viernes, 29 de mayo de 2009

El saquito

Al nacer me dieron una pequeña bolsita que llevaba un regalo muy valioso que debía conservar hasta que encontrara a la persona que merecía compartir mi regalo con ella, y aún así, me dieron un último consejo, no le des toda tu bolsa, puede haber más de una persona especial y si es necesario, no dudes en reclamar tu parte, pues a todos se les entrega un saquito igual que el que ahora tienes sobre tus manos.
Era un tesoro que decidí proteger con mi vida y mi integridad si era necesario, pues cuando terminara la bolsita, no tendría más y si lo derrochaba perdería su valor de inmediato.
Pasaron años y penurias, alegrías y sufrimientos... y decidí poco a poco ir repartiendo su contenido.
¿Y qué llevaba? Pues de lo más importante para una persona... AMISTAD

¿Te ha llegado tu parte? Espero que sí y que valores como el pequeño saco ha decidido elegirte entre los destinatarios de tal cualidad.

Disfrútalo y aprovecha al máximo tu bolsita, recuerda... sólo tenemos una, y ¡es de gran valor!

martes, 19 de mayo de 2009

Cómplices de sonrisas

Y de repente sentí ese pinchazo en mis mofletes, y ambos tiraron de mis facciones hasta formar una sonrisa. Una sonrisa de complicidad, un momento de jovialidad, un instante de extraña intimidad.
Cada momento compartido se tornó inolvidable, cada segundo de esa sonrisa fue un gran segundo, un gran momento. No sólo había una sonrisa sobre mi rostro, también sobre mi corazón.
Todo en ese momento tomó un matiz distinto, y un día nublado lució con la plenitud del sol veraniego. Una jornada rutinaria pasó de ser un día a ser EL día.
Hay que ver lo que puede hacer una sonrisa... y cuando pierde el son para convertirse en risa, compañeros de miradas junto a casualidades en las que nunca creí.
Hoy es un buen día para sonreír, recuerda como se hace: Estira los labios hacia los lados, hasta que no puedas más; cúrvalos hacia arriba y abre un poco la boca, que se vean los dientes. ¿Sigues los pasos? Muy bien, ahí tienes una sonrisa.
Ahora recuerda cada una de las razones que te hace mantenerla y conseguirás lo que algunos llaman alegría y si es compartida, complicidad.
¡Sonríe! Deja a un lado los malos momentos.
¡Sonríe! Y piensa en todo lo que te hace ser feliz
¡Sonríe! Cómete el mundo con patatas y olvida los qué dirán
¡Sonríe! Y demuestra quien tiene ahora el poder

jueves, 14 de mayo de 2009

La balanza emocional (?)

Sonaba de fondo un llanto infantil. Se percibía en el ambiente una nota de terror. Se oía el temblor acelerado de un corazón testarudo. Sólo una persona era capaz de provocar tantas sensaciones -y tan diversas- entre la multitud. Únicamente él entre todos sus conocidos tenía la capacidad de ser tan cruel y tan tierno al mismo tiempo. Él.
Pese a todo, ella desatendió el impulso de su sentir y se acercó al niño que estaba agazapado en un rincón de la estación, temblando de miedo ante su sola presencia. "No llores pequeño." fue lo único que se pudo oír antes de que una sonrisa inundara su rostro y calmara al niño entre sus brazos. No sólo él era especial.
Ambos se complementaban, el mal y el bien, él contagiaba su entorno de miedos; ella los aliviaba con su aura de tranquilidad, tan amable siempre.
Nadie comprendía como habían acabado juntos, sólo se sabía que el poder de uno no afectaba al otro y viceversa, eran libres de sentir cuando estaban unidos... y siempre lo estaban, hasta en la más absoluta intimidad.
El niño comprendió que a su lado había alguien especial, que era más que una simple adolescente, sus ojos castaños destilaban serenidad, y bien sabía que esa no era una cualidad común en alguien tan joven, pues no podía tener más de dieciséis o diecisiete años.
De pronto una antigua leyenda vino a su memoria, era aquella que tantas veces le había contado su abuela en las noches de plenilunio cuando sin saber por qué, estaba más alterado de lo habitual.
Contaba la leyenda que en un lugar desconocido nació una vez una pequeña cuyo destino sería preservar la calma a través de los tiempos, como tantas generaciones antes había sido necesario. Nació en unos tiempos en los que la civilización había avanzado hasta confines antes nunca conocidos, y en medio de tanta revolución, surgió una semilla que trataría de recuperar el orden perdido. Su belleza sería incomparable, como su sencillez y la grandeza de su corazón. Su nombre: Mae
Pero, el niño no era el único que estaba recordando viejos relatos, Mae también había percibido algo extraño en su aura, y su mente había vagado entre recuerdos hasta encontrar la pieza que faltaba en el rompecabezas.
Hubo un tiempo en que el equilibrio entre bien y mal se había decantado a favor del mal, y para ello, debían de nacer quienes recuperaran el peso perdido por el bien para que la balanza fuera justa. Una de esas personas nacería fruto de la serenidad -ella misma- y otra, años después, de la ingenuidad nacería otro niño que llevaría el nombre de Buhna y cuyos rasgos denotarían por siempre las virtudes de la infancia, que sólo cambiarían con el clímax del ciclo lunar: el plenilunio. Pero, las fuerzas del mal también quisieron poner su granito de arena y enviaron a Gyro al mundo con ella, y su espíritu estaría formado por el miedo que invadiría a quienes junto a él se detuvieran.
Ahora, todo tomaba forma, las tres claves del mundo se habían encontrado por fin después de tantos años y estaba escrito que ellos -Mae y Gyro con la inestimable ayuda de Buhna- cambiaran los valores de la realidad y retornaran el mundo a su equilibrio.

