viernes, 31 de diciembre de 2010

Libros 2010


  • 01- Colmillo Blanco - Jack London
  • 02- Invasió subtil i altres contes - Pere Calders
  • 03- Antologia poètica - Vicent Andrés Estellés
  • 04- Luces de Bohemia - Valle-Inclán
  • 05- Por el amor de dios - Andreu Martín
  • 06- El ocho - Katherine Neville
  • 07- Mor una vida es trenca un amor - Joan Pla
  • 08- Només la mar ens parlarà d'amor - Joan Pla
  • 09- La soledad de los números primos - Paolo Giordano
  • 10- La princesa de hielo - Camilla Läckberg
  • 11 - Perdona si te llamo amor - Federico Moccia
  • 12 - La elegancia del erizo - Muriel Barbery
  • 13 - El juego del ángel - Carlos Ruiz-Zafón
  • 14 - La lluvia de París - Lorenzo Silva
  • 15- La casa del propósito especial - John Boyne
  • 16- Rebeldes - Susan E. Hinton
  • 17- Oscuridad - Elena P.Melodia
  • 18- El arpista ciego - Terenci Moix
  • 19- Abril no és un mes - Rosa Sanchis
  • 20- El pasadizo del deseo - Dominique Sylvain
  • 21- Las lágrimas de Shiva - César Mallorquí
  • 22- Las luces de Septiembre - Carlos Ruiz Zafón
  • 23- Por los pelos - Marian Keyes
  • 24- Marina - Carlos Ruiz Zafón
  • 25- Corpúsculo - The Harvard Lampoon
  • 26- Lo mejor que le puede pasar a un cruasán - Pablo Tusset
  • 27- Por un maldito anuncio - Miguel Ángel Mendo
  • 28- Cometas en el cielo - Khaled Hosseini
  • 29- Aloma - Mercé Rodoreda
  • 30- Menjaré bollyc@os per tu - Pasqual Alapont
  • 31- Un crim imperfecte - Teresa Solana
  • 32- Mirall trencat - Mercé Rodoreda
  • 33- El avaro - Molière

domingo, 28 de noviembre de 2010

Salta, ríe, vive

Salto, río, tarareo a gritos y le sonrío a quien encuentro en mi camino. Podría alguien pensar que perdí la cordura, pero creo que en la vida he tenido más consciencia de mis actos que ahora.
Aunque bien pensado... ¿quién soy yo para juzgar mi estado mental? Y más aún... ¿quién puede tener -o creer tener- la suficiente autoridad para así creerlo? En este mundo de locos, ser uno más es, cuanto menos, la regla.

Pero no es eso en lo que pienso cuando voy dando tumbos por la calle radiante de felicidad. Pienso en lo afortunados que somos los que podemos ser libres de ir y venir a nuestro antojo, los que no tenemos que depender de nadie para hacer las actividades más básicas, los que podemos contar con amigos que te ofrezcan su hombro en los días con menos luz... los que podemos sonreír a la vida porque estamos vivos.
Son este tipo de reflexiones las que pasan por mi cabeza cuando observo el mundo que me rodea, en el que tantos dependen de otro, en el que muchos no pueden hacer otra cosa que trabajar o mendigar buscando algo con lo que llenar sus estómagos o, sencillamente, en el que tantos mueren dejando una estela de recuerdos que se atenuará poco a poco.

Por eso sonrío. Sonrío por estar viva y poder contarlo.
Y salto para poder llegar más alto y ver a cada brinco a los que, como yo, quieren vivir la vida. A nuestra manera, claro está, pero vivos al fin y al cabo.

