesitabas para ser feliz era un lápiz, una goma y una hoja de papel. Te podías hartar de hacer garabatos, si te salían mal, los borrabas y volvías a empezar. Cuando empezaste a escribir, también tenías una goma en compañía del lápiz, porque muchas veces no te salía bien la letra, o cometías alguna falta de ortografía, o sumabas mal. Eran momentos felices, donde nada era indeleble y todo tenía la solución.
Y ahora... ahora todo lo que escribes ya no se puede borrar, quedará marca de ello para siempre por mucho que quieras poner un tachón sobre el error y continuar. Porque la vida, cuando creces, está escrita a bolígrafo, y la tinta es permanente. Pesa en la memoria, y escribe cosas de las que no tienes derecho a arrepentirte. Son momentos duros, pues no se te permite equivocarte, sólo tienes un camino, hacia delante... y si te desvías, no puedes volver atrás.
En tu mesa ya no hay gomas, ya no hay lápices. Sólo se amontonan bolígrafos de diversos colores y grosores, que son los que te llevarán al éxito o al fracaso, y no se te permite dudar en la elección del adecuado... pues aún cuando se termine la tinta, deberás continuar con tu caligrafía, la vida no se detiene, y no se borra.
No, estos no son tiempos de borrar los errores.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Tazas de té


Recuerdo como si fuera ayer ese día en que, paseando sin rumbo, acabé en una calle que no conocía. Allí, como por arte de magia, hubo una tienda que me llamó especialmente la atención... desprendía un aroma súmamente atractivo. Haciendo caso por una vez a mis instintos en lugar de a la razón que siempre pone contras a todas mis intenciones, entré sin pensarlo dos veces.
Era un local muy íntimo, apenas unos pocos metros cuadrados de atmósfera densa y vapores penetrantes. Se lo podría clasificar incluso como lúgubre, la iluminación era muy escasa. Pero, en lugar de darme media vuelta y desandar mi camino, me adentré todavía más.
Como en un película de suspense, la puerta se cerró a mi paso, sobresaltándome.
- Pasa sin miedo, te estaba esperando -dijo una voz entrecortada.
Mi sorpresa fue mayúscula y respondí con miedo:
- ¿A mí? ¿No se habra confundido de persona? Nunca he venido antes aquí.
- Ni volverás -me contestó, a lo cual mis ojos se abrieron como platos de puro terror.
- ¿Qué me va a hacer? Por favor, quisiera seguir con vida -supliqué.
Nuevamente me sorprendí, en lugar de contestar como a esa pregunta se correspondía, se echó a reír y me explicó:
- Tranquila, que no te voy a hacer nada. Sencillamente te he dicho eso porque esta calle sólo aparece cuando realmente la persona está muy confusa, y tú lo estás, ¿me equivocó?
Suspirando de alivio, y con las pulsaciones volviendo a un ritmo normal, dije:
- ¡Uff! Gracias, no sabe el mal momento que acabo de pasar. Y sí, no se equivoca... ¿Cómo lo ha sabido?
- Túteame, por favor -me dijo con una sonrisa-. Todo está escrito, mira delante de ti, en la taza de té.
Observé la taza, y me gustó el detalle de que la sombra reflejaba un corazón, pero soy demasiado escéptica a todas estas metodologías:
- No me vayas a decir que te lo han dicho los posos, no me lo creo.
- Muchacha, eres demasiado incrédula, deberías de confiar más en tu entorno, hay detalles que están escapando a tu visión. Y no, no es en los posos, lo he sabido en la posición de esa sombra por la cual has sonreído.
- ¿¡Cómo!?
- Sí, la imagen refleja que tus problemas son de índole amorosa...
- ... Sí, pero es que no puedo hacer nada -confesé con un hilo de voz.
- ¿Tan segura estás de ello?
- Sí -me reafirmé, pese a lo embarazoso de la situación.
- Mira de nuevo, acércate a la raíz de tus miedos.
Adelanté un paso y miré de nuevo la taza con más precisión. De pronto, toda esta visión se tornó borrosa y, al poco, toda la imagen cambió.
Estaba sobre mi escritorio, me había dormido... Pero, allí estaba mi taza de te, mostrando una sombra con forma de corazón allá donde asa y cuerpo se unen formando uno.
¡Qué sueño más curioso!
Una voz susurró en mi mente: ¿Estás segura de qué ha sido un sueño?

lunes, 7 de diciembre de 2009

Instantes


El reloj pronto volverá a marcar el paso del tiempo, ese tiempo que se va y nunca volverá, ése que nos hace vivir -o morir en vida-. Las manecillas avanzan sin detenerse, sin importarles si estás o no preparado para seguir, sin preguntarte si necesitas parar a tomar un respiro, no, nunca se preocupan por ti.
Y, te quedarás ausente, inconexo a la realidad si decides descansar, porque el reloj no estará a tu lado para marcarte el paso de ese tiempo que continuará sin fin, sin fin y sin ti.
Así que agárrate fuerte a cada minuto, a cada segundo, porque es lo único que queda al final. Y, vívelos, porque luego no volverán y te arrepentirás de haber dejado pasar las oportunidades de tu vida, esos instantes que podrían haber cambiado tantas cosas, que dejas pasar por miedo o mil otras razones y que luego te remuerde la conciencia haberlos dejado pasar.
Ves también como sin apenas darte cuenta ya no eres aquel niño que no hace mucho jugaba sin parar, sin importarle nada más que su propia diversión, y las pataletas del cual se iban tal cual venían. No, ahora eres una persona adulta o casi adulta, que se ha de enfrentar a la realidad le guste o no; y en esa realidad viene implícito luchar por vivir cada momento, y no dejar que el tiempo pase más rápido de lo que ya lo hace, pues si no, te encontrarás un día en el final de tu vida, y sin haber vivido.

Y, reloj, amigo traicionero, aún no ha llegado el día en que seas mi rey absoluto.

[etc]

domingo, 29 de noviembre de 2009

Rosas para siempre.

Aún recuerdo nuestros eternos paseos por las calles de París. Tú, ese que me traía rosas rojas a cada uno de los encuentros.
Esas rosas que tenían que ser muestras de amor, y a las cuales acompañabas de mil palabras hermosas, como un manantial de poesía que jamás creí fueras capaz de interrumpir. Vienen a mi memoria esas imágenes en las que te veía cruzar la calle antes de llamar al portal, y siempre portabas en tu mano esas rosas rojas.
Creo que lo nuestro no fue un amor mutuo, sino que las rosas eran las que nos unían. Rojas como esa pasión que sentía cuando te mantenía en mi memoria, rojas como las heridas que me dejaste al marchar. Pero, ahora veo que en mis recuerdos no eras tú el protagonista, eran las rosas. Tú sólo eras el portador de esas flores de las cuales me había enamorado.
Y pasábamos tardes enteras por la villa, uno al lado del otro sin que entre nosotros mediara más que el aroma de esos pequeños seres vivos que habían cortado del rosal y cuyas espinas de nada les habían servido para defenderse. Esa fragancia que cautivaba nuestros sentidos y nos hacía creer en una fantasía que ahora percibo que era falsa.

Te presentaste a mediados de febrero en mi casa, y me dijiste que al ver esas flores te habías dado cuenta de que sentías algo por mí. No mientas, sólo fue una excusa para compartir más momentos con las rosas. Yo era el motivo para que pudieses comprarlas sin que nadie te acusara de nada extraño: "¿Son para su novia?... Sí, claro", como si lo oyera.
Y no te culpo, yo creí que me habías cautivado con ese detalle, pero no fuiste tú, no. Ese aroma que estaba impregnado en ti fue el que hizo que mis sentidos anhelaran tu fragancia.
París, la ciudad del amor... Pero no un amor convencional.
Pasaron meses y a cada cita venías con al menos una rosa entre tus manos. Siempre roja, siempre comprada en el mismo puesto. Las mejores de la ciudad, nunca lo dudaré.
Y tras mucho tiempo, un día me viniste a recoger con las manos vacías. Era día festivo y la floristería no estaba abierta. Ese día me di cuenta de que mi corazón estaba tan ausente como el causante de nuestra pasión... y vi como por tus ojos pasó la sombra del asombro. Ambos nos dimos cuenta de que no sentíamos nada el uno por el otro.
Nos dimos un beso, como cada vez. Pero supimos que estaba ajeno de pasión sin esa fragancia.
No volviste al día siguiente, no te llamé. Supe que te había perdido para siempre. Supiste que lo nuestro era ficticio. Supimos que el castillo que habíamos construído en el aire no tenía buenos cimientos y se había derrumbado.

Después de unos pocos días, quise comprobar si por una vez mis sentidos no me habían fallado. Me acerqué a esa tienda motivo ahora de nuestra desgracia y... allí te vi. Comprabas dos docenas de rosas ante la mirada perspicaz del tendero, que conocía el poder que esas brujas vestidas de escarlata, esas sirenas parisinas, habían ejercido sobre ti. Te vi salir.
Lloré, lloré hasta quedarme sin lágrimas, y luego comprobé que había cogido el bolso antes de salir de casa. Sí, tenía unas pocas monedas. Bastarían.
Y me decidí a acabar de una vez con todas con esta gran mentira. Crucé el umbral de la floristería y le dije a quien me atendió que me vendiera todas las rosas rojas que alcanzara con mis monedas. Me miró con cara de curiosidad y procedió a cumplir mi encargo. Fueron cuatro, como los jinetes del apocalipsis.
Esa tarde, mis pasos me llevaron a orillas del Sena, que se mostraba más turbio de lo habitual por las nubes que amenazaban tormenta y se cernían sobre mí. Separé las espinas de dos de las rosas y, una a una, me las tragué. Comenzó a descargar la lluvia, acompañada de truenos y relámpagos. Saqué del bolso un pequeña pequeña pistola -herencia de mi padre- y la cargué con otra de las rosas sobrantes. Apunté a mi sien, que chorreaba por el aguacero que caía, y sin pensarlo más, disparé.

