jueves, 31 de diciembre de 2009

Libros 2009


Siguiendo la idea de [info]isi-05x3  que tiene en su LJ la meta de 60 libros en un año, voy a crear la lista de los que leo durante este año (desde 01-01-09 a 31-12-09), pero sin metas, sólo por ver cuantos leo. Espero que no te moleste Isi ^^
Últimamente me ha pegado el punto lector (creo que lo uso como refugio, porque el hecho de leer en los recreos creo que dice bastante...  también me relaja mucho)

Bueno, ésta es mi lista...

1- Los girasoles ciegos - Alberto Méndez
2- Canciones de amor en el Lolita's Club - Juan Marsé.
3- Crepúsculo - Stephenie Meyer
4- Luna Nueva - Stephenie Meyer
5- El árbol de la ciencia - Pío Baroja
6- Eclipse - Stephenie Meyer
7- Alas de fuego - Laura Gallego García
8- Campos de fresas - Jordi Sierra i Fabra
10- Cicle bis - David Duran
11- Marina - Carlos Ruiz Zafón
12- Una imatge no val més que mil paraules - Jesús Tusón
13- Las hijas de Tara - Laura Gallego García
14- Amanecer - Stephenie Meyer
15- Vicente y el misterio del escritor informal - Sara Sánchez Buendía
16- Le petit Nicolas et les copains - Sempé / Goscinny
17- La tierra herida - Miguel Delibes / Miguel Delibes de Castro
18- Harry Potter and the prisoner of Azkaban - J.K.Rowling (Versión original inglesa)
19- Diario - Ana Frank
20- El principe de la niebla - Carlos Ruiz Zafón
21- Una breve historia de casi todo - Bill Bryson
22- La sombra del viento - Carlos Ruiz Zafón
23- Momo - Michael Ende
24- Cuentos crudos - Ricardo Gómez
25- Tres metros sobre el cielo - Federico Moccia
26- Melocones helados - Espido Freire
26- Los hombres que no amaban a las mujeres - Stieg Larsson
27- La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina - Stieg Larsson
28- El principito - Antoine de Saint-Exupéry
29- Cartes d'hivern - Agustín Fernández Paz
30- La reina en el palacio de las corrientes de aire - Stieg Larsson
31- Cien años de soledad - Gabriel García Marquez
32- La verdad sobre el caso Savolta - Eduardo Mendoza
33- La plaça del diamant - Mercé Rodoreda

domingo, 27 de diciembre de 2009

Visita guiada

¡Bienvenidos señores y señoras! Hoy les vamos a ofrecer una visita única e irrepetible, que esperamos sea de su agrado. Para ello, les rogaremos apaguen sus móviles y presten atención con sus cinco sentidos, pues palabra que no escuchen, detalle que se pierden. Gracias y disculpen las molestias que este pequeño inciso pueda ocasionar en el desarrollo normal de la visita que ahora inician
Primero de todo, informarles del objetivo al que está destinada esta cita con cada uno de ustedes. Se trata de un viaje de observación minuciosa... al interior del alma que escribe en este blog que ahora mismo tienen delante suyo. Quizá nos tachen de locos, pero al no ser una novedad, pueden hacerlo sin temor a ser reprendidos. Quizá ahora mismo pulsen la pequeña cruz que cierra la ventana y decidan quedarse sin leer lo que ahora sigue, sin realizar la visita que les hemos prometido. Es su decisión, y no les vamos a recriminar si esta es su opción.
En el caso de que decidan continuar, síganme, vamos a comenzar con una pequeña reseña histórica que les sitúe.

Todo empezó hace diecisiete años, una niña regordeta, algo larguirucha y muy llorona llegó a este mundo tras ocho meses y medio de gestación en el vientre de su madre. No ofreceremos más detalles de este punto, dado que fue un parto sin complicaciones y no merece de su atención.
Sin que nadie se diera cuenta, la pequeña fue creciendo y enfrentándose a los obstáculos que le tenía reservado el mundo, y que poco a poco forjaron su débil espíritu, al mismo tiempo que creó una primera barrera hacia el exterior que hizo que muchos dejaran de verla con todos sus matices y tan sólo se centraran en el físico (con lo que rápidamente la desechaban). No fueron momentos fáciles y hubieron más llantos que otra cosa a lo largo de estos primeros años de existencia. Pero, de nuevo son unos recuerdos que procederon a saltar y que, tal vez tengan cabida en una visita futura (les avisaremos si se incluye en la programación).
De esta forma, y con muchas decepciones que acabaron adentrándola en el mundo de las letras, la niña fue creciendo y convirtiéndose en una adolescente insegura que se escondía tras un velo de simpleces y, en ocasiones, frialdad. Se acabó una etapa y comenzó otra que habría de revolucionar hasta los cimientos de esa niña que se había escondido detrás de demasiadas barreras, que de pronto comenzaron a temblar por la llegada de nuevos elementos a escena.

