domingo, 22 de marzo de 2009

Pinceladas sobre los raíles

Nadie puede conocer de antemano cual va a ser su siguiente parada en la vida, ni cual va a ser el matiz que hará cambiar su existencia, su ideología, su forma de vivir y de ver el mundo. Son estos matices los que hacen que la vida merezca la pena, y tal vez es difícil apreciarlos de lejos, pero cuando tus pensamientos pasan de estar invadidos por una inmensa oscuridad a encontrar de pronto una luz que los hace parecer menos intimidatorios, entonces ves que el pincel del destino ha cogido un nuevo color, parecido pero no igual al anterior, y con él ha dejado su marca sobre tu alma.
Y es bonito que exista una paleta de colores infinita, pues sólo así se puede hacer frente a la también infinidad de sentimientos que nos invaden en cada momento y que nos hacen sentirnos muchas veces confusos, pues son demasiados para la simple y breve vida humana.
También esta el tren que nos va llevando por todas las paradas, y que nunca debemos dejar pasar. En este tren tenemos asignado un vagón, y debemos acomodarlo para pasar nuestra frágil existencia de manera que el pintor de los sentimientos tenga su sitio también en nuestro compartimento.
Pero ese tren no esta siempre en movimiento, tiene apeaderos en los que bajas a estirar las piernas, para no entumecerte en el camino.
Y fue en una de estas paradas, cuando encontré un puñal que se me clavó en el corazón. Fui a buscar a su compartimento a una persona muy especial para mí, y de pronto descubrí que ya no quedaba nada de ella en ese compartimento... Busqué desesperadamente por los habitáculos colindantes, por si mi memoria me la había jugado y el suyo no era el que había ido a buscar. Pero, no, no había error, y me desesperé... De pronto, la voz del pintor me llamó por mi nombre y me entregó una nota de despedida envuelta en una oscura pincelada, que fui incapaz de abrir en ese momento.
Miré brevemente mi reloj y como percibí que aún me quedaban unos minutos para salir, los aproveché y dirigí mis pasos hacia el exterior, en busca de aire fresco que renovara mis viciados pulmones hastiados del aire enrarecido que en el vehículo se respira.
Salí y vi que no lejos volvía a estar el artista armado con su pincel. Aún compungida por la pérdida, decidí abrir la nota que me había dado no mucho antes... Era breve pero clara
Tranquila, no te preocupes por mí. Estaré bien.
Tuve que bajar del vagón pues mi billete me indicaba que mi viaje había concluído. No sufras por mí.
Y prométeme que estarás bien. Muchos besos.

Las lágrimas brotaron de mis ojos como un río de aguas turbulentas que se estremecía por completo con la corriente. Era incapaz de mantener la compostura, ¿cómo iba a estar bien? No la volvería a ver, a ella, a ella que tanto había hecho por mí y que me había acompañado cuando años atrás había experimentado la primera pérdida de mi vida.
Me veía incapaz de continuar el viaje, y al oír por megafonía que había llegado la hora de volver a nuestros compartimentos, dudé si subir o quedarme en tierra, aún conociendo que de elegir la segunda opción no encontraría más otro sitio para ubicarme. Cerré los ojos y decidí que fueran mis pasos los que me llevaran, que eligieran ellos si volvían o se quedaban.
Pero, de repente, oí unas voces muy cerca de mí. Abrí los ojos y me encontré con la escena más gratificante que jamás había visto. Una multitud de gente, algunos más conocidos, otros menos, se agolpaban contra mí y me brindaban su apoyo.
Inolvidable.
Y, entre toda esa gente, alcancé a ver una silueta que reconocí como la del pintor, que estaba maquillando mi alma con cariño y amor. Y esa fue la última vez que mis lágrimas fueron derramadas...