Mi sangré pronto llegó a teñir las aguas del río, de rojo, como la rosa que había quedado intacta y que habría de permanecer a mi lado para toda la eternidad. Porque había sido, era y sería mi único amor.

viernes, 27 de noviembre de 2009

No confíes en mis palabras

Siempre he dicho que soy una persona sincera -aunque más de uno me haya acusado de lo contrario-, y ahora me doy cuenta de que es totalmente falso. Miento y he mentido (¿Quién sabe si seguiré mintiendo?)
Miento cuando digo que estoy bien, no sé a quien pretendo engañar... hace mucho que no lo llevo bien, muchos años; aunque nunca como ahora. Y me harto de decir siempre lo mismo y ser una hipócrita con el mundo...
Miento también cuando río, pues no hago más que seguir el antiguo proverbio: "Ríe cuando quieras llorar". Y creo que nadie se ha dado cuenta de que mis risas son falsas, mis verdaderas risas no son así, de hecho, son muy escasas y hace tiempo que no las experimento. Supongo que es un intento inconsciente de hacer ver que estoy viva, pero sigue sin ser la verdad...
Miento además cuando finjo que algo no me importa, y escondo detalles que había notado pero me da vergüenza confesar que los había sentido. Desde pequeña he sido muy observadora y esta memoria que tanto odio me hace fijarme en detalles que muchos considerarían insignificantes... y que ya nunca desaparecerán de mi memoria, por muchos años que pasen.
Miento cuando digo que no me molestan algunas cosas, claro que lo hacen... por el momento no soy un trozo de madera sin sentimientos (aunque lo desee cada vez con más firmeza... porque, ¿para qué me sirve sentir? Sólo me causa una pena tras otra)
Miento cuando digo que no recuerdo mi infancia, y esta es la última mentira que he descubierto. El problema es que la recuerdo con demasiada nitidez... pero esto es sólo cosa mía.
Miento cuando hablo, me miento cuando pienso, sólo no miento en dos ocasiones... cuando escucho y cuando siento. Pero te mentiré cuando me preguntes por ello.
Y realmente detesto tanta mentira, pero pienso que es mejor que no me conozcáis... más de uno se llevaría una sorpresa (no sé si para bien o para mal)
En fin, ya sabéis a quien tenéis delante vuestro... Ya sabéis que detrás de esa chica -o niña que se niega a crecer, atrapada en el pasado- tenéis a una gran hipócrita. Le pese a quien le pese, es una de las únicaas verdades que diré abiertamente...
Así que no confíes en mis palabras, tan sólo en mis silencios... son los únicos que no te engañarán.

martes, 24 de noviembre de 2009

La palabra de azahar


Me dejé llevar por mis sentidos, era algo irracional... pero por una vez dejaría liberarse al alma y no la sometería al juicio de la razón. Sí, me embriagaba ese aroma, tan cautivador, atractivo, seductor... que suponía el éxtasis de mis pasiones y emociones, aúnados en algo desconocido.
¿No lo notas aún? Quisiera compartir contigo esa quintaesencia que me ha sido confiada, pues me has demostrado merecer que te sea revelado este pequeño secreto. Ha de quedar entre tú y yo, es demasiado importante para hacerse público.
Y me lancé a correr como nunca antes lo había hecho, desesperada, temiendo no llegar a mi destino, que ese poder que me impulsaba agotara su energía antes de que llegara a alcanzarlo y así poder deleitarme en su plenitud.
¿De veras que no lo notas? Se me hace difícil pensar como ahora que te estoy susurrando su fórmula al oído aún no puedas percibir este elemento que se hace superior a todos cuantos hayas conocido. No, no me vayas a decepcionar por no sentirlo. Recuerdo con nitidez como llegó a mí, y sé que nunca me había visto sorprendida por nada con esa intensidad.
No pude menos que seguir esa espiral que me habría de llevar al paraíso terrenal. Con sólo percibirla ya había conocido la que habría de ser la piedra angular de mi existencia, esa que estaría allí para darme fuerzas cuando lo necesitara, con su efímera existencia me prometía la eternidad... que paradoja, ¿no?
Por favor, dime que no me he equivocado contigo. No hace falta que lo grites a los cuatro vientos, es más, acércate y cuéntame lo que has sentido... Sí, eso que te ha hecho resurgir la vitalidad es nuestra alianza.
La llegada fue más inhóspita de lo deseado, pero nunca olvidaré ese momento en que fusioné mi alma contigo, creando así una síntesis que estoy segura durará muchos años. Dándote mis palabras y mis sentimientos. Creando ambos dos...  
La palabra de azahar.
 Ahora ya sabes mi secreto. Cuídalo, su valor es inestimable, te llevas mi corazón.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Silencio

Silencio, tú que hablas más que las palabras, dime qué ha pasado. Dónde he estado mientras todo ha cambiado, quién se ha encargado de tergiversarlo todo, cómo lo has hecho para que el tiempo siguiera su curso sin que me diera cuenta.
Silencio, tú que me sigues allí donde voy, cuéntame todo lo sucedido en mi ausencia. Por qué he estado ensimismada en otro mundo mientras todo avanzaba a mi alrededor. Cómo los más niños han dejado de serlo mientras yo me quedaba en el lugar de partida.
Dime cómo has permitido que me pasara eso, que de pronto vuelvo a la realidad y no encuentro mi lugar, que no reconozco a nada ni a nadie de todos aquellos que un día estuvieron a mi lado.
Por favor, explícame qué has hecho para que no supiera ver al frente, para que tan sólo viera un reducido espacio a mi alrededor... y dime después por qué de pronto me busco y no sé donde estoy.
Porque con tu compañía perpetua he logrado forjar una armadura inquebrantable, porque junto a ti, silencio, he crecido y me he ido alejando progresivamente de la realidad. Porque olvidé el significado de las palabras, porque de mi mente desapareció el concepto de conversación coherente.
Y, silencio, te pido por favor que me dejes libertad y darme cuenta de cómo es mi entorno, de lo que ha cambiado desde que me fui. Permíteme dejar de ser esa niña que se siente pequeña, déjame sentir y no en silencio.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Ya nada.


Sonaba de fondo esa canción, maldita sea, no había otra para estos momentos, justo ahora suenan esas palabras que tantas veces se han repetido en mi mente: "Vuelve a sonreír, a recordar París, a ser mi angustia..."
Y las lágrimas se deslizan suavemente por las mejillas, los recuerdos se amontonan e impiden ver con claridad al frente. Sé que de continuar así, me sumergiré en una espiral de locura en el abismo de la cual ya me encuentro.
Menuda cancioncita la que está sonando. Mil veces cantada y tarareada entre recuerdos, ahora se ha convertido en un arma que hiere sin piedad el corazón que ya harto de todo pide un final que a veces me gustaría darle, nada importa si no se pueden cumplir los sueños.
He viajado a París en noches inacabables, veladas infinitas donde aparecíamos tú y yo bajo ese portal, ese al queme habías traído rosas rojas que imaginaron mis sentidos reflejarían para siempre un amor del que ahora me doy cuenta sólo lo he sentido yo.
Mil palabras, millones incluso han surgido como ríos para describir todo aquello que no eran más que castillos en el aire.
Fueron sus palabras las que me despertaron de esta fantasía, me bajaron de la luna de un brusco tirón y me dejaron herida de muerte sin que ella percibiera lo dolorosa que fue para mí esa sencilla declaración. Mas me provoca más sufrimiento el hecho de que en ese instante observé que a esa conclusión había llegado ya mucho tiempo atrás, y que sencillamente mis ojos se negaban a verla porque rechazaba la idea de haber tirado tantos meses a la basura, y además necesitaba esa ilusión para seguir con el día a día.
Las evidencias no dejan lugar a las dudas, por duras que sean...
Nada se puede ya hacer, no quiero imaginar un futuro porque nunca he estado preparada para seguir adelante, no hay nada que ahora mismo me haga tener ganas de continuar mi camino.
Y así, sin ningún sueño por delante, me encuentro muerta en vida... O tal vez estaba haciendo un símil de vivir y ya había muerto. Me gusta la segunda opción.





[Lo iba a incluir como "Relatos a la pluma", pero es demasiado malo]

viernes, 13 de noviembre de 2009

El fruto prohibido


Sólo un bocado del fruto prohibido. El deseo hecho realidad. Sus labios apenas rozaron el dulce fruto que estaba frente a ella, tan sólo un leve mordisquito y todas sus fantasías se hicieron realidad. Un atisbo de luz que poco a poco fue convirtiéndose en un poderoso punto luminoso que mostraba el éxtasis que en su interior se estaba produciendo.
Sus más íntimos placeres despertaron todos a una, mostrándole el paráiso terrenal, todo un nuevo mundo desconocido para entonces en su inocencia.
De un arrebato, alejo la manzana de su boca, y en su lugar, besó con pasión a quien se la había dado. Todos los sentimientos tanto tiempo escondidos brotaron tal manantial en la montaña. Sus labios fusionaron sus cuerpos en uno sólo, sus manos se entrelazaron en unas caricias imposibles.
Por fin habían superado las barreras que les impedían unirse, el fruto de un amor imposible que habían alejado de la realidad. Estaban cuerpo con cuerpo, juntos después de tanto tiempo.
Decir que aquello fue un beso sería poco fiel a lo sucedido, eso fue EL beso. Sabían que nunca lo podrían volver a repetir con aquella intensidad, que el primer beso nunca se olvida y no se puede copiar, tan sólo imitar.
De pronto, toda la espera se desvaneció y la joven rompió a llorar. Toda la presión había desaparecido y su más esperado sueño se había cumplido.
Aquella noche cerró los ojos, pensó en lo ocurrido y creyó que había sido un sueño. Pero la manzana continuaba a su lado, como prueba irrefutable de los momentos vividos pocas horas antes.
Porque fue su primer beso, porque el fruto castigado por la religión había encendido su deseo. Porque le amaba con todo su espíritu.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Escúcha(me) por favor



Con el ritmo de un metrónomo acuciando, con suavidad entre tono y tono, cambiando de compases al son de la música... llegaste a mi corazón y me interpretaste la más bella melodia que jamás se ha escrito.
Una sinfonía de sentimientos, con graves y agudos, buenos y malos momentos; que juntos formarán una obra nunca representada, inédita a los ojos del mundo.
¡Silencio!
Dejemos que nuestros espíritus vayan al compás de esta melodía, tan suavemente y con tanta delicadeza, que el frágil equilibrio no se rompa. Que nunca acabe este momento, que nunca hayamos de separarnos.
Se cambia de tempo, ahora se me asemeja al andante, más aún, allegro. Los latidos que siento van al mismo ritmo, y son cada vez más intensos.
Sinceramente, ¿por qué no nos dejamos llevar en esta danza?
Deja de tocarlo, pero no te alejes... necesito ver ese brillo en tus ojos, la música que has traído a mi alma, y que forma la más hermosa sintonía de notas.
¡Silencio!
No interpretes ese final, esto es sólo el principio... Acércate, oye el nuevo concierto, escucha a mi corazón.
O, mejor aún, da capo

domingo, 8 de noviembre de 2009

¿Qué es la libertad?

