domingo, 15 de marzo de 2009

El viaje

Tras un angustioso viaje entre las aguas turbulentas del dolor, la barca se detuvo en un meandro del río, que ya próximo a su desembocadura, ensanchaba su cauce y templaba sus aguas. No dudé un segundo en apearme de la débil embarcación, en la cual había pasado algunos de los peores momentos que recordaba en mucho tiempo y en los cuales la única melodía que había alcanzado a escuchar estaba originada por el llanto que surgía de mis entrañas como un manantial de incesante caudal.
Una vez fuera de allí, aún con la voz temblorosa, incapaz de pronunciarse respecto a lo ocurrido; y con las piernas aún sin fuerzas para sostener mi desvalido cuerpo... logré buscar un cobijo para pasar la angustia que todavía dominaba mi corazón y así recobrar energía para seguir a pie el resto del camino. Con las escasas posibilidades que mi entumecida silueta guardaba en su interior, caminé lentamente hasta alcanzar la sombra de un tupido árbol bajo el cual me dejé caer y me eché a dormir casi de inmediato.
Aquel fue un descanso muy reconfortante, aún cuando había sido súbitamente interrumpido en más de una ocasión por unos extraños ruidos que surgían de algún punto no muy alejado de mi posición actual. Pero pese a las perturbaciones, me hicieron mucho bien esas horas de sueño con las cuales conseguí recuperar las fuerzas que mi desgarrado corazón necesitaba para continuar su imparable camino hacia un destino del que de pronto hubiera perdido el norte.
Me alcé cuando los primeros rayos de sol rozaban tímidamente mis rasgos y busqué alguna fuente donde poder calmar la sed que las jornadas de incesante llanto había concebido. Noté que la consistencia de mis pasos era mayor gracias a esa noche apacible bajo el follaje y con todo encaminé mis pasos dejándome llevar por mi oído, el sentido más desarrollado de cuantos poseo. No muy lejos de mi anterior situación localicé un pequeño riachuelo que parecía ser afluente del que me había llevado hasta allí, y al verlo claro murmurando una alegre canción de gorgoteos y salpicaduras, me agaché y sumergí mis dañadas manos entre sus aguas, de tal forma que una corriente de vitalidad renovó del oxígeno perdido hasta la célula más remota del organismo. Sacié mi sed sin prisas, nada me inquietaba en aquellos momentos, mi alma estaba en paz.
Pero quiso la casualidad que alzara la vista hacia las matas que había enfrente de donde me encontraba justo cuando allí apareció una mirada que hizo que cada pieza del rompecabezas recuperara su posición, su situación anterior a este intermedio inolvidable a la vez que sangriento para mis sentimientos. Decidida, me alcé de un salto y crucé rápidamente el pequeño afluente en pos de esa mirada.
De pronto, me vi atravesando sin pausa la maraña de hojas que a mi alrededor se alzaba hasta llegar a un claro donde ambos nos paramos vista la inexistencia de una escapatoria.
- Te he buscado durante mucho tiempo.
- Lo sé. He notado tu presencia en todos estos meses.
- Sabes que significas mucho para mí. Necesito una respuesta.
- ¿De veras no la conoces? Te creía más inteligente.
- No para estos asuntos, siempre he carecido de experiencia en cuanto a sentimientos y a su interpretación se refiere. Pero, ¿eres capaz de darme una respuesta?
- Has de buscarla tú misma. Te la puedo dar, pero necesito saber que estás preparada para asimilarla. Yo lo estoy.
- Sólo sé que te amo, te amo desde la partícula más ínfima de mi ser, te amo desde el primer momento en que oí tu dulce voz, te amo por como eres, por quien eres... Tengo miedo del alcance de mis sentimientos, pueden sobrepasarme.
- A eso me refería, no deseo herirte. Eres una frágil pieza de la vida, y ahora quiero que sepas que me tienes para lo que quieras. Pero, todo lo decidirá el tiempo.
- De acuerdo. Sé esperar, llevo muchos años haciéndolo. Eso sí, debes saber que seguiré amándote cada día.
- Lo he percibido desde el primer momento. No soy tonto.
- En ningún momento he pretendido decir eso. Sería incapaz de decirte nada malo, te amo demasiado, pienso en ti cada momento, sueño contigo, hablo de ti, todo me recuerda a tu presencia y a tus actos.
- ... Ahora debo irme. Ya sabes donde encontrarme.
- Como no saberlo. Si cada minuto sin ti se vuelve eterno, ansío que llegue esa hora en la que puedo observar de cerca tu mirada que me embriaga de amor.
- No conoces todo de mí. No deberías decir todo eso.
- No me importa lo que desconozco de ti, sólo sé que te amo, ya te lo he dicho. Pero, no quiero retenerte más si no es tu destino seguir más tiempo en este claro.
Me miró fijamente por última vez con tal intensidad que se me erizó hasta el vello de la nuca. Después, se giró y en un abrir y cerrar de ojos lo perdí de vista.
Ahora ya sabe lo que siento, era lo único que necesitaba hacer... Contarle lo que siento cuando le veo, cuando le oigo, cuando escucho que hablan de él.
Me retiro a mi barca y me deslizo de nuevo por el cauce del río que esta vez me lleva hasta el mar del tiempo, ese que es eterno y perecedero al mismo tiempo.
Abro los ojos y me encuentro de nuevo sobre mi cama, nada ha pasado, todo se ha dicho... Ahora falta llevarlo a la práctica ya que ese ansía de verlo que tengo cuando no está ha vuelto con más énfasis que nunca tras estos días de sufrimiento que habían helado mi corazón hasta que su ardiente mirada derritiéndolo, derritiéndome por él. Siempre por él.

3 comentarios:

  1. Muy bueno y poetico. ¿Nunca has escrito poesia? Creo que se te daria muy bien

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  2. Muchas gracias chicas!

    Tejedora, he escrito pequeñas cosas de poesía, pero me encuentro incómoda con ese estilo. Gracias!

    Strawberry, gracias también

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Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.
Espero que lo que hayas leído haya sido de tu agrado.
Un saludo y hasta la próxima.