martes, 17 de marzo de 2009

El cuentacuentos : Carpe diem

El invierno trae el gris de un cielo húmedo y una ciudad hastiada. Ya nada queda de la fulgente primavera, el cálido verano y el dorado otoño... Todo se limita ya al final del largo día del año, al fin de la intensa, larga y breve existencia.
Atrás quedan esas brillantes jornadas donde el sol no se ponía, donde el alegre canto de los pájaros deleitaba con su tintineante melodía a los que disfrutaban de esos días. Atrás quedan esas dudas ocasionadas por las nubes y los rayos del sol, que nunca se sabía quien iba a someter su hegemonía durante las horas que se extendían hasta el ocaso. Atrás quedan las risas joviales y los abrazos menos que otorgaban los niños, que jugaban, reían y también caían, que alborozaban en un universo lleno de ingenuidad.
Hoy sólo existe un inmenso cúmulo de nubarrones que amenazan con desencadenar una virulenta tormenta en cualquier momento, quizás en el instante en que crees que el día está clareando y que el invierno aún no ha derramado todo su poder, toda su influencia. Es en ese momento cuando te darás cuenta de cuan rápido pasan las horas, los días, los meses... el tiempo en general, apenas acabas de percibir la llegada de la primavera cuando ya te enfrentas al crudo y difícil invierno, del cual muchos no despertaran.
Y muchos se dan por vencidos en esta etapa, desean abrigarse bien para no sufrir las inclemencias y esperar sentados. ¿Esperar sentados? ¿No es acaso esa la decisión más cobarde? Para ellos quizá no lo sea, pero no para las almas libres que aún sienten pequeños reflejos de ese candor que se respiraba durante el resto del año.
Son estos espíritus libres los que tienen la clave de la vida, y saben aprovecharla incluso cuando las circunstancias son adversas, incluso cuando les faltan fuerzas entre el cada vez más penetrante frío que culminará con un inmenso manto de nieve que sepultará risas y alegrías bajo una gélida indiferencia y que se verá acompañada por unas estremecedoras lágrimas de dolor que sufren por quien ha llegado al final de su año, pues ellos, como habitantes de otro hemisferio, aún no han sufrido esa pérdida.
El final puede estar más o menos cercano, nunca se sabe si un año el invierno se adelantará o no, por tanto, deberíamos ser capaces de sobrellevar nuestro destino con una sonrisa en los labios, con la dulzura de la miel recién recolectada... carpe diem