Una vez fui libre. Aunque no sé si exactamente aquello era libertad.
Recuerdo de aquellos tiempos que no estaba atada a nada ni a nadie, que iba y venía sin que nadie notara mi presencia, ni aún menos mi ausencia. Eran otros tiempos, de una triste libertad que me encerraba en el infierno de la soledad.
Y viene a mi memoria el momento en que dejé de ser libre, no lo lamento, fue el mejor momento de mi vida. Sin duda. Nunca hubiera esperado encontrarme de este modo, y no echar de menos la libertad.
Aunque también, era deprimente ese estado anterior, sin ningún sueño que perseguir, sin nada que me hiciera sonreir más que de una forma falsa por guardar las apariencias...
¡Apariencias! Siempre lo mismo, incluso ahora... porque intento demostrar que soy libre cuando realmente estoy presa. Reclusa en los sentimientos, pues he perdido las alas que me dejaban volar sin rumbo al encontrar un motivo por el que luchar, alguien por quien sonreir, y a quien sonreir con ilusión, con ganas.
Sí, declaro que he perdido la libertad. No soy libre porque he pasado a depender de la existencia de quien me hace feliz con sus palabras, cuando se acerca, cuando pienso en él. Y entonces no me importa no poder huir, porque ni puedo... ni quiero.
Quizá tal vez no sea que he perdido la libertad, no. Es posible que por fin sea libre y pueda dar rienda suelta a mis sentimientos... antes desconocidos.
Sea esto o no libertad, nada importa si puedo vivir en ese globo sin que se pinche y me dé de bruces contra el suelo. Y viviré, vivirá... viviremos.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Nueva batalla

Se vio acorralada por cientos de rostros carentes de expresividad. En sus manos cuchillos, dagas y armas blancas de diverso tamaño, con seguridad todas mortales en el más que probable enfrentamiento. Se mira sus propias manos, vacías... sólo con demasiados arañazos hechos en momentos de extrema tensión. Sabe que no tiene nada que hacer contra sus enemigos, les ha dado ya muchas veces la espalda, pero el momento ha llegado y debe batallar con todos esos que tiene al frente.
No saldrá viva, lo sabe. Pero al menos podrá gritar de una vez por todas lo que cada uno de sus adversarios provoca en su corazón, pues ha callado demasiado tiempo.
Se acerca un pequeño grupo a su posición, sus rostros son los más amenazadores e intuye que nunca más dibujarán una sonrisa en su presencia. Les mira a los ojos, se sorprende en encontrar desconcierto bajo un manto de odio exacerbado. Nunca pensó en encontrar sentimientos tan oscuros en unos corazones antaño puros. De pronto, como si accionados por un resorte, comienzan a hablar atropelladamente. Los dos bandos se sorprenden atacándose verbalmente... pero, la solitaria joven al menos puede ya decirles el dolor que han causado en ella sus desconfianzas y, ante todo, su traición inesperada. No contentos con todo, continúan acusándola de hechos que sabe no haber hecho. Su corazón se encoge ante la nube de acusaciones y estalla la violencia en forma de bofetones, contestados y ayudados de más formas de violencia física.
Tras una breve pero ardua batalla, se retiran a un lado con los ojos encendidos en el fuego de la rabia. La pequeña contrincante se siente menuda y hundida, pero no es momento de amilanarse y huir de su destino.
En este momento, se acerca la única persona que desearía se mantuviera alejada en esos momentos de debilidad. Sabe que su espíritu no es inmune, y que su corazón late con violencia en aproximarse. El joven se detiene y con sus brillantes ojos negros le muestra una interrogación que ansía ser respondida. La chica no puede más, y entre mil sollozos, le confiesa por vez primera en voz alta todos los sentimientos que provoca él en ella. Él la mira con rostro confundido y, sin mediar palabra, se aleja de allí. Es ahora cuando ella reacciona y sale corriendo tras esa persona que tanto ama... y no lo alcanza, es más rápido y ha contado con el factor sorpresa.
De nuevo mira a su alrededor y se encuentra con jadeos, abucheos y risas contenidas de sus primeros rivales. Le duelen como si las dagas que en sus manos se sitúan hubieran penetrado en su corazón y lo hubieran hecho pedazos. Se mira al pecho y descubre que así es... al menos ya no hace falta luchar.
Pero, no todo está acabado, entre las sombras y el dolor, se abren paso un núcleo de personas, de reducido tamaño. Actúan con frivolidad ante el entorno hostil, pero al llegar a la joven, muestran toda su calidez y la arropan entre sus brazos. De pronto comprende que no todo está perdido, que en este rencoroso mundo aún hay lugar para el sentimiento más bonito que se pueda encontrar... la amistad. Porque esas personas que han acudido en su auxilio son aquellas que puede considerar amigos y, de esta forma, nunca podrá agradecer lo que han hecho por ella en este difícil momento.
Probará mil años de decirles gracias, pero sabe que ni con eso habrá saldado su deuda. Nunca sabrá como expresarles lo que valora su amistad.

Y, movida por un espíritu de angustia, de silencios atrapados, se aleja brevemente y grita con todas su fuerzas: ¡¡¡AÚN ESTOY AQUÍ!!!

domingo, 18 de octubre de 2009

El tiempo pasa (en balde)

Si tan sólo pudiera escribir estas frases sin hacer trizas mi corazón en cada una de ellas, ya me daría por satisfecha. Porque no es dolor lo que siento, sino lo siguiente... (Una sensación de mil puñales al rojo vivo que juegan con mi corazón a ver cual lo daña más).
Me he dado cuenta con el paso de estos ya 7 años, que no he podido ni querido crecer, ese día dejé de ser una niña, pero desde entonces no he cambiado en lo más mínimo.
Los miedos que pesaron sobre mí el ya lejano y al mismo tiempo cercano 18 de octubre de 2002, no se van... en todo caso, al darme cuenta de como es realmente la vida, han crecido conmigo.
Y, ¡basta de hablar de mí! No es por mí por quien siento todo este conflicto de emociones que tanto me lastima... Es por aquella persona que ha sido la que más me ha marcado en toda mi existencia: mi yayo.
No puedo soportar no tenerlo a mi lado, aún hoy, tantos años después, sueño con que al levantarme una mañana, descubriré que soy aquella niña de casi 10 años y que todo lo pasado sólo ha sido una noche muy larga de la cual habré despertado con una sonrisa.
Pero soy consciente de que los sueños, sueños son y que nadie le reemplazará. Que ese espacio de mi corazón quedará inánime para siempre... que nunca podré querer a nadie con todo el corazón, porque siempre tendré un lugar muy especial reservado para él, para quien me enseñó lo que vale la vida y los motivos por los que luchar por ella.
Me duele sobremanera cuando trato de recordar su voz y no lo consigo, la olvidé hace ya mucho tiempo... las lágrimas brotan y no pienso frenarlas por una vez en muchos años. Veo su eterna sonrisa en fotos que evocan mil momentos, y no soy capaz de pensar en otra cosa... ojalá estuviera hoy aquí conmigo para así poder crecer a su lado.
Porque una parte de mí murió aquel día, y no volverá. Por muchos años que pasen, no volverá.

[No sigo, no puedo]

miércoles, 7 de octubre de 2009

Otro día más, otro día menos.

Pasan los días y de pronto nos damos cuenta de que el reloj con el que contamos en tiempo vivido cada vez muestra un número mayor y así también, que la cifra parece crecer más rápido a cada vez.
Te levantas y miras las horas que llevas gastadas, y... en un suspiro, te encuentras con que ese día llega a su fin y apenas has disfrutado de otro día de la que es y será tu efímera existencia.
Y es cuando te paras a reflexionar en el paso del tiempo cuando te das cuenta de lo absurdos que son algunos comportamientos y de las tonterías que cometemos día a día.
Malgastamos el tiempo con personas que no lo merecen, pasas las horas haciendo cosas que no tienen ninguna aplicación práctica. Está claro que no vamos a convertirnos en unos seres monótonos, que hay que vivir... pero, hay que aprender a vivir.
Saber mirar atrás y a tu lado, ver que los sueños, sueños son y darse cuenta que no vale la pena dejar que pasen las horas de tu vida en algo que no va a llevarte a ningún lado.
Miras otra vez el reloj y te sorprendes que en el transcurso de esta reflexión se te ha ido otro instante, otro momento de tu existencia que no volverá.
Y, no vale la pena ahorrar para el futuro, sino aprovechar cada momento... el célebre carpe díem tan utilizado en literatura. De pronto, te das cuenta de las realidades que se hallan ocultas entre las palabras de tantos autores y que habían resbalado ante ti durante tanto tiempo, ese tiempo que no volverá.
Comprendes de pronto que si te sumerges en una espiral, habrá un momento en que tendrás que salir de ella, y mejor así si lo descubres antes de abocarte a ella y que no haya remedio posible.
Me he dado cuenta demasiadas veces a lo largo de mi -corta- vida que a las personas nos atraen las causas perdidas y que, sin embargo, huimos del camino despejado que se presenta al frente. Y, pese a la atracción, no pienso dejar que más tiempo -tan necesario en otras actividades- se pierda en un deseo onírico que no se cumplirá.
El tiempo es oro, y el oro muy valioso. Además, con ese oro puedes adquirir momentos que sean más gratos que los que dejas atrás...
Mira hacia delante, y disfruta del presente. Una vez lo estás haciendo, ya forma parte de un pasado que no volverá y el futuro será un presente que te permitirá vivir nuevas experiencias.


