domingo, 5 de abril de 2009

El CuentaCuentos: Caprichos del destino.

Yo sólo quería un café y ¿ahora resulta que su destino está en mis manos?.
El miedo recorría todas las terminaciones nerviosas de mi más que nunca frágil cuerpo, me sentía como una débil rama a punto de partirse por una ráfaga de viento más fuerte que las demás.
Todo había comenzado aquel aparentemente gris y rutinario día de febrero. El ambiente en la oficina estaba muy viciado, era irrespirable con todas esas calefacciones encendidas al mismo tiempo, así que aprovechando el descanso para el almuerzo, bajé a tomar un tentempié al bar de siempre.
Ya las cosas empezaron a torcerse cuando vi que un gran cartel colgaba de la persiana del local con un escueto: "Cerrado indefinidamente por causas económicas". Finalmente la crisis se estaba dejando ver en todas las facetas de la vida, incluso en un simple refrigerio como el que me disponía a tomar hasta que me encontré con el cartel.
Entonces, recordé que no muy lejos había una cafetería donde nos habíamos juntado un día todos los de Administración para tomar algo. La comida no era muy buena, pero según iba yendo hacia allí, me vino a la memoria que el café era magnífico, no el típico de máquina que en cada vez más sitios te sirven a precios desorbitados.
Así que sin más remilgos, avancé más decidida hacia allí, si más que nada la salida era para airearme un poco y que las neuronas respiraran. Cuando abrí la puerta, un joven de aire misterioso me empujó a un lado y sin más dilaciones, abandonó el lugar. Con bastante mal humor acumulado y mal disimulado, me dirigí a la barra a pedir un café de una forma algo más brusca de lo deseado.
- En un momento lo tendrá.
- Vale, estaré en esa mesa junto a la puerta.
La espera se hizo un poco interminable, porque veía que con el cierre del otro bar, había dilapidado gran parte de mi tiempo de descanso en la decisión y posterior llegada a este lugar. Pero, finalmente llegó hasta mi ubicación una de esas amables camareras -de las que cada vez quedan menos- que te hacen sonreír aunque lleves un día pésimo y, ¿por qué no?, también gris como el cielo se había despertado hoy. Me dejó el café frente a mí, la miré brevemente y no sin esfuerzo, esbocé una tenue sonrisa.
- Así me gusta niña, que se te ve estresada.
- No lo sabe usted bien.
- Intenta respirar, que tanto nervio no hace bien a nadie, si vieras lo que pasa por aquí cada día.
- Lo he visto al entrar, un joven me ha empujado sin ningún cuidado - traté de entablar una conversación ligera.
- Sí, ese chico no me ha dado buena espina. Pero nada, ahora tranquilízate mientras tomas el café, que está muy rico. - Me invitó a mirar lo que me había traído con gusto, tenía un aspecto delicioso.
- Gracias - contesté sonriendo. Y le di un breve sorbo al café.
- Bueno niña, me quedaría más tiempo, pero el trabajo me llama.
- Descuide, estaré bien. Y gracias de nuevo
Traté de volver a coger la taza que estaba ante mí, pero me agaché un instante para recoger una horquilla que me había caído poco antes. Y...
(...)
Un gran estruendo procedente de no se sabe donde dentro del local rompió por completo con la monotonía de la mañana. De pronto, todo eran gritos, alarmas y, entre ellos, algún llanto angustiado de quien se veía atrapado.
Me vi a mi misma encerrada entre la mesa y la silla, salvada por ese instantáneo impulso de agacharme. Me zafé de lo que me rodeaba y vi el lamentable estado en que aquello había quedado.
En ese instante oí un quejido procedente de al lado de la barra, armándome del arrojo que habitualmente me abandona, llegué hasta allí y la escena que vi permanecerá para siempre en mi memoria.
Una sucesión de heridas, sangre y más penurias imposibles de describir que se cernían en torno a la gentil camarera que minutos antes había iluminado mi día con sus palabras. Era una de las más afectadas por la explosión y había perdido el conocimiento. Presa del pánico por lo que pudiera pasar, traté de apartar todo lo que allí se hallaba para liberar a la mujer de la súbita cárcel que se había formado.
Vi no muy lejos de mi posición un par más de personas malheridas, y también un hombre de no muy avanzada edad que huía de allí sin más dilaciones.
Descubrí de pronto que tenía que hacer algo, y que mi rostro se hallaba inundado de lágrimas. Traté de alcanzar mi móvil, y descubrí alterada que se había apagado, probablemente sin batería. Me acerqué a los otros dos presentes y vi, que no podrían ayudarme pero no precisaban mi ayuda. Así que esta mujer dependía de mí, su destino estaba en mis manos.
Con una fuerza que nunca hubiera creído poseer, la sostuve entre los brazos y la saqué del local en busca de alguien que me propiciara más ayuda. Afortunadamente, encontré a un joven policía que se había acercado al lugar para tratar de examinar el lugar de los hechos.
Me ayudó a trasladar a la mujer hasta un banco cercano, y allí esperamos la ambulancia.
Mientras, su radio no paró de sonar, dando cuentas y detalles de todo lo ocurrido.
Cuando llegó el vehículo que la recogió, traté de averiguar si era grave, y había tenido la suerte de que no había afectado a ningún órgano vital -según la primera inspección- y que el desmayo habría sido producido por la conmoción.
Afortunadamente, un acto terrorista sin víctimas mortales, un suceso más para engrosar los anales de la historia negra del país.

Con estas palabras terminé mi trabajo sobre la sociedad actual, un paseo poco agradable por la realidad demasiado cotidiana. Esta vez no ha sucedido, pero tantas otras veces lo ha hecho que podía haberlo sido. Y, ¿cuál es la razón de todo esto? La desconozco.
Sólo sé que la barbarie nunca tiene límites.

5 comentarios:

  1. estremecedor relato.... desgraciadamente muy real, demasiado....

    besine sembrujados

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  2. Siento no pasarme en todo este tiempo . Los textos que publicas son preciosos...Umm , me voy a pasar porla web del Cuentacuentos...¡Hoy tengo ganas de leer :) !

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  3. Está muy lograda la sensación, queda claro que sabes como transmitir las emociones de los personajes.
    En cuanto al tema.. es una realidad lamentable a la que nos enfrentamos cada dia.
    Un beso, san!

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  4. Muchas gracias a los tres...

    Brujita, demasiado real, sí :S

    Princces (ya me entiendes), encontrarás muy buenos blogs en El CuentaCuentos ^^

    Fidel, muchas gracias, me alegro de haberlo conseguido (no lo tenía claro)... Cruda realidad de cada día :S
    Besos también para ti!

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  5. http://realidad-literaria.blogspot.com/

    Es un proyecto ambicioso.. pero creo que te encantará. Y me haria mucha ilusion que quisieras participar ^^
    Un beso

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Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.
Espero que lo que hayas leído haya sido de tu agrado.
Un saludo y hasta la próxima.