domingo, 24 de octubre de 2010

A los pies de la Torre Eiffel


Noche cerrada. Luna nueva. Solo las luces de las calles iluminan nuestras caras. De pronto, apagón. "¿Quién habrá sido?" nos preguntamos con brillo pícaro en los ojos (brillo que cada uno imaginamos en la mirada del otro, no hay manera de vernos).
Y yo, que odio la oscuridad, no tengo miedo. Te tengo al lado y me proporcionas seguridad. Sabes que contigo me iría al fin del mundo, me tiraría sin paracaídas de lo alto de la torre.
Pero, no estamos en lo alto, sino a los pies de la Torre Eiffel. Tú, yo y desconocidos que nada nos importan. De repente noto tus manos bajo mi blusa y, en sincronía perfecta, te quito la camiseta. Piel junto a piel. Tengo calor.
Nos tumbamos sobre la fría piedra, pero no noto ese frescor subiéndome por la espina dorsal. Sólo noto tu calor, eres una fuente de radiación inacabable. "¿Lo sabías?" te susurro al oído. Y nos sobran también los pantalones. Tú me quitas con cuidado los pantalones de pitillo, un botón y luego otro, me besas toda esa zona con delicadeza. Me quitas una pernera y luego la otra, noto tus piernas sobre las mías." ¿Cuándo te has quitado tú los vaqueros?" me pregunto.
Solo resta la ropa interior, que poco a poco noto más ligera, hasta que queda a nuestro lado. Ya nada media entre nosotros. Somos uno y ambos lo sentimos. Me susurras palabras de amor mezcladas con otras más subidas de tono. Me ruborizo. Pienso lo afortunados que somos esta noche, nuestra primera visita a París sin que nadie medie entre nosotros, estamos conociendo una ciudad nueva. Estamos conociéndonos con nuestras manos, todo nuestro cuerpo está en contacto. Podría morir ahora, es el clímax de la felicidad.
Pero... las luces se encienden de golpe. Me ciegan, y antes de que vuelva a abrir los ojos, ya tenemos a una pareja de gendarmes a nuestro lado.
"Exhibicionismo público" leo en la denuncia. "Envidia de nuestra felicidad" pienso mientras nos llevan esposados a la comisaría más próxima. Vosotros nunca viviréis lo que acabamos de sentir. Vuestro pudor francés os lo impediría, pasa por mi cabeza mientras se dibuja una sonrisa en mi cara.

jueves, 14 de octubre de 2010

Corrosión

Del limón me dijeron que su acidez era característica. No quise creerlos y no pude evitar hacer una mueca al notar su jugo sobre mis papilas gustativas. Me miraron con una expresión que mezclaba incredulidad y superioridad, había caído en un error de principiante al probar del más ácido de los cítricos.

Con el tiempo, fueron ellos los que me dieron la razón. Pude saborear el limón en toda su plenitud, desafié sus límites y los superé quedando por encima de todos los pronósticos sobre mi paciencia.

Puede que el ácido al principio me corroyera el sentido común, pero poco a poco empezó a formar parte de mí... y de la misma manera que antes no permitían que el zumo del limón cayera sobre los azulejos, tampoco a mí me dejaron acercarme a ellos.

¿Miedo? No lo sé, mas mi espíritu de superación me dejó llegar a donde ellos no podían imaginar ni en sus sueños más optimistas.

Corrosiva como yo sola, aquí me encuentro comiéndome un limón con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Quién quiere acompañarme? ¿Quién se atreve a perder su dulzura?

Eso sí, aviso: Al igual que quien juega con fuego corre el riesgo de quemarse, quien no teme al ácido puede encontrarse con la corrosión de sus recuerdos. Aunque, quizá así sea todo más fácil... sólo competitividad, la debilidad no tiene lugar.

jueves, 7 de octubre de 2010

Escapar

Lunes, martes, miércoles... y lunes de nuevo. Las semanas pasan sin tregua y las hojas del calendario van cayendo, como también lo hacen las de los árboles. Y sin darme cuenta ya son veinte días más a las espaldas, o veinte espadas más clavadas, no estoy muy segura de si es una opción u otra. No más.

Sea como fuere, el tiempo pasa cabalgando sobre una montura veloz y el miedo de caernos y quedarnos descolgados hace que muchas veces no veamos lo que nos rodea, ni disfrutemos del gran tesoro que se nos dio al nacer... la vida. Nada más.

Pero hay una paradoja en todo esto, solo nos damos cuenta cuando ya es tarde. Cuando no hay nada que hacer, cuando toda lucha ha perdido el sentido; es cuando vemos lo que podíamos haber hecho, los pasos que podíamos haber dado... y ya solo nos queda lamentarnos. No más.

Y sientes por dentro que todo se va, que se escapan los buenos momentos y que los días ya no tendrán sentido nunca más, al menos no ese sentido que les habíamos dado. O eso me pasa a mí. Nada más.


Es tiempo de escapar.