PD: Esto es parte de lo que hace evocar a Momo

jueves, 1 de octubre de 2009

Social net

Por una vez y que no sirva de costumbre, voy a escribir la entrada de otra forma.
Intentaré ser más objetiva en las descripciones y dejar menos mis emociones al descubierto (No prometo conseguirlo). Aunque, quizá sea un poco diario...
Bueno, resumiendo, tomo mi propia voz.
En este último año, o a mí me lo parece así, el auge de redes sociales como el tuenti ha sido espectacular. ¿Motivos? Seguro que encontramos cientos de ellos, desde el probar una función nueva en Internet, fardar con los conocidos -la palabra amigos está siendo demasiado frivolizada-, o enterarte de encuentros entre compañeros; por citar algunos ejemplos.
Pero, a raíz de ello, es posible encontrar a personas que creías desaparecidas. De pronto, tienen el susodicho tuenti (no me pagan por hacerles publicidad, es por citar la red que más utilizo). Y, en ese momento es cuando percibes el paso de los años. Personas que recordabas como niños en lagunas difusas de la memoria, vuelven a tu paso como adolescentes plenamente formados a los que reconoces buscando la etiqueta que cae sobre dicha persona.
Para que luego diga mi profesor de Filosofía que las personas no se pueden etiquetar. Usa tuenti, amigo.
Bueno, retomemos este hecho. Sorprendentemente, todo el mundo se une de nuevo y forma la red. Nadie es lo que parece y nada guarda las apariencias de antaño.
Eso por citar algún uso curioso de los perfiles en "Amigos de amigos". ¿Son estos mis amigos? No, tan sólo conocidos que vuelven a tu vida como completos desconocidos de los que habías olvidado hasta el color de los ojos.
A veces te llevas gratas sorpresas, otras algún disgusto...
Hay personas que encuentran el valor perdido en forma de mensaje privado, otras intentan proposiciones decentes, o indecentes también.
Está claro, hablo de la gente adscrita a esta extraña secta -cada día somos más- en el que las mentiras están a la orden del día y se entra como en los grupos más extremos: Un miembro te envía una invitación, porque le has caído bien, porque...
¿Quién sabe? ¿A dónde iremos a parar con esta nueva forma de ver el mundo?
También destacar la función social que a veces -las menores- desempeña. Difundir hechos escabrosos que se emborronan junto con mil tonterías; hablar con alguien que vas a conocer el breve, lo que ha llevado a resultados gratos y no tan gratos.
Red social, cada vez más adscritos, cada vez más hilos para agrandar el ovillo... ¿Falta alguno? Probablemente. Quizá sea el más inteligente al apartarse de estas artimañas.
Para mí, es tarde. Caí en sus garras.

martes, 29 de septiembre de 2009

No huyas, traidora

¡Oh, no! ¡Tú no te vas de aquí! Por mucho que te resistas con uñas y dientes no voy a dejar que huyas como una cobarde con el rabo entre las piernas.
Me ha costado encontrarte y no te voy a dejar escapar con tanta facilidad, sería demasiado cómodo para ti. Llevo mucho tiempo tratando de tenerte cerca de mí, para que me contagies y me irradies toda tu esencia, pero quieres escurrirte como agua entre los dedos.
Te he buscado hasta en el más recóndito de los escondites, donde nunca hubiera pensado y ni aún así te mostrabas ante mí. ¿Cuál es el problema? ¿Por qué me huyes?
Tan sólo quiero estar a tu lado, porque si no estás, mi vida pierde su razón de ser y no estoy dispuesta a pasar por ese trance más de lo necesario.
Te he suplicado que volvieras a mi vera, y ni aún con mil ruegos lo has hecho, dejándome absorta en pensamientos deshilachados que no encontraban hilo que los uniera y me hacían hundirme en una espiral sin final conocido.
Y hoy, he sabido de ti gracias al sexto sentido que nunca conociste, a ese que te oculté pensando en lo que tal vez harías y, efectivamente, has hecho. Hoy he recordado que no había usado todas las fuentes que estaban a mi alcance para encontrarte y, de pronto, te he visto en el lugar de siempre, oculta tras una capa de invisibilidad que ha dejado de ser efectiva cuando he dado con tu paradero.
Que no, que no te voy a dejar ir... Eres demasiado escasa y valiosa, y tu presencia me llena el corazón de mil palabras que de otra forma sería incapaz de expresar. Me has costado demasiado de encontrar, y pienso dar mi vida en el empeño de que no me abandones de nuevo.
No me dejes sola. No sabes lo mal que lo he pasado en tu ausencia. Tantos días sin nada que poder decir porque no podía contar contigo.
Musa de mi espíritu, ¿dónde te habías escondido? Tengo tantas preguntas para ti que aunque quisiera, no podría dejarte marchar.
Sabes que eres vital, y aún así me dejaste... ¿por qué?
Si me respondes a esa sencilla pregunta, podrás argumentar todo lo que quieras a tu favor. Aunque recuerda que soy muy difícil de convencer.
¿Qué me quieres dejar de nuevo? No creo haberte tratado tan mal, y pienso que deberías estar cerca de mí, porque ... ¿qué voy a hacer yo sin mi inspiración? Nada sin ti.
Piensa en mí por una vez, te necesito a mi costado.

sábado, 19 de septiembre de 2009

BSO

Empiezan a sonar las notas de aquella melodía que tantas veces me ha acompañado a lo largo de mi vida. Un aluvión de recuerdos vienen a mi cabeza y me hacen recordar tantos momentos que junto a esos acordes afloran unas pequeñas lágrimas.
Primeras palabras de la canción acompañan a las primeras imágenes que evocan. Puedo describir con todo detalle más de cien momentos que van de la mano.
Sin ti no soy nada
Y las lágrimas comienzan a correr como un río desbocado.
Los recuerdos son más vívidos y comienzo a recordar a esas personas sin las cuales no soy nadie, ni nada.
Nada puedo hacer ya para detener las pequeñas gotas que inundan mis ojos.
La canción sigue su curso y los recuerdos al mismo compás.
De pronto, me veo transformada en una niña de diez años que no sabe que hacer y evita con toda su alma echarse a llorar en medio de mil momentos recientes que la han dañado, pero ante los cuales ha de mostrarse fuerte, no, ella no era niña de dejarse llevar.
Sin ti no soy nada
Ya la niña que aparece en mis recuerdos es mayor, quizá 12 años sean los que lleve sobre ella. Está harta de algunas personas y sigue resistiéndose a derramar lagrimas que considera inútiles.
De pronto, me fuerzo por volver a la realidad, y recordar aquella niña más fuerte que la chica de ahora.
Pero, no puedo, aparecen ante mí unas imágenes bastante más recientes y recuerdo que...
Sin ti no soy nada.
Necesito urgentemente un abrazo, alguien que acoja entre sus brazos a esa personita que ha tratado tanto de luchar que de pronto ha recordado que...
Te necesito.
La canción ha cambiado mientras me hallaba sumergida en mis recuerdos, pero no por eso el torrente de imágenes que mi memoria se ha encargado de desenterrar del olvido.
Los sentimientos son demasiado fuertes y, poco a poco, están amenazando con devastar el camino hecho a través de los años.
Afortunadamente, en este preciso instante, no estoy sola y hay quien me ayuda a levantarme tras caer y me hace sonreír con palabras que demuestran quienes son tus amigos en momentos de debilidad, con quienes puedes contar en todo momento.
Aunque, mi mente se haya en otro lugar, no en el mismo que el cuerpo... y está recorriendo seis años de mi vida a una velocidad vertiginosa hasta que se detiene de pronto porque...
Te necesito.
Y, hemos llegado al presente.

[...]

Estrella de mar (Amaral), banda sonora de mi vida.

[...]

Creo que he logrado escribir un poco, al menos, la neurona no me ha dejado sola.
Gracias a los que estáis ahí cuando se os necesita.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Sentencia a muerte.

La muerte me mira de frente. Siento su aliento en mi cara y su nauseabundo olor invade mis sentidos.
Pero no le tengo miedo, lucharé hasta que esté sin fuerzas y sólo entonces podrá cumplir su objetivo.
- En ningún momento te llevarás a mi madre. - No es una súplica, es una afirmación clara como el agua.
- Es su destino. No tienes nada que hacer. Apártate y déjame seguir mi camino.
- En ningún momento te llevarás a mi madre. - Reitero, con la voz rota y decidida al mismo tiempo.
Me giro para ver al objetivo de tan desventurado viaje. Mi madre, con su eterna sonrisa, me mira con una expresión que es difícil de describir. Por una parte, parece pedirme que me haga a un lado y deje que el destino se cumpla. Por otra, su semblante es de quien se aferra a la vida con todas sus energías.
Pienso que sólo esta última impresión es la correcta y me abalanzo sobre ella. Me mira asustada.
- ¿Qué pretendes? - Con un deje de voz murmura lo que sus ojos me decían. Tiene miedo.
- Únicamente que no te aparten de mi lado. No soportaría perderte. Si han de llevarte, será sobre mi cadáver.
- No hagas la heroína. Sería peor que tu cayeras por salvarme, ninguna de las dos lo contaría.
- Mamá... me da igual. Mi vida eres tú, y prefiero perderla que no tenerte a mi lado. - Me sobrepongo a las lágrimas que avanzan desde mi corazón.
Continúo mi anterior ademán y me abrazo muy fuerte a ella. Por todos los momentos que me ha defendido, por todos los golpes que ha soportado de quien dijo amarla por mí. Por todo y por ser mi madre.
Noto su respiración acelerada y, también entrecortada. La siento frágil y me sorprende esa sensación de alguien a quien siempre había imaginado fuerte. Mi ejemplo a seguir se estaba desmoronando entre mis brazos. ¡Nunca!
En mi mirada se atisba una sombra de rebeldía, de quien no acata las normas. Es extraño, pero es justo en la situación menos favorable cuando brotan todos los sentimientos ocultos.
La muerte me observa con presteza. Su capucha infernal me augura que la lucha será ardua, pero no me rendiré.
- ¡Qué escena más emotiva! ¡Me conmueves! - dice con un deje profundo de ironía.
La rabia sustituye a la sangre por mis venas.
- ¡Cómo osas burlarte de mis intenciones! Moriría por ella.
- Eso se puede solucionar fácilmente. - continúa desafiante.
- ¡NOOOOO! No te la lleves a ella, no te lleves a mi fruto, a mi luz. Es mi turno, no el suyo. Anda, vete y déjanos a solas pequeña - interviene mi madre.
- Mamá, nunca pero nunca vuelvas a decir una cosa así. No pienso por nada del mundo dejarte a solas.
La conversación duró durante horas. Todo parecía indicar que la muerte finalmente cumpliría su misión. Pero, la fuerza de la palabra hizo lo que la física hubiera sido incapaz.
- A ver, estoy empezando a hartarme de esto. Tengo una tarea que hacer y sólo hacéis que obstaculizarme. - interrumpió finalmente la muerte.
- Es sencillo, déjala vivir. Ha pasado por demasiadas situaciones que la han marcado hasta el día de hoy, y tal vez pienses que por eso es necesario acabar con esto de una vez por todas. Mas no puedo permitírtelo, mi madre lo es todo para mí y no quiero morir en vida como pasaría si no está a mi lado. - argumenté, intentando inclinar la balanza ligeramente hacia nuestro lado.
- Esto ya es demasiado, una mocosa diciéndome como tengo que hacer las cosas.
Se notaba en sus gestos que estaba empezando a hastiarse de la escena.
- No, porque tú mejor que yo sabes como es esto. Sólo pido una tregua, concédeme un préstamo de vida... tómalo de mi propia reserva. Por favor. - supliqué ya a la desesperada.
- Lo que hay que oír. ¿De veras estás tan convencida? Tengo un plan.
Se saco de un bolsillo de la capa -quién sabe de donde exactamente- un contrato que me extendió.
Era breve, pero claro.

