viernes, 20 de febrero de 2009

Melancolía...


¿Quién quiso algún día que yo llegara al mundo? ¿Y una vez aquí, quién me proporcionó este débil corazón? Y más aún, ¿por qué me lo dieron?
Hubiera sido todo más fácil si al nacer preguntaran si quieres o no tener un corazón para así poder sentir o ser inmune... Además, jamás entenderé porque si a todos nos dan uno al nacer, algunos son más fuertes que otros y superan mejor las adversidades. Porque el mío no es precisamente de los fuertes, y ha sido sometido a tantas penurias que en él cada día se puede apreciar una nueva grieta amenazando con romperlo...
Desde pequeña nadie ha tomado en cuenta mi corazoncito, y me han atacado desde todos los ángulos posibles... misiles en forma de burla, de incomprensión... pero también lanzaron sobre él una bomba nuclear llamada soledad.
Es esta última la que siempre más me ha preocupado, pues dicen que la radiactividad causa efectos secundarios, y quien dijo tal cosa parece que no se equivocaba... Pues desde que tengo uso de razón he estado sola o casi sola. Cuando fui alcanzada por la detonación era una chica con sus peculiaridades, como cualquier otra... pero al menos era capaz de demostrar y transmitir un cariño del que ahora no soy capaz.
Las circunstancias han hecho que las lágrimas hayan corrido tantas veces por entre mis mejillas que ya apenas tienen el significado que antaño hubieran tenido. Son también estas circunstancias las que me han hecho construir una frágil coraza en torno a mi corazón que no es más que una mentira para tratar de que los efectos secundarios de la bomba nuclear salieran a la superficie.
Traté de sobrellevar la adversidad, pero día a día todo me demuestra que no soy capaz... Traté de crearme yo misma el cariño que tantas veces se me ha negado por causas que escapan a mi voluntad y a mi entendimiento, pero sólo es una cuento que la niña que late en mi interior teje sin ninguna habilidad.
Jamás he llegado a comprender el porqué de mi forma de ser, tan sencilla y tan complicada al mismo tiempo... Pues no soy más que una niña que se agazapa de sus miedos tras una máscara poco convincente de banalidad, que en el fondo quiere ser Peter Pan para mantener una inocencia que poco a poco se le es robada...
Me quedan muchas cosas por aprender, y espero que no sean a base de decepciones como hasta ahora... mi pobre corazón no es capaz de soportar mucha más soledad...
Y me duele que aunque a menudo la soledad es de no tener a nadie cerca, otras veces radica en no tener a quien hablarle cuando lo necesitas y poder confesarle mis miedos, que son tantos que nunca los he contado... por ejemplo, miedo al rechazo y, sobre todo, miedo al miedo.
De nuevo desearía no tener corazón y no sufrir con esta punta del gran iceberg que se esconde en mi interior.
Realmente no lo quiero... lo regalo, aunque esté herido

2 comentarios:

  1. Es muy bonito, sí señor. El ritmo tan sosegado hace que respires una cierta resignación, y me encanta.

    Una cosa tan sólo, que me he ido fijando que lo haces en todos tus escritos: abusas de los puntos suspensivos, y da la sensación de que más bien lo que pasa es que no sabes cómo terminar la frase.

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  2. Muchas gracias, realmente es tan solo una expresión de mis sentimientos.

    Respecto a lo de los puntos suspensivos, gracias por comentarlo, a mí también me daba a veces la sensación que me excedo poniéndolos y no sé muy bien porqué lo hago, puede que sea precisamente eso, que no sé como terminar las frases. Esto último va porque cada uno de los textos que publico los escribo sin pararme dos veces a pensar en lo que hago y sin releerlos después, entonces, quedan frases abiertas e inconclusas.

    Gracias y besos!

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Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.
Espero que lo que hayas leído haya sido de tu agrado.
Un saludo y hasta la próxima.