lunes, 15 de junio de 2009

Tempus fugit

Sentía el sol en su piel, el agua en la lejanía y la brisa sobre sus cabellos. Cada día resultaba más y más difícil convivir con ese sentimiento que amenazaba con destruirla desde dentro. Sabía que era lo que debía hacer, pero le aterrorizaba el ridículo, el eterno ridículo. Le gustaba observarlo desde la lejanía y deleitarse con el suave timbre de su voz, pero lo veía tan y tan inalcanzable que ese amor progresivamente se convertía en agonía... una lucha por algo que sabía que nunca le pertenecería: a su modo de ver no era digna de los dones que el destino -en el que paradójicamente, no creía- había depositado sobre su esencia masculina.
Un día decidió que ya no valía la pena sufrir más y se arrojó al vacío. ¿Por qué? se preguntaron tantos espíritus libres, porque nadie le había enseñado a ser valiente y el peso de sus miedos acabó por sumirla en una espiral de locura. Sabía -o creía saber- que pocos iban a echarla de menos, que su ausencia connotaría únicamente un vacío fácil de reemplazar.
Se cansó de luchar sin iniciar batallas, no era chica de acción, no había nacido para pelear por sus deseos y se había unido al bando de los vencidos sin defender colores ni ideas.
[...]
Se produjo un gran silencio entre los presentes y, de pronto, una pequeña niña que nadie conocía leyó una nota con una voz suave pero profunda:
"Carta abierta a los desertores de la vida:
Nunca encontré mi lugar, ni tampoco lo busqué. Pasé sin pena ni gloria y no deseo recordar ni ser recordada. Borrad mi voz, mi imagen de vuestra memoria y nunca más volváis a querer saber nada de mí.
No merece la pena que una existencia tan banal perdure en los recuerdos de ninguna persona.
Mi nombre se perderá con el viento y los miedos que me hicieron volar se esfumarán en una niebla difusa.
No volveré a despertar, no volveréis a saber de mí.
Os regalo todo mi cariño para que lo dispenséis a quien lo merezca.
Atte: Aquella que dejó sus lágrimas correr y su vida pasar. Sin nombre."

De nuevo se hizo en la sala un gran silencio y se cernió sobre los presentes una pesarosa oscuridad.
[...]
Pasaron meses y, efectivamente, como había deseado, los recuerdos más vívidos se habían difuminado formando parte de una masa heterogénea de pensamientos y sensaciones.
Nadie vio la sombra de quien un día entregó su vida cansada de batallar contra sí misma.
Pero allí estaba, observando como finalmente había sido valiente en dejar el mundo y su hueco para alguien que lo necesitara.
Dio media vuelta y se adentró en el valle del olvido.
[...]
Muchos años después, una mujer de voz suave y profunda cerró los ojos, dejando que el recuerdo de aquella muchacha se perdiera para siempre.

Vida sin logros, muerte sin recuerdo: existencia efímera.

1 comentario:

  1. Pero manita... Si la mala leche la traigo yo de fábrica xDDDD

    Besotes

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Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.
Espero que lo que hayas leído haya sido de tu agrado.
Un saludo y hasta la próxima.