jueves, 12 de marzo de 2009

Retorno

Con toda la frialdad de la que fue capaz, abrió los ojos ante la imperante necesidad de saber que sucedía a su alrededor. Sabía que el mundo no se había parado, aunque para ella su movimiento ahora no tenía ningún valor y se resistía a sumergirse otra vez en la rutina.
Le habían arrancado un fragmento de su corazón y aún no era capaz de asumir esa pérdida que sólo el tiempo conseguirá suavizar, pero nunca borrar esa cicatriz que permanecerá indeleble.
Había sucedido todo tan rápido que apenas pudo reaccionar, las palabras se negaron a salir de sus labios y sólo un manantial de amargas y sentidas lágrimas salió de sus ojos buscando la forma de expresar de alguna forma la ausencia. Sabía que tarde o temprano iba a suceder, pero su corazón había albergado la esperanza hasta el último segundo de que no tendría que enfrentarse a esta despedida truncada.
Durante dos eternas jornadas se sumió en una profunda congoja, en un insufrible sufrimiento que trataba de ahogar bajo una máscara de una mal dibujada sonrisa, fácil de sortear a los que tan sólo conocían un resquicio del dolor que embriagaba su herida... Durante este interminable tiempo reconoció ese sufrimiento que había sido presentado por primera vez seis años atrás y que al no ser sanado en aquella ocasión ahora amenazaba con someterla al dictamen del dolor.
Pero, finalmente sale un rayo de sol que atraviesa la noche más oscura, siempre existe la forma de sobreponerse a los sentimientos, puedes enterrarlos y no oírlos o puedes tratar de asumirlos y dejar que el tiempo lime las asperezas de la vida. Además, siempre surge algún motivo por el que sonreír y puede que quien menos esperes haga que te sientas con fuerzas de volver a la vida, no ser más un zombie.
El mundo vuelve a una normalidad aparente, frívola y cercana a una vez.

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