lunes, 27 de julio de 2009

Carrera o decisión inesperada

Todos en sus puestos. El pato parece asustado, no es el único. Más animales se muestran indecisos, la tortuga entre ellos, las carreras no son lo suyo y odia las presiones. Sólo uno de los presentes se muestra dispuesto a empezar, la liebre.
De todos es sabido que el veloz animal es un rival difícil de batir, cuando toma partido en alguna acción, la lleva a cabo hasta sus últimas consecuencias.

Pero... ¡oh, sorpresa! Ésta no es una carrera convencional y la meta es más atípica aún si cabe. No es una competición individual que mida velocidad, rasgo u otra cualidad; necesita de la colaboración de todos los asistentes para que el recorrido se pueda completar, y la liebre poco puede hacer si de un colectivo se trata, aunque su papel en la carrera sea relevante.

La decisión es sólo uno de los factores necesarios, imprescindible sí, pero inservible si se encuentra a su paso trabas y trampas en forma de miedos, lentitud y/o torpeza en encontrar las palabras.

Se oye un disparo. La competición ha comenzado y el tiempo es limitado. La liebre pronto se encuentra sola y nada puede hacer para continuar si no tiene a nadie a quien dar el relevo.

Una decisión no sirve de nada si no va acompañada de valentía. Para qué sirve ser decidido si luego no se dispone del arrojo necesario para llevar esa decisión a cabo.

[Por terminar]