viernes, 26 de junio de 2009

Desenfreno

El sol reflejaba en las lágrimas que resbalaban por sus mejillas. Mientras, se alejaba de la muchedumbre, que era más pronto podredumbre por los efectos del alcohol sobre los frágiles cuerpos de ellas, los marchitos esqueletos de ellos. Además, a su alrededor, se alzaban montañas de escombros, restos de una noche desenfrenada y que ahora se apilaban como si de un naufragio se tratara.
No, ella no había formado parte de ese tumulto, tan solo había ido a buscar a una amiga por petición expresa de la madre de la joven que la había tratado de engañar asegurándole que iba a dormir a casa de otra chica y al no contestar a las enésimas llamadas al móvil, estaba desesperada y había acudido al único lugar donde se desahogaba.
Así, había comenzado la búsqueda.
Tan pronto tuvo consciencia de la desaparición de su amiga intuyó cual había sido el truco y se encaminó hacia ese vertedero en el que se había convertido la habitualmente apacible playa. Había peinado un buen trozo de la arena, desde la orilla hasta donde la arena formaba unas dunas de residuos. En ese momento, creyó reconocer a su pequeña duendecilla -como habitualmente la llamaba-, pero tan solo fue un error... tantas jóvenes idénticamente vestidas, presas de la inconsciencia borreguil y sus aires de soberbia y malgastada seducción.
Comenzaban a caer los rayos del sol y de pronto, sobrevino la desolación y las dudas, los miedos... ¿estaría en un hospital? ¿en la casa de un desconocido? Sabiendo su poca habilidad en el nado... ¿se la habría llevado la marea?.
Estas preguntas comenzaban a venirle cada vez con más frecuencia y formaban un murmullo inaudible para el resto de las personas pero arrollador para ella. Nunca se había separado de su amiga, en 22 años siempre habían estado juntas... a excepción de la pasada noche, cuando hipnotizada por no se sabe el que, decidió mentir a su madre y acudir a ese arenal en busca de fiesta y también de borracheras.
El miedo se apoderó de la joven cuando a lo lejos advirtió un cuerpo inerte que se alzaba junto a una hoguera de la que solo quedaban las brasas. Era ella sin duda, no había error posible.
Corrió, corrió hasta quedarse exhausta y alcanzar el cuerpo de su compañera de fatigas. En ese momento, todos su temores se hicieron realidad. La cogió del brazo, le buscó el pulso y tan solo encontró un débil latido que apenas encontraba respuesta.
Sin perder un segundo y sacando fuerzas de donde se habían derrumbado, llamó al servicio de emergencias primero y a la madre de la chica después. La segunda quedó sin habla al conocer la noticia de la mano de la voz entrecortada por las lágrimas de quien se la transmitía.
Los minutos que pasaron hasta que llegó la ambulancia se le hicieron eternos. Se acurrucó junto a su amiga, cantándole al oído todas las canciones que habían compartido desde pequeñas, desde las de los dibujos animados de la infancia hasta otras como "La playa" -curiosa paradoja-.
De pronto, una sirena atronadora rompió el silencio reinante entre los montones de basura y los cuerpos desmayados, hastiados de alcohol y quien sabe qué más. Rápidamente, dos camilleros la recogieron de la arena y la introdujeron con prisas en el vehículo en cuyas puertas se podía leer SAMU. Le ofrecieron acompañarles al hospital, pero en ese momento llegó la madre que había localizado el lugar de los hechos gracias a las luces de la ambulancia.
No le pareció oportuno entrometerse en un momento tan íntimo, ella ya había compartido los instantes anteriores y ahora era el momento de quien la había traído al mundo, también quien si nada cambiaba, la vería marcharse. No, ella iría a su casa para recobrar fuerzas mínimamente de la desesperanza y ya después iría al hospital... Al fin y al cabo, ¿qué podía ella hacer?
Así que se despidió brevemente de la madre, depositó un beso en la frente de su amiga y se marchó sola a través de la playa.
Sólo la acompañaban las gaviotas en busca de carroña y las lágrimas que brotaban sin tregua de sus ojos.
Horas después recibiría una llamada en su teléfono móvil, su amiga, su compañera, su alma gemela había muerto... Y todo perdió el sentido.

3 comentarios:

  1. Precioso^^ Es para lo del taller, verdad??? Me gusta, va a ser un desafío interesante^^

    Ains, a ver si poco a poco me recupero del golpe y porrazo que he sufrido y sigo adelante, que vaya u.u"

    Besotes^^

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  2. Muchas gracias, sí, es para lo del taller (Aprovechando el relato semanal)

    Venga, que sé que puedes ^^

    Besos manita!

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  3. Es muy bonito...Últimamente he estado desaparecida de Blogger...pero ya he vuelto XD

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Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.
Espero que lo que hayas leído haya sido de tu agrado.
Un saludo y hasta la próxima.