Comienza la visita al alma, y con ella los sentimientos y pensamientos, de aquella que les ha ofrecido textos y reflexiones varios en aproximadamente año y medio.
Entren por la puerta situada a la izquierda, está habilitada especialmente para la ocasión y creo que les permitirá obtener una panorámica más amplia de lo que ahora mismo les detallaremos. Sí, por aquí, síganme.
Como verán, la estancia se subdivide en muchos departamentos, de diverso tamaño e importancia, al mismo tiempo que de diversos colores, que nos van a ayudar a explicarles mejor la visita.
Observarán a primera vista este gran espacio de color azul cielo y que inspira tranquilidad (sí, los visitantes de más atrás lo verán de otro tono, no se preocupen, cambia con la perspectiva). Ésta es la sección dedicada a la familia, y que debe su color a que se trata de mantener la armonía con ella, aunque no siempre sea fácil. Miren si quieren en las paredes, podrán ver diversas fotografías tomadas a lo largo de la existencia de este departamento, el más antiguo e importante. La fotografía central es la más especial, y en la que está presente una persona que lamentablemente ya no se encuentra entre nosotros...
No, no es tiempo de lágrimas y sentimentalismos. Vamos a pasar a la siguiente estacia. Es de color indefinido con detalles de rojo sangre en algunos puntos. Es el departamento de la amistad, el color varía según el estado de ánimo y la sangre quedó ahí como huella de algunos ataques especialmente virulentos que no se olvidarán (y, por ello, quedará siempre ese testimonio). Sólo algunos elegidos pasan aquí parte de su tiempo, es una sección cada vez más protegida.
Van a ver ustedes ahora la zona más velada de cuantas aquí se encuentran. La parte negra. Aquí se recogen los miedos en general, y los secretos que nunca verán la luz en particular. Existe uno de estos temores que prevalece sobre el resto, el miedo a sentir libremente y sin coartarse, el miedo a salir del escondite y mostrar lo que ahora ustedes están visitando. Es una sección regida por la cobardía, y lamentablemente, tiene mucho poder sobre el conjunto del alma.
A través de esta última habitación habrá podido observar que se abría una puerta en un rincón, ¿no?. Por una vez y dada la exclusividad de esta reunión, pasaremos a esa estancia. Entornen los ojos, no deseamos que la luz les ciegue.
¡Ya! Pueden abrirlos lentamente hasta que se acostumbren a lo blanco de este departamento. Les desvelaremos el porqué del color elegido y el significado que tiene (al menos, uno de ellos). Ésta es una zona que cada vez tiene más peso en el conjunto, concretamente desde esa revolución citada en el contexto histórico. Es una sección a la cual que está creciendo día a día, absorbiendo terrenos antes baldíos o pertenecientes a otros departamentos. Y dada su importancia, vamos a ofrecerles una explicación más amplia de esta que del resto de los espacios visitados. Ésta es la parte dedicada al amor, y si es blanca y no roja como se podría imaginar en otros casos, es porque es puro e intenso a partes iguales, además de porque el color blanco tiene otras connotaciones que ahora mismo preferimos no detallar y que, como en el caso de la infancia, tal vez forme parte de otra visita (entrará en el calendario de citas breves). Aquí todo tiene un nombre, todo tiene un significado y la metáfora es la reina del lugar. Por el centro, bajen la vista, pueden ver que está trazado un camino irregular, es el recorrido a ciegas desde el momento en que esta estancia comenzó a ser más y más importante, y tiene segmentos dibujados entre lágrimas y otros entre sonrisas; éstos son sólo algunos de los sentimientos que el amor ha hecho rebrotar en un alma que se estaba enfriando cada vez más después de años de vejaciones.
Es probable que en breve esta última estancia sea más ampliamente detallada, pero la visita de hoy debe de concluir, y lo hará con una visita al pequeño reino de la locura. Entren por esa puerta circular, o triangular, o romboidal... vaya, ya ha vuelto a cambiar de forma. Verán que la psicodelia es la protagonista, y con ella y una gran sonrisa les agradecemos su visita y les dejamos hasta la próxima.
Rogamos dejen su firma en el libro de visitas, así podremos calcular con cuantas personas contamos para la siguiente ocasión.
Muchas gracias y una calurosa despedida desde lo más profundo del alma.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Reflexiones ebrias