A fecha de hoy, 7 de septiembre de 2.009, la signante se compromete a entregar el doble de la vida que se le financie a su legítima madre. Por cada minuto concedido, se restarán dos del fondo personal de la interesada.
Presente en el momento de la firma, su Excelencia la Muerte.


Mi madre se escandalizó.
- No, de ninguna manera pienso tolerarlo.
- Mamá, la decisión está tomada, y vales más que mi vida, total, aún soy joven... me queda mucho por delante. Así que, déjame.
- De acuerdo, todo claro. - Sentenció la muerte.

<¡Incauta!> Pensó la muerte.

En ese momento, me sentí satisfecha de lo que había logrado, pues conservaba a mi madre a mi lado... posiblemente, hasta mi propia muerte.
Y, para exasperación y también un manojo de sensaciones más entre las que se encontraban el miedo -ahora sí-, a los pocos meses enfermé...


Continuación por... la muerte:

Esta niña creía que me iba a engañar con sus sensiblerías, pero hace falta más que un buen corazón para superar mi ingenio.
Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Y, es que la chica no sabía en el momento de firmar el contrato, que acababa de firmar también su propia sentencia de muerte, pues su vida no era mucho más larga de la que a su madre le quedaba. Si hubiera sido prudente, aún estaría aquí.
Pero no, siempre anteponiendo los sentimientos... ¿cuándo aprenderán?.

Elisabeth permaneció en la cama durante una semana, con su madre velando por ella a cada segundo, arrepintiéndose de la decisión de su hija y muriendo con ella. La vela de ambas se extinguía a pasos agigantados.
Una mañana, el corazón de la joven dejó de latir; dos segundos antes, el de su madre había tenido el mismo final. Las encontraron las enfermeras cuando fueron a arreglar la habitación.
Me llevé sus almas, que viajaron juntas.
Finalmente, la chica se había salido con la suya, estar con su madre hasta el final.
Un final demasiado precipitado, pero un final al fin y al cabo.

Porque, las decisiones son irrevocables.

martes, 1 de septiembre de 2009

... 3, 2, 1... K.O

La vida es un fluir de incorrecciones, un directo lanzado con fiereza por un lince del boxeo que encajas como puedes tratando de mantenerte en pie y no demostrar ante el enemigo tus puntos flacos, aquellos en los que un único golpe bien dado puede dejarnos K.O y apartarnos de la lucha por la vida y por la libertad, que atrapada en un ring de metáforas trata de escapar con cada respiración entrecortada y cada suspiro. Uno de esos segundos eternos en los que aprovechando la debilidad instantánea del rival, le atizas un gancho en plena mandíbula que le hace tambalearse, y es ese preciso instante cuando giras la cabeza atrás buscando una válvula de escape o, en su defecto, a un entrenador temeroso que arroje la toalla por el contrincante. Pero, descubres hipnotizado mientras el lince se abalanza sobre ti, que no es el entrenador opuesto el que teme, sino el propio, que arropado por las personas más cercanas a tu familia, ve como luchas en el combate de tu vida, dejándote las uñas y la sangre, sudando litros de agua salada que se filtran por los poros heridos de tu piel y te hacen experimentar el escozor de una pérdida, el dolor de una derrota casi asegurada.
Te lanzan sin apenas darte cuenta un segundo directo, más potente que el anterior, te agazapas como puedes poniendo los puños por delante y sin previo aviso, las fuerzas te flaquean y caes derrumbado al suelo del ring.
El combate ha terminado, sabías que ibas a perder, pues la vida no es eterna y las fuerzas aún menos... Pero, te sorprendes en ver a tus seres queridos a tu lado. Inusitadamente, eres libre y todavía sin ser consciente de ello, te lanzas con las últimas fuerzas a sus brazos, a los brazos de aquella persona que coreó tu nombre cuando también sabía de antemano cual iba a ser el resultado. No importa, ahora ya todo ha terminado.
Apenas te tienes en pie, pero aguantas como un héroe hasta un camerino oscuro en el cual, ajeno a luces y ruidos, te desplomas y dejas de respirar.

... Pero, suena el insistente zumbido del despertador, lo apartas con furia mientras dejas pasar por tu mente las nítidas imágenes de esos momentos en que estabas arropado por aquellos que ahora no están, por aquellos que un día te abandonaron a tu suerte y gracias a los cuales eres quien eres: un don nadie. Un error, vivir en el pasado. Otro más grave, soñar en el presente. El peor, olvidar el futuro.

lunes, 27 de julio de 2009

Carrera o decisión inesperada

Todos en sus puestos. El pato parece asustado, no es el único. Más animales se muestran indecisos, la tortuga entre ellos, las carreras no son lo suyo y odia las presiones. Sólo uno de los presentes se muestra dispuesto a empezar, la liebre.
De todos es sabido que el veloz animal es un rival difícil de batir, cuando toma partido en alguna acción, la lleva a cabo hasta sus últimas consecuencias.

Pero... ¡oh, sorpresa! Ésta no es una carrera convencional y la meta es más atípica aún si cabe. No es una competición individual que mida velocidad, rasgo u otra cualidad; necesita de la colaboración de todos los asistentes para que el recorrido se pueda completar, y la liebre poco puede hacer si de un colectivo se trata, aunque su papel en la carrera sea relevante.

La decisión es sólo uno de los factores necesarios, imprescindible sí, pero inservible si se encuentra a su paso trabas y trampas en forma de miedos, lentitud y/o torpeza en encontrar las palabras.

Se oye un disparo. La competición ha comenzado y el tiempo es limitado. La liebre pronto se encuentra sola y nada puede hacer para continuar si no tiene a nadie a quien dar el relevo.

Una decisión no sirve de nada si no va acompañada de valentía. Para qué sirve ser decidido si luego no se dispone del arrojo necesario para llevar esa decisión a cabo.

[Por terminar]

viernes, 26 de junio de 2009

Desenfreno

El sol reflejaba en las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. Mientras, se alejaba de la muchedumbre, que era más pronto podredumbre por los efectos del alcohol sobre los frágiles cuerpos de ellas, los marchitos esqueletos de ellos. Además, a su alrededor, se alzaban montañas de escombros, restos de una noche desenfrenada y que ahora se apilaban como si de un naufragio se tratara.
No, ella no había formado parte de ese tumulto, tan solo había ido a buscar a una amiga por petición expresa de la madre de la joven que la había tratado de engañar asegurándole que iba a dormir a casa de otra chica y al no contestar a las enésimas llamadas al móvil, estaba desesperada y había acudido al único lugar donde se desahogaba.
Así, había comenzado la búsqueda.
Tan pronto tuvo consciencia de la desaparición de su amiga intuyó cual había sido el truco y se encaminó hacia ese vertedero en el que se había convertido la habitualmente apacible playa. Había peinado un buen trozo de la arena, desde la orilla hasta donde la arena formaba unas dunas de residuos. En ese momento, creyó reconocer a su pequeña duendecilla -como habitualmente la llamaba-, pero tan solo fue un error... tantas jóvenes idénticamente vestidas, presas de la inconsciencia borreguil y sus aires de soberbia y malgastada seducción.
Comenzaban a caer los rayos del sol y de pronto, sobrevino la desolación y las dudas, los miedos... ¿estaría en un hospital? ¿en la casa de un desconocido? Sabiendo su poca habilidad en el nado... ¿se la habría llevado la marea?.
Estas preguntas comenzaban a venirle cada vez con más frecuencia y formaban un murmullo inaudible para el resto de las personas pero arrollador para ella. Nunca se había separado de su amiga, en 22 años siempre habían estado juntas... a excepción de la pasada noche, cuando hipnotizada por no se sabe el que, decidió mentir a su madre y acudir a ese arenal en busca de fiesta y también de borracheras.
El miedo se apoderó de la joven cuando a lo lejos advirtió un cuerpo inerte que se alzaba junto a una hoguera de la que solo quedaban las brasas. Era ella sin duda, no había error posible.
Corrió, corrió hasta quedarse exhausta y alcanzar el cuerpo de su compañera de fatigas. En ese momento, todos su temores se hicieron realidad. La cogió del brazo, le buscó el pulso y tan solo encontró un débil latido que apenas encontraba respuesta.
Sin perder un segundo y sacando fuerzas de donde se habían derrumbado, llamó al servicio de emergencias primero y a la madre de la chica después. La segunda quedó sin habla al conocer la noticia de la mano de la voz entrecortada por las lágrimas de quien se la transmitía.
Los minutos que pasaron hasta que llegó la ambulancia se le hicieron eternos. Se acurrucó junto a su amiga, cantándole al oído todas las canciones que habían compartido desde pequeñas, desde las de los dibujos animados de la infancia hasta otras como "La playa" -curiosa paradoja-.
De pronto, una sirena atronadora rompió el silencio reinante entre los montones de basura y los cuerpos desmayados, hastiados de alcohol y quien sabe qué más. Rápidamente, dos camilleros la recogieron de la arena y la introdujeron con prisas en el vehículo en cuyas puertas se podía leer SAMU. Le ofrecieron acompañarles al hospital, pero en ese momento llegó la madre que había localizado el lugar de los hechos gracias a las luces de la ambulancia.
No le pareció oportuno entrometerse en un momento tan íntimo, ella ya había compartido los instantes anteriores y ahora era el momento de quien la había traído al mundo, también quien si nada cambiaba, la vería marcharse. No, ella iría a su casa para recobrar fuerzas mínimamente de la desesperanza y ya después iría al hospital... Al fin y al cabo, ¿qué podía ella hacer?
Así que se despidió brevemente de la madre, depositó un beso en la frente de su amiga y se marchó sola a través de la playa.
Sólo la acompañaban las gaviotas en busca de carroña y las lágrimas que brotaban sin tregua de sus ojos.
Horas después recibiría una llamada en su teléfono móvil, su amiga, su compañera, su alma gemela había muerto... Y todo perdió el sentido.