viernes, 1 de mayo de 2009

Soñando globos

Recuerdo el momento como si fuera ayer, y puede que no haya pasado tanto tiempo, pero ¿qué es realmente el tiempo? Nada más que algo subjetivo, un elemento caprichoso con el que debemos lidiar día a día.

Era una de esas niñas de amplia sonrisa dibujada en el rostro, una pequeña luz que trataba de brillar en una galaxia colapsada de estrellas. Quizás debido a este sentimiento, a sentirme tan menuda en un mundo hostil y demasiado grande, quise comprarme alguno de esos globos que como siempre sale en las películas, te suben y te aportan una visión del mundo desde otro angulo, diferente a todos los conocidos. Eran esos globos que todos tenían en un momento de la vida, los imprescindibles para vivir.

Cuando los tuve en mi mano -aún recuerdo la sensación- me sentí distinta, un arco iris de forma indefinida estaba coloreando mi mundo y sumiéndome en una nueva realidad difícil de creer para la niña que era entonces.

Flotaba, flotaba y me dejaba arrastrar por esos sueños de grandeza que tantos niños tienen -y de los cuales no formaba una excepción-. No era presuntuosa, pero sí soñadora y mi mayor deseo era perseguir esos sueños hasta las últimas consecuencias, poder llevar a cabo esas fantasías que llenaban mi mente de ilusión y construían unos muy bellos castillos en el aire.

Nada perturbaba mi tranquilidad en aquel espacio, varios metros por encima de la realidad, hasta que un día me crucé con algo -nunca supe qué- que ¡puff! ¡puff! pinchó dos de mis siete globos. De pronto, me vi envuelta en una turbulencia que me hizo apreciar la vida más cerca del suelo y ver por primera vez los peligros, darme cuenta de que los sueños, sueños son y nada más.
No estaba preparada para caer tan pronto, y tras una brusca caída, logré remontar el vuelo con los cinco globos que aún quedaban en mi mano, esperando cumplir alguna ilusión.

Y pasaron los años manteniéndome a flote entre tres globos -algunas personas me pincharon los otros dos en momentos de debilidad-. Los sueños se iban desinflando, pero pese a todo conseguía mantenerme con ellos.

Pero, no eran esas las mayores dificultades en las que me vería envuelta. Un día, el globo más grande, en el que me había estado refugiando muchos años se me soltó de la mano y tomó su propio rumbo, abandonándome a mi suerte en un "¡ahí te quedas!" y evidentemente, con dos sólo me quedé.

Cada vez estar en esa posición privilegiada, luchando por la vida, se hace más difícil. No hace mucho, me di cuenta de que uno de los dos globos estaba perdiendo presión, porque el gran globo le tenía envidia y lo había dejado más expuesto al sol para que su goma se viera perjudicada por los rayos UVA que tanto incidían en aquellos días en los que me abandonó.

Así que ahora estoy amarrada a mi último globo, al último sueño de cuantos de pequeña había tenido, no me atrevo a bajar a por más por miedo a que este desapareciera y abandonara con él a aquella niña que una vez fui.

Situación conflictiva, acabo de ver al vendedor de globos, está pocos metros más abajo de mi posición y no sé como alcanzarla atada como estoy a mis recuerdos de infancia que se contienen en ese último globo. No sé si bajar en su búsqueda, debo superar el miedo que me produce dejar ir a mi pequeña mancha blanca que tantos años me ha acompañado con su presencia.

Tal vez, sólo tal vez, si aflojo un poco el nudo del globo pueda bajar y alcanzar mis nuevos sueños, los que necesito ahora para vivir.

Además, veo que no muy lejos de mi posición hay un par de personas que parecen hallarse en la misma situación, no saben si bajar o quedarse. Y... ¡no hay suficientes globos para todos! Alguien quedará sin ellos.

Soñando globos, globos con sueños... ¿y, quién bajará a por ellos?