Suena una canción, y nadie le presta atención. Es uno de esos éxitos de un verano anterior, tan resabido por todos que ya dejó de tener interés incluso por los fanáticos más acérrimos. Tan sólo es una insulsa melodía de estribillo pegadizo y letras facilonas. Ni tan siquiera los más jóvenes asistentes muestran interés por ella. Ya pasó su momento, lo mejor que se podría hacer para que le quede algo de dignidad es apagar la radio, o cambiar la sintonía a otra con algo más actual. Bueno, dignidad no es que le quede mucho cuando la intérprete que le daba su voz fue acusada de tantos hechos que acabó sus días en un callejón de mala muerte dándose a los vicios.
Tampoco hay nada que a simple vista llame la atención en el bar, uno de tantos tugurios de barrio, en el que la mayor celebración acontecida fue el momento en que uno de sus habituales cayó fulminado como consecuencia de los excesos que había vivido. Sí, ese hombre de tez cetrina y cabello lacio que ahora ya apenas visitaba los recuerdos de sus ebrios compañeros de juergas hasta el amanecer. Era un local pequeño, mal iluminado y peor ventilado, donde los efluvios que emanaban de los baños hacían que ni siquiera los más alcoholizados osaran acercarse.

Todo denotaba dejadez y, finalmente, incluso era cuanto menos repugnante ver las ratas hacerse reinas de las esquinas, aquellas que hasta las cucarachas habían despreciado.

Este era el ambiente cuando entré por primera vez, recuerdo mi primera impresión y como el olor putrefacto hizo que mis sentidos se enturbiaran. No sé el impulso que me hizo adentrarme en ese infierno terrenal, pero supongo que mi infierno personal era equivalente... así que, continué con la certeza de que allí nadie me buscaría.

- ¿Desea la señorita? -fue el saludo que recibí de parte de un tabernero oculto entre capas de suciedad. Al oír señorita, más de un parroquiano se giró a ver si la nombrada merecía la pena, en verme volvieron sus desfigurados rostros hacia las jarras de un líquido indescriptible.

- Sírvame cualquier cosa que me pueda dejar sin sentido.

El tono despreocupado de ese hombre cambió levemente: ¿Está usted segura?

- No me hable de usted, por favor... que no está el horno para bolloss. Y si se lo he dicho, como mínimo dígame lo que tiene.

- Como quieras, pero luego no me vayas a acusar de haberte emborrachado, que no serías la primera. Recuerdo como un día como hoy otra chica me pidió lo que tú, y aún estoy arrepentido de haberle hecho caso. -se ve que el hombre tenía ganas de hablar, no me extrañó por otra parte, los clientes no tenían aspecto de conversadores, es más, me dio la impresión de que uno apenas podía mantenerse en pie.

- Tranquilo, lo que menos tengo ganas es de jaleos. No es día para ello.

Mi interlocutor se sobresaltó: ¿Día? ¡Mierda! Se me había olvidado la fecha de hoy... en fin, tampoco creo que nadie me eche en falta.

- ¿Alma solitaria? Mira tú por donde, no esperaba encontrar otra hoy. Y sírveme, ¡anda!

El hombre me miró por última vez antes de dirigirse a buscar una bebida acorde a mis peticiones. Se detuvo delante de una -de la que no recuerdo ahora el nombre- y, negando con la cabeza, me terminó sirviendo un extraño combinado.

- ¿Se puede saber que lleva esto?

- Lo que has pedido, nada más.

Sin dudarlo, bebí el trago apurando hasta la última gota y, en ver que ningún efecto se producía sobre mi cuerpo, le demandé una segunda copa. La tomé como la primera, y en el intervalo hacia la tercera, le pregunté por la mujer que antes me había nombrado.