domingo, 15 de marzo de 2009

El viaje

Tras un angustioso viaje entre las aguas turbulentas del dolor, la barca se detuvo en un meandro del río, que ya próximo a su desembocadura, ensanchaba su cauce y templaba sus aguas. No dudé un segundo en apearme de la débil embarcación, en la cual había pasado algunos de los peores momentos que recordaba en mucho tiempo y en los cuales la única melodía que había alcanzado a escuchar estaba originada por el llanto que surgía de mis entrañas como un manantial de incesante caudal.
Una vez fuera de allí, aún con la voz temblorosa, incapaz de pronunciarse respecto a lo ocurrido; y con las piernas aún sin fuerzas para sostener mi desvalido cuerpo... logré buscar un cobijo para pasar la angustia que todavía dominaba mi corazón y así recobrar energía para seguir a pie el resto del camino. Con las escasas posibilidades que mi entumecida silueta guardaba en su interior, caminé lentamente hasta alcanzar la sombra de un tupido árbol bajo el cual me dejé caer y me eché a dormir casi de inmediato.
Aquel fue un descanso muy reconfortante, aún cuando había sido súbitamente interrumpido en más de una ocasión por unos extraños ruidos que surgían de algún punto no muy alejado de mi posición actual. Pero pese a las perturbaciones, me hicieron mucho bien esas horas de sueño con las cuales conseguí recuperar las fuerzas que mi desgarrado corazón necesitaba para continuar su imparable camino hacia un destino del que de pronto hubiera perdido el norte.
Me alcé cuando los primeros rayos de sol rozaban tímidamente mis rasgos y busqué alguna fuente donde poder calmar la sed que las jornadas de incesante llanto había concebido. Noté que la consistencia de mis pasos era mayor gracias a esa noche apacible bajo el follaje y con todo encaminé mis pasos dejándome llevar por mi oído, el sentido más desarrollado de cuantos poseo. No muy lejos de mi anterior situación localicé un pequeño riachuelo que parecía ser afluente del que me había llevado hasta allí, y al verlo claro murmurando una alegre canción de gorgoteos y salpicaduras, me agaché y sumergí mis dañadas manos entre sus aguas, de tal forma que una corriente de vitalidad renovó del oxígeno perdido hasta la célula más remota del organismo. Sacié mi sed sin prisas, nada me inquietaba en aquellos momentos, mi alma estaba en paz.
Pero quiso la casualidad que alzara la vista hacia las matas que había enfrente de donde me encontraba justo cuando allí apareció una mirada que hizo que cada pieza del rompecabezas recuperara su posición, su situación anterior a este intermedio inolvidable a la vez que sangriento para mis sentimientos. Decidida, me alcé de un salto y crucé rápidamente el pequeño afluente en pos de esa mirada.
De pronto, me vi atravesando sin pausa la maraña de hojas que a mi alrededor se alzaba hasta llegar a un claro donde ambos nos paramos vista la inexistencia de una escapatoria.
- Te he buscado durante mucho tiempo.
- Lo sé. He notado tu presencia en todos estos meses.
- Sabes que significas mucho para mí. Necesito una respuesta.
- ¿De veras no la conoces? Te creía más inteligente.
- No para estos asuntos, siempre he carecido de experiencia en cuanto a sentimientos y a su interpretación se refiere. Pero, ¿eres capaz de darme una respuesta?
- Has de buscarla tú misma. Te la puedo dar, pero necesito saber que estás preparada para asimilarla. Yo lo estoy.
- Sólo sé que te amo, te amo desde la partícula más ínfima de mi ser, te amo desde el primer momento en que oí tu dulce voz, te amo por como eres, por quien eres... Tengo miedo del alcance de mis sentimientos, pueden sobrepasarme.
- A eso me refería, no deseo herirte. Eres una frágil pieza de la vida, y ahora quiero que sepas que me tienes para lo que quieras. Pero, todo lo decidirá el tiempo.
- De acuerdo. Sé esperar, llevo muchos años haciéndolo. Eso sí, debes saber que seguiré amándote cada día.
- Lo he percibido desde el primer momento. No soy tonto.
- En ningún momento he pretendido decir eso. Sería incapaz de decirte nada malo, te amo demasiado, pienso en ti cada momento, sueño contigo, hablo de ti, todo me recuerda a tu presencia y a tus actos.
- ... Ahora debo irme. Ya sabes donde encontrarme.
- Como no saberlo. Si cada minuto sin ti se vuelve eterno, ansío que llegue esa hora en la que puedo observar de cerca tu mirada que me embriaga de amor.
- No conoces todo de mí. No deberías decir todo eso.
- No me importa lo que desconozco de ti, sólo sé que te amo, ya te lo he dicho. Pero, no quiero retenerte más si no es tu destino seguir más tiempo en este claro.
Me miró fijamente por última vez con tal intensidad que se me erizó hasta el vello de la nuca. Después, se giró y en un abrir y cerrar de ojos lo perdí de vista.
Ahora ya sabe lo que siento, era lo único que necesitaba hacer... Contarle lo que siento cuando le veo, cuando le oigo, cuando escucho que hablan de él.
Me retiro a mi barca y me deslizo de nuevo por el cauce del río que esta vez me lleva hasta el mar del tiempo, ese que es eterno y perecedero al mismo tiempo.
Abro los ojos y me encuentro de nuevo sobre mi cama, nada ha pasado, todo se ha dicho... Ahora falta llevarlo a la práctica ya que ese ansía de verlo que tengo cuando no está ha vuelto con más énfasis que nunca tras estos días de sufrimiento que habían helado mi corazón hasta que su ardiente mirada derritiéndolo, derritiéndome por él. Siempre por él.

jueves, 12 de marzo de 2009

Retorno

Con toda la frialdad de la que fue capaz, abrió los ojos ante la imperante necesidad de saber que sucedía a su alrededor. Sabía que el mundo no se había parado, aunque para ella su movimiento ahora no tenía ningún valor y se resistía a sumergirse otra vez en la rutina.
Le habían arrancado un fragmento de su corazón y aún no era capaz de asumir esa pérdida que sólo el tiempo conseguirá suavizar, pero nunca borrar esa cicatriz que permanecerá indeleble.
Había sucedido todo tan rápido que apenas pudo reaccionar, las palabras se negaron a salir de sus labios y sólo un manantial de amargas y sentidas lágrimas salió de sus ojos buscando la forma de expresar de alguna forma la ausencia. Sabía que tarde o temprano iba a suceder, pero su corazón había albergado la esperanza hasta el último segundo de que no tendría que enfrentarse a esta despedida truncada.
Durante dos eternas jornadas se sumió en una profunda congoja, en un insufrible sufrimiento que trataba de ahogar bajo una máscara de una mal dibujada sonrisa, fácil de sortear a los que tan sólo conocían un resquicio del dolor que embriagaba su herida... Durante este interminable tiempo reconoció ese sufrimiento que había sido presentado por primera vez seis años atrás y que al no ser sanado en aquella ocasión ahora amenazaba con someterla al dictamen del dolor.
Pero, finalmente sale un rayo de sol que atraviesa la noche más oscura, siempre existe la forma de sobreponerse a los sentimientos, puedes enterrarlos y no oírlos o puedes tratar de asumirlos y dejar que el tiempo lime las asperezas de la vida. Además, siempre surge algún motivo por el que sonreír y puede que quien menos esperes haga que te sientas con fuerzas de volver a la vida, no ser más un zombie.
El mundo vuelve a una normalidad aparente, frívola y cercana a una vez.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Siempre en mi memoria