Escapar - Amaral y Moby

martes, 28 de septiembre de 2010

Muñeca de trapo



Hace mucho que ya no juego con muñecas. Montones de trapo quedaron relegados al olvido, obligados a exiliarse allá donde nadie se había aventurado a entrar. Ya no se dibuja en mi cara una sonrisa, cada vez queda menos de aquella ilusa que una vez fui y ya no creo nunca volver a ser. Me ilusionaba ver la muñeca entre mis manos, sentirla cerca de mi corazón y emocionarme con unas palabras que ahora pienso que fueron producto de mi imaginación.
No juego. No sonrío. Sólo la sobriedad habita mi corazón junto a los recuerdos de tiempos mejores en los que la sola mención de mi amada muñeca hacía latir este órgano herido a ritmos desconocidos.
Me gustaba saber de ella, sentirme arropada con su compañía, amarla sin pensar que los días de juegos acabarían algún día. Pero lo que más me duele es que jamás hice nada por conservarla a mi lado, dejé que el tiempo siguiera su curso y me la arrebatara de mi lado cuando más fuertes creí los lazos.

No sé si alguna vez la volveré a ver. La echo mucho de menos. Me gustaría enfrentarme a quienes me la quitaron y decirle lo importante que ha sido en mi vida, ser capaz de llamarla y así volver a estar con ella para nunca más separarme. Decirle que siempre será mi muñeca, mi muñeca de trapo.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Olvido

Dicen que la muerte no está en el momento en el que dejas de respirar, está en el olvido. Pues sólo si alguien piensa en uno, uno existe... por tiempo que pase.
Pero hay veces que la muerte llega en vida, cuando ya nadie recuerda tu existencia ni repara en tu presencia cuando estás junto al resto del mundo. Esto es lo más triste que le puede pasar a una persona... quedar en el olvido.

Lamentablemente, en nuestros días, en los que el estrés hace que vivamos demasiado deprisa; es muy fácil caer en esta decadencia que lleva a ninguna parte. Encontrarse desubicado en medio de un mundo anónimo es cada vez más fácil. Luego dicen de la existencia de problemas sociales, de desequilibrios mentales y de individuos, que en una vana búsqueda de atención, cometen verdaderas atrocidades.

No somos más que el producto de nuestras acciones. Y por más que avance la sociedad, los miedos continúan anidados en nuestro interior... entre ellos, el miedo al olvido, el miedo a morir en vida.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Fantasía o realidad

Noche cerrada junto al mar, oigo el rumor de las olas y creo que susurran las lágrimas que ya no salen de mis ojos. Es la noche de los sentidos, aquella en la que ya no hay luz al final del túnel, ni alegres voces que me dibujen una sonrisa, ni tu olor evocado por la brisa del mar junto al que te conocí.
Estoy sentada en la arena, tratando de encontrar entre los granos algo que te traiga de vuelta a mi lado y en su lugar sólo hallo recuerdos que hacen resbalar lágrimas por mis mejillas, mejillas en las que no hace mucho podía dibujar el sonrojo típico de la inocencia cogida en falta, de las miradas furtivas que te dedicaba.
Veo la playa y en cada matiz te encuentro representado, a ti, que con tu melódica voz pronunciaste mi nombre con una intensidad que jamás había conocido y que nunca podré olvidar. No sé si lo sabes, pero aunque no lo quieras, formas parte de mí.
Lo supe desde el momento en que te conocí, momento en el que tus ojos vivarachos se cruzaron con los míos e hicieron que esta playa que ahora nos acoge a tu recuerdo y a mí quedara prendada por tus encantos.
Y en esta eterna noche me queda sólo la esperanza de que vuelvas, de que encuentres alguna razón para reunirte con los pedazos de este corazón que laten sin sentido antes de que su ritmo decelere hasta detenerse.
El rumor de las olas me evoca tu risa, ¿lo sabías?