A través de los elementos

Los ríos llevan al mar y las aguas fluyen con rapidez, mojándote a su paso con infinitos recuerdos, que calarán más o menos, pero allí estarán.
Y, entre estas gotas arremolinadas se encuentran mis sentimientos que dejan en mi rostro lágrimas...
Suspiros entre tormentos ahogados
llantos eternos de corazones robados
se remueve algo en mi interior
y quiere decir que yo

Cada día oigo el susurrar del viento en la ventana y trae a mi rostro una brisa fresca, una palabra de aliento que me ayuda a seguir...
Retorna otra mañana sin fin
y encuentro algo dentro de mí
es un sentir turbulento y anhelante,
una voz salida de ninguna parte

Es la lengua de fuego que pasa y devora todo a su paso, un huracan infernal jamás esperado que me ataca en la mañana, me deja sin palabras
Y tengo tanto miedo
no sé si aún quiero
hablar y ser al fin valiente
hacerle a los problemas frente

Pero los días pasan y brota una nueva hoja del árbol de la vida mientras otra se marchita y de una tercera sale una luminosa flor, de colores ardientes pero con un ápice melancólico... Son los colores de mi corazón

En definitiva... el tiempo pasa demasiado deprisa cuando montas sobre el caballo de la vida y eres un jinete sin experiencia... Equino desbocado, espíritus moribundos... Dadme fuerza para que las lágrimas que brotan de mis ojos brillen en un nuevo día.

lunes, 15 de junio de 2009

Tempus fugit

Sentía el sol en su piel, el agua en la lejanía y la brisa sobre sus cabellos. Cada día resultaba más y más difícil convivir con ese sentimiento que amenazaba con destruirla desde dentro. Sabía que era lo que debía hacer, pero le aterrorizaba el ridículo, el eterno ridículo. Le gustaba observarlo desde la lejanía y deleitarse con el suave timbre de su voz, pero lo veía tan y tan inalcanzable que ese amor progresivamente se convertía en agonía... una lucha por algo que sabía que nunca le pertenecería: a su modo de ver no era digna de los dones que el destino -en el que paradójicamente, no creía- había depositado sobre su esencia masculina.
Un día decidió que ya no valía la pena sufrir más y se arrojó al vacío. ¿Por qué? se preguntaron tantos espíritus libres, porque nadie le había enseñado a ser valiente y el peso de sus miedos acabó por sumirla en una espiral de locura. Sabía -o creía saber- que pocos iban a echarla de menos, que su ausencia connotaría únicamente un vacío fácil de reemplazar.
Se cansó de luchar sin iniciar batallas, no era chica de acción, no había nacido para pelear por sus deseos y se había unido al bando de los vencidos sin defender colores ni ideas.
[...]
Se produjo un gran silencio entre los presentes y, de pronto, una pequeña niña que nadie conocía leyó una nota con una voz suave pero profunda:
"Carta abierta a los desertores de la vida:
Nunca encontré mi lugar, ni tampoco lo busqué. Pasé sin pena ni gloria y no deseo recordar ni ser recordada. Borrad mi voz, mi imagen de vuestra memoria y nunca más volváis a querer saber nada de mí.
No merece la pena que una existencia tan banal perdure en los recuerdos de ninguna persona.
Mi nombre se perderá con el viento y los miedos que me hicieron volar se esfumarán en una niebla difusa.
No volveré a despertar, no volveréis a saber de mí.
Os regalo todo mi cariño para que lo dispenséis a quien lo merezca.
Atte: Aquella que dejó sus lágrimas correr y su vida pasar. Sin nombre."

De nuevo se hizo en la sala un gran silencio y se cernió sobre los presentes una pesarosa oscuridad.
[...]
Pasaron meses y, efectivamente, como había deseado, los recuerdos más vívidos se habían difuminado formando parte de una masa heterogénea de pensamientos y sensaciones.
Nadie vio la sombra de quien un día entregó su vida cansada de batallar contra sí misma.
Pero allí estaba, observando como finalmente había sido valiente en dejar el mundo y su hueco para alguien que lo necesitara.
Dio media vuelta y se adentró en el valle del olvido.
[...]
Muchos años después, una mujer de voz suave y profunda cerró los ojos, dejando que el recuerdo de aquella muchacha se perdiera para siempre.

Vida sin logros, muerte sin recuerdo: existencia efímera.

viernes, 29 de mayo de 2009

El saquito

Al nacer me dieron una pequeña bolsita que llevaba un regalo muy valioso que debía conservar hasta que encontrara a la persona que merecía compartir mi regalo con ella, y aún así, me dieron un último consejo, no le des toda tu bolsa, puede haber más de una persona especial y si es necesario, no dudes en reclamar tu parte, pues a todos se les entrega un saquito igual que el que ahora tienes sobre tus manos.
Era un tesoro que decidí proteger con mi vida y mi integridad si era necesario, pues cuando terminara la bolsita, no tendría más y si lo derrochaba perdería su valor de inmediato.
Pasaron años y penurias, alegrías y sufrimientos... y decidí poco a poco ir repartiendo su contenido.
¿Y qué llevaba? Pues de lo más importante para una persona... AMISTAD

¿Te ha llegado tu parte? Espero que sí y que valores como el pequeño saco ha decidido elegirte entre los destinatarios de tal cualidad.

Disfrútalo y aprovecha al máximo tu bolsita, recuerda... sólo tenemos una, y ¡es de gran valor!

martes, 19 de mayo de 2009

Cómplices de sonrisas

Y de repente sentí ese pinchazo en mis mofletes, y ambos tiraron de mis facciones hasta formar una sonrisa. Una sonrisa de complicidad, un momento de jovialidad, un instante de extraña intimidad.
Cada momento compartido se tornó inolvidable, cada segundo de esa sonrisa fue un gran segundo, un gran momento. No sólo había una sonrisa sobre mi rostro, también sobre mi corazón.
Todo en ese momento tomó un matiz distinto, y un día nublado lució con la plenitud del sol veraniego. Una jornada rutinaria pasó de ser un día a ser EL día.
Hay que ver lo que puede hacer una sonrisa... y cuando pierde el son para convertirse en risa, compañeros de miradas junto a casualidades en las que nunca creí.
Hoy es un buen día para sonreír, recuerda como se hace: Estira los labios hacia los lados, hasta que no puedas más; cúrvalos hacia arriba y abre un poco la boca, que se vean los dientes. ¿Sigues los pasos? Muy bien, ahí tienes una sonrisa.
Ahora recuerda cada una de las razones que te hace mantenerla y conseguirás lo que algunos llaman alegría y si es compartida, complicidad.
¡Sonríe! Deja a un lado los malos momentos.
¡Sonríe! Y piensa en todo lo que te hace ser feliz
¡Sonríe! Cómete el mundo con patatas y olvida los qué dirán
¡Sonríe! Y demuestra quien tiene ahora el poder

jueves, 14 de mayo de 2009

La balanza emocional (?)

Sonaba de fondo un llanto infantil. Se percibía en el ambiente una nota de terror. Se oía el temblor acelerado de un corazón testarudo. Sólo una persona era capaz de provocar tantas sensaciones -y tan diversas- entre la multitud. Únicamente él entre todos sus conocidos tenía la capacidad de ser tan cruel y tan tierno al mismo tiempo. Él.
Pese a todo, ella desatendió el impulso de su sentir y se acercó al niño que estaba agazapado en un rincón de la estación, temblando de miedo ante su sola presencia. "No llores pequeño." fue lo único que se pudo oír antes de que una sonrisa inundara su rostro y calmara al niño entre sus brazos. No sólo él era especial.
Ambos se complementaban, el mal y el bien, él contagiaba su entorno de miedos; ella los aliviaba con su aura de tranquilidad, tan amable siempre.
Nadie comprendía como habían acabado juntos, sólo se sabía que el poder de uno no afectaba al otro y viceversa, eran libres de sentir cuando estaban unidos... y siempre lo estaban, hasta en la más absoluta intimidad.
El niño comprendió que a su lado había alguien especial, que era más que una simple adolescente, sus ojos castaños destilaban serenidad, y bien sabía que esa no era una cualidad común en alguien tan joven, pues no podía tener más de dieciséis o diecisiete años.
De pronto una antigua leyenda vino a su memoria, era aquella que tantas veces le había contado su abuela en las noches de plenilunio cuando sin saber por qué, estaba más alterado de lo habitual.
Contaba la leyenda que en un lugar desconocido nació una vez una pequeña cuyo destino sería preservar la calma a través de los tiempos, como tantas generaciones antes había sido necesario. Nació en unos tiempos en los que la civilización había avanzado hasta confines antes nunca conocidos, y en medio de tanta revolución, surgió una semilla que trataría de recuperar el orden perdido. Su belleza sería incomparable, como su sencillez y la grandeza de su corazón. Su nombre: Mae
Pero, el niño no era el único que estaba recordando viejos relatos, Mae también había percibido algo extraño en su aura, y su mente había vagado entre recuerdos hasta encontrar la pieza que faltaba en el rompecabezas.
Hubo un tiempo en que el equilibrio entre bien y mal se había decantado a favor del mal, y para ello, debían de nacer quienes recuperaran el peso perdido por el bien para que la balanza fuera justa. Una de esas personas nacería fruto de la serenidad -ella misma- y otra, años después, de la ingenuidad nacería otro niño que llevaría el nombre de Buhna y cuyos rasgos denotarían por siempre las virtudes de la infancia, que sólo cambiarían con el clímax del ciclo lunar: el plenilunio. Pero, las fuerzas del mal también quisieron poner su granito de arena y enviaron a Gyro al mundo con ella, y su espíritu estaría formado por el miedo que invadiría a quienes junto a él se detuvieran.
Ahora, todo tomaba forma, las tres claves del mundo se habían encontrado por fin después de tantos años y estaba escrito que ellos -Mae y Gyro con la inestimable ayuda de Buhna- cambiaran los valores de la realidad y retornaran el mundo a su equilibrio.

viernes, 1 de mayo de 2009

Soñando globos

Recuerdo el momento como si fuera ayer, y puede que no haya pasado tanto tiempo, pero ¿qué es realmente el tiempo? Nada más que algo subjetivo, un elemento caprichoso con el que debemos lidiar día a día.