He dudado mucho antes de actualizar hoy, porque sé que cada palabra que estoy escribiendo me rasga las entrañas como una daga que no atiende a razones...
Pero, pese al dolor, deseaba... deseo honrar a mi dulce guapetona, que... aunque no sea capaz de asimilarlo todavía, ya no va a estar junto a mí...

Algún día tenía que llegar este momento, todos lo intuíamos, pero pese a eso, siempre se mantienen los ojos cerrados frente a la verdad hasta que llega el momento en que la realidad te hace abrirlos de golpe...
Esta realidad se concreta en el lunes nueve de marzo de dos mil nueve (090309), a las siete y media de la tarde... cuando una luz, la luz se apagó...

No me pude despedir, la última vez que te vi te besé con inquietud y con un temor que amenazaba destruir mis esperanzas... Un miedo que finalmente se ha consolidado con una despedida truncada... un corazón desgarrado

[Estoy escribiendo de esta forma, porque soy incapaz de hacerlo con más propiedad... parece que evitando llamar a las cosas por su nombre damos un rodeo a la fachada del dolor...]

Realmente aún no soy capaz de asumir que... ya no estará.

Me estoy haciendo daño escribiendo esto, pero necesito desahogar mis sentimientos... ya una vez me obligaron a reprimirlos, y el resultado fue nefasto...

No estoy preparada para revivir esos momentos...
No estaba preparada para revivir el sufrimiento...
No estoy preparada para escribir estas palabras
No estaba preparada para esta angustia...

Si algún día nos cruzamos
no respondas ni hagas caso
a los subtítulos que bajo
mi sonrisa sueles ver
yo te diré que voy tirando
negaré que estoy llorando
fingiré que el tiempo todo lo curó.
Y en realidad nunca se olvida
fuiste mi única salida
y tu sonrisa un buen motivo para ser alguien mejor
y aunque te cuenten que me vieron
de princesa en algún cuento
no hace falta que te diga,
que tan sólo cuentos son


Este trozo de canción no sé muy bien a que canción de LOVG pertenece, sólo es que me ha venido a la cabeza y creo que encaja bastante (está claro que cambiándole el sentido original)

Bueno, después de este paréntesis... casi que voy a dejar de escribir, porque sino terminaré mal (y suficientes vueltas le doy ya a la cabeza)...
Que si estos días me veis más rara y/o empanada de lo habitual... no me lo tengáis en cuenta

Besos, Sandra

D.E.P.

PD: Mil millones de gracias a todos los que me habéis brindado vuestro apoyo estos días... nunca lo olvidaré.
Os quiero!

[Entrada copiada del fotolog... Sin fuerzas para escribir otra mejor...]