Y ese rumor me induce a un sueño, plácido y tormentoso al mismo tiempo, por contradictorio que suene.
[...]
Puedo ver un rayo de sol dibujando tus facciones, lo hace con tanta delicadeza que temo moverme por si mi sombra estropea tan bello efecto. De pronto, oigo tu voz, soñolienta en la mañana y natural como la hierba que nos rodea hasta más allá de donde me alcanza la vista. Te giras y me ves sonriéndote embelesada.
- ¿Cuánto llevas así?
- No lo sé. Pierdo la noción del tiempo cuando estoy a tu lado - te respondo mientras nos levantamos suavemente, con temor de romper el encanto de nuestra primera noche juntos. - Gracias.
Me miras con tus ojos oscuros, esos que sabes que me dejan sin palabras.
- No habría sido posible sin ti - me contestas.
De pronto, vemos como un pájaro inicia un baile de cortejo a una hembra. Cruzamos una mirada y sin mediar palabra, juntamos nuestros cuerpos hasta que se hacen uno.
Con fuerza, pero sin brutalidad, te siento de nuevo dentro de mí, y deseo que este momento nunca se acabe, que nadie se acuerde de que hemos desaparecido y nos dejen disfrutar de este amor que tanto ha tardado en hacerse real.
Abro los ojos y comprendo todo lo que hasta ahora nunca había imaginado, que esto no acabará mientras la pasión sobreviva a la rutina y a quienes quieran separarnos. Sin saber por qué noto los pies húmedos, me asusto y veo como te alejas de mi lado.
- No... no te vayas. Sin ti no soy nada.
[...]
Me he quedado dormida evocándote en sueños, y ahora me doy cuenta de que la marea ha subido durante la noche y me ha empapado los pies.
Haciendo caso omiso a este pequeño inciso de la noche de mis recuerdos, trato de volver a dormir. No puedo volver envuelta en lágrimas de madrugada a casa.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Cielo, tierra y quizá alguna reflexión

Del cielo a la tierra hay un infinito, o eso es lo que siempre me habían enseñado a creer. No es cierto. Es sólo una leyenda urbana, como tantas otras.
Sólo que el cielo no es tampoco aquello que siempre me habían vendido. No es un paraíso lleno de nubes y angelitos volando. No se parece en nada a eso. Es algo muy personal, y para mí es el clímax de la felicidad, más quisiera que también del placer. Porque mi cielo tiene nombre y apellidos, dicen que está en la tierra (aunque hay veces en que lo dudo) y, lo más parecido a las nubes es que mi mente se pierde allí cada vez que lo piensa.
La tierra, en cambio, es más difícil de definir. Porque, ¿qué es?... puede ser tanto el planeta que habitamos y destruimos cada día (a partes iguales), la sustancia arenosa que se nos queda entre las manos cuando nos encontramos con la naturaleza en su pura esencia, las raíces que tenemos con un lugar o, tan sólo, el lugar de unión con el cielo.
Digo tan sólo y ni lo entiendo. ¿Por qué simplificarlo tanto? La tierra es el nexo con el sueño que vivo despierta, mi paraíso terrenal. 
El cielo, ahora tornasolado, me refleja una imagen lejana que me evoca recuerdos a miles. 
Ahora es el momento oportuno para que alguien venga y diga: "Baja a la Tierra".
¿Quién ha dicho que no esté en ella? ¿Por qué esos tópicos de cielo y tierra?

Yo vivo mi tierra y anhelo mi cielo. Todo está tan cerca como lo queramos tener, las distancias las ponemos los humanos.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Un final sin escribir



Sólo veo una espesa niebla al final del camino, y no me quiero resignar a entrar en el valle del olvido, donde las brumas entumecen los recuerdos hasta que al final no queda nada de ellos. Aunque, la única opción que tengo es seguir avanzando, sin saber muy bien cómo, porque no se me ha dado la posibilidad de elegir (o quizá sí y no quise ver la alternativa).
Así que, sin desearlo, tendré que adentrarme en ese horizonte borroso donde no podré ver todo lo que ahora me rodea y me veré obligada a caminar a tientas.

Un paso sigue a otro paso, a veces llueve y otras hace sol, incluso hay días en los cuales es difícil determinar el fenómeno meteorológico bajo el influjo del cual nos encontramos. Y, sin apenas darme cuenta, he dejado atrás ese bello camino lleno de alegría y verdor para adentrarme a ciegas en una nueva etapa.

Sin poder volver atrás, porque el tiempo es caprichoso y si lo dejas pasar, no vuelve. Si lo desperdicias, no tiene solución... es tu vida la que pasa. Y cuando quieres comprender que tu hora ha pasado, ya es tarde.