Era una de esas niñas de amplia sonrisa dibujada en el rostro, una pequeña luz que trataba de brillar en una galaxia colapsada de estrellas. Quizás debido a este sentimiento, a sentirme tan menuda en un mundo hostil y demasiado grande, quise comprarme alguno de esos globos que como siempre sale en las películas, te suben y te aportan una visión del mundo desde otro angulo, diferente a todos los conocidos. Eran esos globos que todos tenían en un momento de la vida, los imprescindibles para vivir.

Cuando los tuve en mi mano -aún recuerdo la sensación- me sentí distinta, un arco iris de forma indefinida estaba coloreando mi mundo y sumiéndome en una nueva realidad difícil de creer para la niña que era entonces.

Flotaba, flotaba y me dejaba arrastrar por esos sueños de grandeza que tantos niños tienen -y de los cuales no formaba una excepción-. No era presuntuosa, pero sí soñadora y mi mayor deseo era perseguir esos sueños hasta las últimas consecuencias, poder llevar a cabo esas fantasías que llenaban mi mente de ilusión y construían unos muy bellos castillos en el aire.

Nada perturbaba mi tranquilidad en aquel espacio, varios metros por encima de la realidad, hasta que un día me crucé con algo -nunca supe qué- que ¡puff! ¡puff! pinchó dos de mis siete globos. De pronto, me vi envuelta en una turbulencia que me hizo apreciar la vida más cerca del suelo y ver por primera vez los peligros, darme cuenta de que los sueños, sueños son y nada más.
No estaba preparada para caer tan pronto, y tras una brusca caída, logré remontar el vuelo con los cinco globos que aún quedaban en mi mano, esperando cumplir alguna ilusión.

Y pasaron los años manteniéndome a flote entre tres globos -algunas personas me pincharon los otros dos en momentos de debilidad-. Los sueños se iban desinflando, pero pese a todo conseguía mantenerme con ellos.

Pero, no eran esas las mayores dificultades en las que me vería envuelta. Un día, el globo más grande, en el que me había estado refugiando muchos años se me soltó de la mano y tomó su propio rumbo, abandonándome a mi suerte en un "¡ahí te quedas!" y evidentemente, con dos sólo me quedé.

Cada vez estar en esa posición privilegiada, luchando por la vida, se hace más difícil. No hace mucho, me di cuenta de que uno de los dos globos estaba perdiendo presión, porque el gran globo le tenía envidia y lo había dejado más expuesto al sol para que su goma se viera perjudicada por los rayos UVA que tanto incidían en aquellos días en los que me abandonó.

Así que ahora estoy amarrada a mi último globo, al último sueño de cuantos de pequeña había tenido, no me atrevo a bajar a por más por miedo a que este desapareciera y abandonara con él a aquella niña que una vez fui.

Situación conflictiva, acabo de ver al vendedor de globos, está pocos metros más abajo de mi posición y no sé como alcanzarla atada como estoy a mis recuerdos de infancia que se contienen en ese último globo. No sé si bajar en su búsqueda, debo superar el miedo que me produce dejar ir a mi pequeña mancha blanca que tantos años me ha acompañado con su presencia.

Tal vez, sólo tal vez, si aflojo un poco el nudo del globo pueda bajar y alcanzar mis nuevos sueños, los que necesito ahora para vivir.

Además, veo que no muy lejos de mi posición hay un par de personas que parecen hallarse en la misma situación, no saben si bajar o quedarse. Y... ¡no hay suficientes globos para todos! Alguien quedará sin ellos.

Soñando globos, globos con sueños... ¿y, quién bajará a por ellos?

domingo, 26 de abril de 2009

El CuentaCuentos: Palabras introvertidas

Las palabras llegaron, como si tal cosa, cuando dejó de buscarlas. Tanto tiempo para encontrar las que expresaran justo sus sentimientos, y cuando pensaba que ya jamás conocería la forma de decir lo que su corazón ansiaba publicar... llegaron.
Y probó de encontrar también el valor necesario para finalmente poder decirlas al destinatario que tanta confusión había provocado en un cerebro antaño sereno y bien ordenado ahora caótico e insuficientemente preparado para la vida real.
Pero, ¡ah! el valor ya es harina de otro costal, y aunque las palabras necesarias ya han llegado, el arrojo necesario para que no se queden en un pensamiento -bello, pero pensamiento- todavía no es el que estaba deseando reunir.
Parece imposible como tras tantos meses, continúa siendo tan cobarde como el primer día, cuando vio sus facciones y descubrió en ellas la realidad de todos sus sueños, era el ángel que había pedido tantos años antes.
El miedo, agente determinante en esta angustiosa situación, reaparece cuando en la mañana los rayos de sol iluminan su rostro y la agradable melodía que sus labios producen conmocionan el corazón de quien tantos días ha suspirado en silencio por el portador de esa preciosa sonrisa.
Dedicaría miles de palabras a describir estos sentimientos, pero no son estas las palabras que han llegado, sólo he recibido en mi buzón las que declaran el amor que llevo tantos meses en silencio... y que espero tener pronto la capacidad de expresar.
Porque, las situaciones insostenibles son mi punto fuerte y débil al mismo tiempo, y no sé en este caso quien ganará pero... marababa sahem (Le bourgois gentilhomme - Molière).


[Se me ha ido la inspiración, cuando vuelva igual lo sigo]

sábado, 18 de abril de 2009

Te quiero decir algo...

Tremendo esfuerzo me cuesta respirar cada mañana.
Esfuerzo que estos días no se ve recompensado.

Que he de hacer más que esperar otro día aquí sentada.
Un día se me hace eterno, pero debo aprender a ser paciente.
Idiota me siento cuando sigo callada sin decir lo que siento.
Estúpidas palabras que se revuelven sin cesar en la cabeza.
Resulta extraño como se puede querer tanto a alguien.
O quizás no lo es, y sólo es que complico todo demasiado.

¿Y aún no sabes que hay algo que te quiero decir? Curioso...

...

(Palabras extrañas pero necesarias...)
Besos!

Siguiendo los pasos...

Las pequeñas gotas de lluvia caían incesantemente sobre su rostro, disimulando con ello las lágrimas que formaban un río desde las mejillas hasta la blusa, donde morían dejando a su paso un oscuro charco de intensas emociones.
Cada día era más difícil sobrevivir en ese ambiente hostil, mostrarse indiferente ante los hechos que la evidencia mostraba ante su turbia mirada... Muchas veces pensó si no sería mejor hacerse a un lado para siempre, dejarse llevar por ese impulso que tantas veces había pasado por su cabeza y acabar con todo de una vez.
Pero ¡no!, esa era una decisión demasiado cobarde y aún con la tristeza marcada en unas ojeras día a día más pronunciadas, iba a seguir allí asumiendo las consecuencias de sus actos... y de sus sentimientos.
Aunque resultara absurdo seguir por esa tortuosa senda, allí iba a continuar hasta que sus afligidos pasos la dejaran en un lugar muy muy lejano .

viernes, 17 de abril de 2009

Historia de un absurdo

Pese a todo seguía sin saber que hacer, la situación ya rozaba los límites del absurdo. Tantos meses igual, tantas oportunidades desperdiciadas que pasan al olvido, tantas palabras malgastadas para al final no decir nada.
Trataría de buscarle una explicación, me excusaría con motivos tales como el miedo al ridículo o mi escasa -nula- autoestima, pero ¿serviría de algo? Lo dudo mucho.
Le doy vueltas y más vueltas a la cabeza, pensando como abordar el tema antes que me desborde y sea demasiado tarde para cualquier decisión. Me doy cuenta que tengo ideas de chiquilla, que me falta madurez para estos llamémosles problemas y que prefiero construir un castillo en el aire a una modesta choza en tierra.
Le busco los porqués a esto, y de nuevo me encuentro dándole vueltas a la cabeza en una rueda que espero tener fuerzas para parar en algún momento.
Observo sin hablar, leo algunas cosas que me alteran -y no debiera, no tengo derechos-, sin declarar cuáles son mis sentimientos, ni como ellos afectan a la faceta más privada de mi ser hasta llegar al instante en que mis pensamientos se han convertido en un monotema de forma ridícula.
Hay quien lo llama amor, pero también decir que corre el riesgo de convertirse en obsesión...
Sigo sin saber que hacer, aunque realmente es más un "saber como" que un "saber que".
¿Cómo se dice Te quiero?

[Publico este relato semanal de El Rincón de la expresión, que no me gusta como ha quedado... pero bueno]

Besos

martes, 14 de abril de 2009

Azar o capricho de una palabra desorientada

Esto no son más que chispas que centellean al caer inesperadamente sobre el papel, de forma más o menos casual van tomando forma y parece pretender transmitir un mensaje al agruparse todas ellas ya dejando menos espacio al destino, elemento clave para unos, simple dibujo infantil cúspide de fantasías para otros.
Dicen todas ellas que existe en algún lugar un caos ordenado, un desastre sin igual. Sin temor a que alguna de esas centellas prenda en mi chaqueta, me acerco a ellas para que me indiquen como llegar, ardo en deseos de conocer donde se ubica tal capricho de una casualidad ya repudiada anteriormente o quizás redescubierta con estas palabras que no buscan encontrar sentido, ni tampoco una forma clara... ¡para eso ya están las chispas!
De pronto, cae un trueno, pero es muy extraño, porque es un alegre borboteo de... ¿¡risas!? Sí, son risas joviales de niños, no. No ese tipo de niños que define un grupo de letras arbitrarias en un diccionario, son criaturas de las que sienten la infancia en su interior y no temen mostrarse al mundo tal y como son: risas, llantos, pataletas y alborozo forman parte de su vida diaria, pero no rutina, su existencia no es nada rutinaria ni habitual en los tiempos que corren.
Otra vuelta a la suerte y cae otro trueno, me asusta con sus fuerzas, es un grito enfurecido. ¿Su origen?, uno de los individuos que pululan por las calles sin vivir, dejan pasar el tiempo sin que aprecien los verdaderos motivos de la vida ni comprendan la risa de los niños que antes he mencionado. Quien sabe por qué, se muestran huraños y no tratan de abrir sus almas, que en cambio, aparecen presas de los miedos... Cómo una vez me dijeron y nunca olvidaré: "Detrás de cada sentimiento de superioridad se esconde uno mayor de inferioridad". Curiosa paradoja, ¿no? Y qué triste es ver que es la realidad que nos aguarda a cada esquina.
Niños de espíritu vemos pocos, individuos que tienen el grito como señal de identidad, a miles.
Nadie sabe lo que nos depara la vida, o si esos niños se convertirán en lo que siempre repudian, si algún día las circuntancias harán que se vuelvan grises como el mundo que los rodea, donde el verde de los árboles, el azul del cielo y el trino de los pájaros son sólo disturbios en la cuadriculada vida urbana.
O, tal vez, el azar les juegue a su favor, y me encuentre otro día hablando de ellos sin buscarlo, como ahora...
Déjemos fluir las palabras, que las chispas sean de alegría, que la alegría inunde nuestros corazones y que los corazones vivan eternamente sin temores ni gritos.

