domingo, 18 de octubre de 2009

El tiempo pasa (en balde)

Si tan sólo pudiera escribir estas frases sin hacer trizas mi corazón en cada una de ellas, ya me daría por satisfecha. Porque no es dolor lo que siento, sino lo siguiente... (Una sensación de mil puñales al rojo vivo que juegan con mi corazón a ver cual lo daña más).
Me he dado cuenta con el paso de estos ya 7 años, que no he podido ni querido crecer, ese día dejé de ser una niña, pero desde entonces no he cambiado en lo más mínimo.
Los miedos que pesaron sobre mí el ya lejano y al mismo tiempo cercano 18 de octubre de 2002, no se van... en todo caso, al darme cuenta de como es realmente la vida, han crecido conmigo.
Y, ¡basta de hablar de mí! No es por mí por quien siento todo este conflicto de emociones que tanto me lastima... Es por aquella persona que ha sido la que más me ha marcado en toda mi existencia: mi yayo.
No puedo soportar no tenerlo a mi lado, aún hoy, tantos años después, sueño con que al levantarme una mañana, descubriré que soy aquella niña de casi 10 años y que todo lo pasado sólo ha sido una noche muy larga de la cual habré despertado con una sonrisa.
Pero soy consciente de que los sueños, sueños son y que nadie le reemplazará. Que ese espacio de mi corazón quedará inánime para siempre... que nunca podré querer a nadie con todo el corazón, porque siempre tendré un lugar muy especial reservado para él, para quien me enseñó lo que vale la vida y los motivos por los que luchar por ella.
Me duele sobremanera cuando trato de recordar su voz y no lo consigo, la olvidé hace ya mucho tiempo... las lágrimas brotan y no pienso frenarlas por una vez en muchos años. Veo su eterna sonrisa en fotos que evocan mil momentos, y no soy capaz de pensar en otra cosa... ojalá estuviera hoy aquí conmigo para así poder crecer a su lado.
Porque una parte de mí murió aquel día, y no volverá. Por muchos años que pasen, no volverá.

[No sigo, no puedo]

miércoles, 7 de octubre de 2009

Otro día más, otro día menos.

Pasan los días y de pronto nos damos cuenta de que el reloj con el que contamos en tiempo vivido cada vez muestra un número mayor y así también, que la cifra parece crecer más rápido a cada vez.
Te levantas y miras las horas que llevas gastadas, y... en un suspiro, te encuentras con que ese día llega a su fin y apenas has disfrutado de otro día de la que es y será tu efímera existencia.
Y es cuando te paras a reflexionar en el paso del tiempo cuando te das cuenta de lo absurdos que son algunos comportamientos y de las tonterías que cometemos día a día.
Malgastamos el tiempo con personas que no lo merecen, pasas las horas haciendo cosas que no tienen ninguna aplicación práctica. Está claro que no vamos a convertirnos en unos seres monótonos, que hay que vivir... pero, hay que aprender a vivir.
Saber mirar atrás y a tu lado, ver que los sueños, sueños son y darse cuenta que no vale la pena dejar que pasen las horas de tu vida en algo que no va a llevarte a ningún lado.
Miras otra vez el reloj y te sorprendes que en el transcurso de esta reflexión se te ha ido otro instante, otro momento de tu existencia que no volverá.
Y, no vale la pena ahorrar para el futuro, sino aprovechar cada momento... el célebre carpe díem tan utilizado en literatura. De pronto, te das cuenta de las realidades que se hallan ocultas entre las palabras de tantos autores y que habían resbalado ante ti durante tanto tiempo, ese tiempo que no volverá.
Comprendes de pronto que si te sumerges en una espiral, habrá un momento en que tendrás que salir de ella, y mejor así si lo descubres antes de abocarte a ella y que no haya remedio posible.
Me he dado cuenta demasiadas veces a lo largo de mi -corta- vida que a las personas nos atraen las causas perdidas y que, sin embargo, huimos del camino despejado que se presenta al frente. Y, pese a la atracción, no pienso dejar que más tiempo -tan necesario en otras actividades- se pierda en un deseo onírico que no se cumplirá.
El tiempo es oro, y el oro muy valioso. Además, con ese oro puedes adquirir momentos que sean más gratos que los que dejas atrás...
Mira hacia delante, y disfruta del presente. Una vez lo estás haciendo, ya forma parte de un pasado que no volverá y el futuro será un presente que te permitirá vivir nuevas experiencias.


PD: Esto es parte de lo que hace evocar a Momo

jueves, 1 de octubre de 2009

Social net

Por una vez y que no sirva de costumbre, voy a escribir la entrada de otra forma.
Intentaré ser más objetiva en las descripciones y dejar menos mis emociones al descubierto (No prometo conseguirlo). Aunque, quizá sea un poco diario...
Bueno, resumiendo, tomo mi propia voz.
En este último año, o a mí me lo parece así, el auge de redes sociales como el tuenti ha sido espectacular. ¿Motivos? Seguro que encontramos cientos de ellos, desde el probar una función nueva en Internet, fardar con los conocidos -la palabra amigos está siendo demasiado frivolizada-, o enterarte de encuentros entre compañeros; por citar algunos ejemplos.
Pero, a raíz de ello, es posible encontrar a personas que creías desaparecidas. De pronto, tienen el susodicho tuenti (no me pagan por hacerles publicidad, es por citar la red que más utilizo). Y, en ese momento es cuando percibes el paso de los años. Personas que recordabas como niños en lagunas difusas de la memoria, vuelven a tu paso como adolescentes plenamente formados a los que reconoces buscando la etiqueta que cae sobre dicha persona.
Para que luego diga mi profesor de Filosofía que las personas no se pueden etiquetar. Usa tuenti, amigo.
Bueno, retomemos este hecho. Sorprendentemente, todo el mundo se une de nuevo y forma la red. Nadie es lo que parece y nada guarda las apariencias de antaño.
Eso por citar algún uso curioso de los perfiles en "Amigos de amigos". ¿Son estos mis amigos? No, tan sólo conocidos que vuelven a tu vida como completos desconocidos de los que habías olvidado hasta el color de los ojos.
A veces te llevas gratas sorpresas, otras algún disgusto...
Hay personas que encuentran el valor perdido en forma de mensaje privado, otras intentan proposiciones decentes, o indecentes también.
Está claro, hablo de la gente adscrita a esta extraña secta -cada día somos más- en el que las mentiras están a la orden del día y se entra como en los grupos más extremos: Un miembro te envía una invitación, porque le has caído bien, porque...
¿Quién sabe? ¿A dónde iremos a parar con esta nueva forma de ver el mundo?
También destacar la función social que a veces -las menores- desempeña. Difundir hechos escabrosos que se emborronan junto con mil tonterías; hablar con alguien que vas a conocer el breve, lo que ha llevado a resultados gratos y no tan gratos.
Red social, cada vez más adscritos, cada vez más hilos para agrandar el ovillo... ¿Falta alguno? Probablemente. Quizá sea el más inteligente al apartarse de estas artimañas.
Para mí, es tarde. Caí en sus garras.