viernes, 17 de abril de 2009

Historia de un absurdo

Pese a todo seguía sin saber que hacer, la situación ya rozaba los límites del absurdo. Tantos meses igual, tantas oportunidades desperdiciadas que pasan al olvido, tantas palabras malgastadas para al final no decir nada.
Trataría de buscarle una explicación, me excusaría con motivos tales como el miedo al ridículo o mi escasa -nula- autoestima, pero ¿serviría de algo? Lo dudo mucho.
Le doy vueltas y más vueltas a la cabeza, pensando como abordar el tema antes que me desborde y sea demasiado tarde para cualquier decisión. Me doy cuenta que tengo ideas de chiquilla, que me falta madurez para estos llamémosles problemas y que prefiero construir un castillo en el aire a una modesta choza en tierra.
Le busco los porqués a esto, y de nuevo me encuentro dándole vueltas a la cabeza en una rueda que espero tener fuerzas para parar en algún momento.
Observo sin hablar, leo algunas cosas que me alteran -y no debiera, no tengo derechos-, sin declarar cuáles son mis sentimientos, ni como ellos afectan a la faceta más privada de mi ser hasta llegar al instante en que mis pensamientos se han convertido en un monotema de forma ridícula.
Hay quien lo llama amor, pero también decir que corre el riesgo de convertirse en obsesión...
Sigo sin saber que hacer, aunque realmente es más un "saber como" que un "saber que".
¿Cómo se dice Te quiero?

[Publico este relato semanal de El Rincón de la expresión, que no me gusta como ha quedado... pero bueno]

Besos

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.
Espero que lo que hayas leído haya sido de tu agrado.
Un saludo y hasta la próxima.