Una ración de risa, por favor.
Una palabra de ánimo.
Una razón por la que vivir.
Un sueño por el que luchar.
Un capricho del azar.

domingo, 5 de abril de 2009

El CuentaCuentos: Caprichos del destino.

Yo sólo quería un café y ¿ahora resulta que su destino está en mis manos?.
El miedo recorría todas las terminaciones nerviosas de mi más que nunca frágil cuerpo, me sentía como una débil rama a punto de partirse por una ráfaga de viento más fuerte que las demás.
Todo había comenzado aquel aparentemente gris y rutinario día de febrero. El ambiente en la oficina estaba muy viciado, era irrespirable con todas esas calefacciones encendidas al mismo tiempo, así que aprovechando el descanso para el almuerzo, bajé a tomar un tentempié al bar de siempre.
Ya las cosas empezaron a torcerse cuando vi que un gran cartel colgaba de la persiana del local con un escueto: "Cerrado indefinidamente por causas económicas". Finalmente la crisis se estaba dejando ver en todas las facetas de la vida, incluso en un simple refrigerio como el que me disponía a tomar hasta que me encontré con el cartel.
Entonces, recordé que no muy lejos había una cafetería donde nos habíamos juntado un día todos los de Administración para tomar algo. La comida no era muy buena, pero según iba yendo hacia allí, me vino a la memoria que el café era magnífico, no el típico de máquina que en cada vez más sitios te sirven a precios desorbitados.
Así que sin más remilgos, avancé más decidida hacia allí, si más que nada la salida era para airearme un poco y que las neuronas respiraran. Cuando abrí la puerta, un joven de aire misterioso me empujó a un lado y sin más dilaciones, abandonó el lugar. Con bastante mal humor acumulado y mal disimulado, me dirigí a la barra a pedir un café de una forma algo más brusca de lo deseado.
- En un momento lo tendrá.
- Vale, estaré en esa mesa junto a la puerta.
La espera se hizo un poco interminable, porque veía que con el cierre del otro bar, había dilapidado gran parte de mi tiempo de descanso en la decisión y posterior llegada a este lugar. Pero, finalmente llegó hasta mi ubicación una de esas amables camareras -de las que cada vez quedan menos- que te hacen sonreír aunque lleves un día pésimo y, ¿por qué no?, también gris como el cielo se había despertado hoy. Me dejó el café frente a mí, la miré brevemente y no sin esfuerzo, esbocé una tenue sonrisa.
- Así me gusta niña, que se te ve estresada.
- No lo sabe usted bien.
- Intenta respirar, que tanto nervio no hace bien a nadie, si vieras lo que pasa por aquí cada día.
- Lo he visto al entrar, un joven me ha empujado sin ningún cuidado - traté de entablar una conversación ligera.
- Sí, ese chico no me ha dado buena espina. Pero nada, ahora tranquilízate mientras tomas el café, que está muy rico. - Me invitó a mirar lo que me había traído con gusto, tenía un aspecto delicioso.
- Gracias - contesté sonriendo. Y le di un breve sorbo al café.
- Bueno niña, me quedaría más tiempo, pero el trabajo me llama.
- Descuide, estaré bien. Y gracias de nuevo
Traté de volver a coger la taza que estaba ante mí, pero me agaché un instante para recoger una horquilla que me había caído poco antes. Y...
(...)
Un gran estruendo procedente de no se sabe donde dentro del local rompió por completo con la monotonía de la mañana. De pronto, todo eran gritos, alarmas y, entre ellos, algún llanto angustiado de quien se veía atrapado.
Me vi a mi misma encerrada entre la mesa y la silla, salvada por ese instantáneo impulso de agacharme. Me zafé de lo que me rodeaba y vi el lamentable estado en que aquello había quedado.
En ese instante oí un quejido procedente de al lado de la barra, armándome del arrojo que habitualmente me abandona, llegué hasta allí y la escena que vi permanecerá para siempre en mi memoria.
Una sucesión de heridas, sangre y más penurias imposibles de describir que se cernían en torno a la gentil camarera que minutos antes había iluminado mi día con sus palabras. Era una de las más afectadas por la explosión y había perdido el conocimiento. Presa del pánico por lo que pudiera pasar, traté de apartar todo lo que allí se hallaba para liberar a la mujer de la súbita cárcel que se había formado.
Vi no muy lejos de mi posición un par más de personas malheridas, y también un hombre de no muy avanzada edad que huía de allí sin más dilaciones.
Descubrí de pronto que tenía que hacer algo, y que mi rostro se hallaba inundado de lágrimas. Traté de alcanzar mi móvil, y descubrí alterada que se había apagado, probablemente sin batería. Me acerqué a los otros dos presentes y vi, que no podrían ayudarme pero no precisaban mi ayuda. Así que esta mujer dependía de mí, su destino estaba en mis manos.
Con una fuerza que nunca hubiera creído poseer, la sostuve entre los brazos y la saqué del local en busca de alguien que me propiciara más ayuda. Afortunadamente, encontré a un joven policía que se había acercado al lugar para tratar de examinar el lugar de los hechos.
Me ayudó a trasladar a la mujer hasta un banco cercano, y allí esperamos la ambulancia.
Mientras, su radio no paró de sonar, dando cuentas y detalles de todo lo ocurrido.
Cuando llegó el vehículo que la recogió, traté de averiguar si era grave, y había tenido la suerte de que no había afectado a ningún órgano vital -según la primera inspección- y que el desmayo habría sido producido por la conmoción.
Afortunadamente, un acto terrorista sin víctimas mortales, un suceso más para engrosar los anales de la historia negra del país.

Con estas palabras terminé mi trabajo sobre la sociedad actual, un paseo poco agradable por la realidad demasiado cotidiana. Esta vez no ha sucedido, pero tantas otras veces lo ha hecho que podía haberlo sido. Y, ¿cuál es la razón de todo esto? La desconozco.
Sólo sé que la barbarie nunca tiene límites.

domingo, 22 de marzo de 2009

Pinceladas sobre los raíles

Nadie puede conocer de antemano cual va a ser su siguiente parada en la vida, ni cual va a ser el matiz que hará cambiar su existencia, su ideología, su forma de vivir y de ver el mundo. Son estos matices los que hacen que la vida merezca la pena, y tal vez es difícil apreciarlos de lejos, pero cuando tus pensamientos pasan de estar invadidos por una inmensa oscuridad a encontrar de pronto una luz que los hace parecer menos intimidatorios, entonces ves que el pincel del destino ha cogido un nuevo color, parecido pero no igual al anterior, y con él ha dejado su marca sobre tu alma.
Y es bonito que exista una paleta de colores infinita, pues sólo así se puede hacer frente a la también infinidad de sentimientos que nos invaden en cada momento y que nos hacen sentirnos muchas veces confusos, pues son demasiados para la simple y breve vida humana.
También esta el tren que nos va llevando por todas las paradas, y que nunca debemos dejar pasar. En este tren tenemos asignado un vagón, y debemos acomodarlo para pasar nuestra frágil existencia de manera que el pintor de los sentimientos tenga su sitio también en nuestro compartimento.
Pero ese tren no esta siempre en movimiento, tiene apeaderos en los que bajas a estirar las piernas, para no entumecerte en el camino.
Y fue en una de estas paradas, cuando encontré un puñal que se me clavó en el corazón. Fui a buscar a su compartimento a una persona muy especial para mí, y de pronto descubrí que ya no quedaba nada de ella en ese compartimento... Busqué desesperadamente por los habitáculos colindantes, por si mi memoria me la había jugado y el suyo no era el que había ido a buscar. Pero, no, no había error, y me desesperé... De pronto, la voz del pintor me llamó por mi nombre y me entregó una nota de despedida envuelta en una oscura pincelada, que fui incapaz de abrir en ese momento.
Miré brevemente mi reloj y como percibí que aún me quedaban unos minutos para salir, los aproveché y dirigí mis pasos hacia el exterior, en busca de aire fresco que renovara mis viciados pulmones hastiados del aire enrarecido que en el vehículo se respira.
Salí y vi que no lejos volvía a estar el artista armado con su pincel. Aún compungida por la pérdida, decidí abrir la nota que me había dado no mucho antes... Era breve pero clara
Tranquila, no te preocupes por mí. Estaré bien.
Tuve que bajar del vagón pues mi billete me indicaba que mi viaje había concluído. No sufras por mí.
Y prométeme que estarás bien. Muchos besos.

Las lágrimas brotaron de mis ojos como un río de aguas turbulentas que se estremecía por completo con la corriente. Era incapaz de mantener la compostura, ¿cómo iba a estar bien? No la volvería a ver, a ella, a ella que tanto había hecho por mí y que me había acompañado cuando años atrás había experimentado la primera pérdida de mi vida.
Me veía incapaz de continuar el viaje, y al oír por megafonía que había llegado la hora de volver a nuestros compartimentos, dudé si subir o quedarme en tierra, aún conociendo que de elegir la segunda opción no encontraría más otro sitio para ubicarme. Cerré los ojos y decidí que fueran mis pasos los que me llevaran, que eligieran ellos si volvían o se quedaban.
Pero, de repente, oí unas voces muy cerca de mí. Abrí los ojos y me encontré con la escena más gratificante que jamás había visto. Una multitud de gente, algunos más conocidos, otros menos, se agolpaban contra mí y me brindaban su apoyo.
Inolvidable.
Y, entre toda esa gente, alcancé a ver una silueta que reconocí como la del pintor, que estaba maquillando mi alma con cariño y amor. Y esa fue la última vez que mis lágrimas fueron derramadas...