martes, 3 de marzo de 2009

Un resquicio de humanidad


Era una fría tarde de invierno, de esas que parecen no acabar nunca y cuyo inminente atardecer hacía que su corazón se encogiera, ansioso de un calor que nadie le daba.
Como tantas otras tardes, vagaba por las calles sin rumbo fijo, quizá su única intención era buscar un lugar medianamente acogedor para pasar la noche, pues según había leído en uno de esos periódicos que se amontonan a las salidas de los metros, esa noche iba a helar y no quería que sus ya escasas defensas menguaran al enfrentarse a las bajas temperaturas.
Iba dando tumbos por las calles, sin más compañía que la de su vieja fotografía, que le recordaba esos momentos en los cuales había sido feliz, en los cuales había vivido en el seno de una pequeña familia que ahora le traían unos recuerdos tan vividos que se reproducían con asombrosa claridad en su memoria.
La gente la huía, en su aspecto sólo veían a una de tantas indigentes que ya eran habituales en las calles de esa gran ciudad, y sin pararse siquiera a examinar la tenue luz que emanaban sus pupilas, la despreciaban y la abandonaban en el camino dejando a su paso calificativos tales como "drogata, borracha...", tan alejados de la realidad. En estos tiempos ya nadie guarda el sentido del civismo, ni tampoco la hospitalidad de antaño... Hubieran bastado unas sencillas preguntas para que su triste historia inundara los corazones de los oyentes de esa comprensión que poco a poco también había caído en el olvido:
Todo había comenzado hacía ahora veinticuatro años, justo cuando cumplía doce años... Esa tarde, sus padres volvían del trabajo en un viejo seiscientos camino del colegio donde les esperaba una niña de pupilas excitadas que ansiaba saber cual sería ese año su regalo de cumpleaños, ansiaba saber si al fin le habrían comprado ese libro que tanto tiempo llevaba pidiendo. Nunca supo si lo llegaron a comprar, horas más tarde, el coche de su tío pasó a recoger a la pequeña, que tiritaba, y a la cual le tuvo que contar una devastadora noticia: a causa de una placa de hielo en la carretera, sus padres habían tenido un grave accidente al cual no habían sobrevivido. A partir de ese momento, toda su vida fue una desgracia tras otra conviviendo con su huraño y violento tío, del cual había escapado en cumplir la mayoría de edad.
Desde entonces, su vida no había tenido más destino que el de alejarse de su único pariente, y tras varios trabajos nada gratificantes a nivel económico, se había visto obligada a llevar una vida de indigente.
Absorta como estaba en su eterna soledad, Elena no apreció como de pronto un coche paró junto a ella y del cuál bajó una joven pareja, en apariencia de la misma edad que la sin techo, y que se acercaron sin miedo hacia ella.
- ¿Qué queréis? No llevo nada, no tengo nada
- Elena, ¿eres tú?
- ¿Quién pregunta? -inquirió desconfiada.
- No te acuerdas de mí, soy Lucía, tu compañera de colegio.
La cara de la indigente reflejó una grata sorpresa y de pronto, se iluminó:
- ¿Lucía? Como has cambiado...
- No más que tú. Venga, recoge tus cosas y vente a casa, hoy tienes techo.
Y Elena pronunció un tímido "Gracias", cogió sus escasas pertenencias, subió al coche y, aún impresionada, esbozó una gran sonrisa.

domingo, 1 de marzo de 2009

Las mariposas tienen el tiempo contado


Según cuentan, las mariposas fueron una vez las mensajeras del mundo, porque son su pequeño tamaño podían llegar donde las palabras no tenían su pequeño hueco.
Estas mensajeras eran capaces de recorrer los pasillos, los caminos, las escenas más difíciles con tal de llegar a su destino...
Y el destino podía ser muy dulce, para lo que se enviaba a pequeñas mariposas muy bellas, de colores preciosos que envidiaban la hermosura del arco iris y tenían que huir de las que las pretendían atrapar. O también, si eran portadoras de malas noticias, cómo también eran importantes, se enviaba a las mariposas de colores parduzcos, que pasaban desapercibidas para la mayoría de sus compañeras, y por supuesto, de las personas.
Pero, un día, cierta persona envió una de estas últimas mariposas para demostrar todo su amor, y como tenía miedo de que fuera descubierto, hizo que esta discreta mariposa fuera acompañada de otra de las de colores intensos, para que la atención se centrara en la compañera.
Evidentemente, la de colores del arco iris fue atrapada, y la pequeña castaña, con su buen corazón, fue a seguirla para liberarla y que ambas pudieran llegar a la receptora del mensaje y ver su rostro, sus emociones cuando recibieran el mensaje.
Pero, la mariposa multicolor estaba atrapada entre la envidia, la desesperanza y sentimientos similares, y la pequeña que iba al rescate cargada de amor lucha y lucha por liberarla... Y sigue en ello, pero no en solitario, sino que se le unieron más mariposas de vivos colores para entre todas, liberar a su compañera portadora de amor
Por eso, que nadie se desespere si aún no ha llegado ninguna mariposa hasta su oído a contarle que hay una persona que le está guardando un lugar en su corazón, porque no es que nadie no lo esté guardando, sino que las mariposas están atrapadas entre las garras del odio y tratan de huir.

Espero que pronto se liberen a las mariposas...

Este texto lo he escrito para el fotolog de una amiga y como me ha gustado, pues lo subo también aquí ^^

Besos!