- ¿Ella? Parecía una muchacha desvalida, y acabó de tal manera, que me tocó llevarla al hospital. Cuando salió, me agradeció el haber sido capaz de cumplir sus deseos y no negarme a servirle algo como todos los demás habían hecho. En ese momento, sus hechizantes ojos negros me invadieron de un sentimiento nuevo el corazón y, no la pude dejar marchar. De eso hace seis años, y ahora están ella y dos pequeños esperándome en casa. Seguro que en estos momentos, ella no puede ni hacerse cargo de esos chiquillos que imaginamos iban a ser los mejores criados del mundo, en que mala hora le serví lo que me pidió. Ilusiones de juventud, al fin y al cabo; pues, aunque no lo creas, tengo 31 años, así que imagina la situación en la que estaba cuando la conocí.

- Pero hombre, está claro que es fácil decirlo, pero no te hundas. En lugar de eso, ¿sabes que haría en tu lugar? Mandaría a todos estos a sus casas -seguro que tienen a alguien esperándoles- y me iría yo también a buscar a esa familia. Cuida de los pequeños y de ella, y cuando esté mejor, hablad de lo que está pasando entre vosotros. No me creo que esté todo perdido.

- Pequeña infeliz, ¡qué ilusa eres!

- ¿Ilusa? No conoces mi vida, y ahora tampoco importa. Venga -dije alzando la voz- todo el mundo a sus casas.

Hubo un murmullo de indignación: ¿Y eso quién lo dice?

- Yo -contestó el tabernero. Y dirigiéndose a mí añadió: Muchacha, gracias por ayudarme, pensaba que ibas a ser la segunda parte de mi historia.

- Mi alma ya está perdida, al menos haré algo por la de los demás. Y... ¿Feliz Navidad?

- Supongo... Eres bienvenida siempre que quieras.

Me fui tambaleándome un poco buscando algún lugar donde pasar la noche. Y, por no faltar a mi palabra, volví un mes después. Volví y me sorprendí de que aquello era un bar, no el tugurio que había dejado.
¿El espíritu de la Navidad? No lo creo, más pronto una buena reflexión que también es hora de que la vaya haciendo... bueno, todos debemos de reflexionar en algún momento, y éste no creo que sea demasiado malo.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Lápiz y goma


Recuerda cuando no eras más que un inexperto frente al mundo, y no te dejaban dar los pasos con seguridad. Recuerda cuando siempre tenías a alguien a tu lado, que te recogía cuando te caías, que te curaba todas tus heridas.
Piensa en todos esos momentos que pasaste solo o en compañía, todos esos donde no tenías consciencia de la realidad y te equivocabas a cada momento... y no importaba.
Eran esos momentos en los que todo lo que necesitabas para ser feliz era un lápiz, una goma y una hoja de papel. Te podías hartar de hacer garabatos, si te salían mal, los borrabas y volvías a empezar. Cuando empezaste a escribir, también tenías una goma en compañía del lápiz, porque muchas veces no te salía bien la letra, o cometías alguna falta de ortografía, o sumabas mal. Eran momentos felices, donde nada era indeleble y todo tenía la solución.
Y ahora... ahora todo lo que escribes ya no se puede borrar, quedará marca de ello para siempre por mucho que quieras poner un tachón sobre el error y continuar. Porque la vida, cuando creces, está escrita a bolígrafo, y la tinta es permanente. Pesa en la memoria, y escribe cosas de las que no tienes derecho a arrepentirte. Son momentos duros, pues no se te permite equivocarte, sólo tienes un camino, hacia delante... y si te desvías, no puedes volver atrás.
En tu mesa ya no hay gomas, ya no hay lápices. Sólo se amontonan bolígrafos de diversos colores y grosores, que son los que te llevarán al éxito o al fracaso, y no se te permite dudar en la elección del adecuado... pues aún cuando se termine la tinta, deberás continuar con tu caligrafía, la vida no se detiene, y no se borra.
No, estos no son tiempos de borrar los errores.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Tazas de té


Recuerdo como si fuera ayer ese día en que, paseando sin rumbo, acabé en una calle que no conocía. Allí, como por arte de magia, hubo una tienda que me llamó especialmente la atención... desprendía un aroma súmamente atractivo. Haciendo caso por una vez a mis instintos en lugar de a la razón que siempre pone contras a todas mis intenciones, entré sin pensarlo dos veces.
Era un local muy íntimo, apenas unos pocos metros cuadrados de atmósfera densa y vapores penetrantes. Se lo podría clasificar incluso como lúgubre, la iluminación era muy escasa. Pero, en lugar de darme media vuelta y desandar mi camino, me adentré todavía más.
Como en un película de suspense, la puerta se cerró a mi paso, sobresaltándome.
- Pasa sin miedo, te estaba esperando -dijo una voz entrecortada.
Mi sorpresa fue mayúscula y respondí con miedo:
- ¿A mí? ¿No se habra confundido de persona? Nunca he venido antes aquí.
- Ni volverás -me contestó, a lo cual mis ojos se abrieron como platos de puro terror.
- ¿Qué me va a hacer? Por favor, quisiera seguir con vida -supliqué.
Nuevamente me sorprendí, en lugar de contestar como a esa pregunta se correspondía, se echó a reír y me explicó:
- Tranquila, que no te voy a hacer nada. Sencillamente te he dicho eso porque esta calle sólo aparece cuando realmente la persona está muy confusa, y tú lo estás, ¿me equivocó?
Suspirando de alivio, y con las pulsaciones volviendo a un ritmo normal, dije:
- ¡Uff! Gracias, no sabe el mal momento que acabo de pasar. Y sí, no se equivoca... ¿Cómo lo ha sabido?
- Túteame, por favor -me dijo con una sonrisa-. Todo está escrito, mira delante de ti, en la taza de té.
Observé la taza, y me gustó el detalle de que la sombra reflejaba un corazón, pero soy demasiado escéptica a todas estas metodologías:
- No me vayas a decir que te lo han dicho los posos, no me lo creo.
- Muchacha, eres demasiado incrédula, deberías de confiar más en tu entorno, hay detalles que están escapando a tu visión. Y no, no es en los posos, lo he sabido en la posición de esa sombra por la cual has sonreído.
- ¿¡Cómo!?
- Sí, la imagen refleja que tus problemas son de índole amorosa...
- ... Sí, pero es que no puedo hacer nada -confesé con un hilo de voz.
- ¿Tan segura estás de ello?
- Sí -me reafirmé, pese a lo embarazoso de la situación.
- Mira de nuevo, acércate a la raíz de tus miedos.
Adelanté un paso y miré de nuevo la taza con más precisión. De pronto, toda esta visión se tornó borrosa y, al poco, toda la imagen cambió.
Estaba sobre mi escritorio, me había dormido... Pero, allí estaba mi taza de te, mostrando una sombra con forma de corazón allá donde asa y cuerpo se unen formando uno.
¡Qué sueño más curioso!
Una voz susurró en mi mente: ¿Estás segura de qué ha sido un sueño?

lunes, 7 de diciembre de 2009

Instantes


El reloj pronto volverá a marcar el paso del tiempo, ese tiempo que se va y nunca volverá, ése que nos hace vivir -o morir en vida-. Las manecillas avanzan sin detenerse, sin importarles si estás o no preparado para seguir, sin preguntarte si necesitas parar a tomar un respiro, no, nunca se preocupan por ti.
Y, te quedarás ausente, inconexo a la realidad si decides descansar, porque el reloj no estará a tu lado para marcarte el paso de ese tiempo que continuará sin fin, sin fin y sin ti.
Así que agárrate fuerte a cada minuto, a cada segundo, porque es lo único que queda al final. Y, vívelos, porque luego no volverán y te arrepentirás de haber dejado pasar las oportunidades de tu vida, esos instantes que podrían haber cambiado tantas cosas, que dejas pasar por miedo o mil otras razones y que luego te remuerde la conciencia haberlos dejado pasar.
Ves también como sin apenas darte cuenta ya no eres aquel niño que no hace mucho jugaba sin parar, sin importarle nada más que su propia diversión, y las pataletas del cual se iban tal cual venían. No, ahora eres una persona adulta o casi adulta, que se ha de enfrentar a la realidad le guste o no; y en esa realidad viene implícito luchar por vivir cada momento, y no dejar que el tiempo pase más rápido de lo que ya lo hace, pues si no, te encontrarás un día en el final de tu vida, y sin haber vivido.

Y, reloj, amigo traicionero, aún no ha llegado el día en que seas mi rey absoluto.

[etc]