No queda otra alternativa que continuar hacia un futuro incierto, en el cual los días pasados marcarán nuestros pasos, pero ya no serán iguales. Nunca nada podrá repetirse.

domingo, 1 de agosto de 2010

Amor

Amar es sonreir con su corazón
Morir con su sangre
O.. ¿por qué no?
Romper con los lazos de la razón


Original en francés:

Aimer est sourire avec son coeur,
Mourir avec ses absences
Où... pourquoi pas?
Utiliser le temps tous ensemble,
Rester toujours tête à tête.

sábado, 26 de junio de 2010

Con los ojos cerrados no duele soñar



Con los ojos cerrados soy feliz. Puedo verte de nuevo, oirte quizá y sentirte cerca de mí. Con los ojos cerrados vuelvo a ilusionarme y pienso que todo no está perdido. Te veo a mi lado, con tu sonrisa de siempre y con el brillo de tus ojos cómplices.
Con los ojos cerrados puedo alcanzar todos mis sueños. Entonces, ¿para qué abrirlos?

He soñado que nunca despierto, que siempre nos queda la noche, que nada nos separa y volvemos a hablar como si no existiera el mañana.
He soñado con mil besos imposibles, con caricias amables y tiernas que me hacen sonreir, reir... gozar.
He soñado que puedo contar contigo siempre, que nunca te vas. Pero es un sueño. Entonces, ¿para qué despertar?

Porque... si con los ojos cerrados sueño y con los ojos abiertos la realidad me golpea, si con los ojos cerrados vuelvo a ser feliz, a sonreir; y con los ojos cerrados sólo encuentro amarguras y llantos... ¿por qué tengo que despertar?

Pido soñar por siempre, nunca despertar. No quiero despertar otra vez en este mundo.

¿Puedo?

Quiero ser feliz, y eso sólo lo consigo con los ojos cerrados.

Nuevo blog

Hace tiempo que en este blog publico muy poco (líos personales de tiempo y emociones), y en parte también se debe al desastre de apuntes de historias que tengo dispersos por mi mundo particular (mi habitación para el resto de los mortales)... Así que he decidido darle un lugar a todos ésos apuntes en el blog "bloc de notas":
De puntillas por la vida

Auguro un gran caos por aquellos lares (mayor que el de Cierra después de entrar, al fin y al cabo ese son cosas personales y ya).

Eso era... y sí, me estoy haciendo auto-publi, spam o como queráis llamarlo.

Gracias por aguantarme. Os espero con la web abierta (iba a decir los brazos abiertos, pero el término no era muy factible jajaja)

martes, 22 de junio de 2010

Recuerdos a fuego lento

Quizás anclado en el pasado se encuentra un recuerdo que ya no tiene lugar. Recuerdos que no tienen sentido y pese a eso se cocinan a fuego muy lento, pero no dejan de borbotear y manchar el presente.

El caldero donde dan vueltas pausadamente todas las pesadillas, todas las esperanzas vanas y los sueños rotos... Todo pertenece al pasado, cada vez más lejano... y aún así la relatividad del tiempo hace que parezca que sucedió ayer. Y no, ¿cuándo sucedió? Ni se sabe.

[...]

Y la receta continúa cocinándose, se le añaden más ingredientes con cautela, procurando que no salpiquen y se queden allí. Falta la clave, que por una vez no es una pizca de sal... Es el miedo, los miedos. Porque en este caldero donde se remueven temores y esperanzas, flota sobre ellos como aceite sobre agua el miedo.
Y como no se encuentran las fuerzas para echarlo de una vez, va ganando terreno y se convierte en una máscara con vida propia.

La receta no se ha seguido, el objetivo no se ha cumplido, todo sueño se ha evaporado... Ahora los miedos flotan en una nube invadiendo todo a su paso.

Sí, tengo miedo... A sentir y a decir lo que siento.
El pasado forma parte de nuestro presente y nos encadena con grilletes muy difíciles de romper.

jueves, 3 de junio de 2010

Por ti.

No puedo dejar de pensar en ti, porque sé que si lo hago te irás para siempre. Además, sé que si estoy aquí es por ti, porque quiero que te sientas orgulloso de mí aunque ya no estés a mi lado. Porque ha sido y es por ti que incluso en los momentos más duros he sacado fuerzas para salir adelante y no he tirado la toalla. Lo aprendí de ti, igual que también ella lo hizo.
No pienso nunca defraudarte, sé que una parte de ti sigue viva en mi corazón, y es por ello que por duro que sea el camino, resistiré las embestidas... porque tú me enseñaste a hacerlo así.
Sin darme cuenta van más de siete años, y siento al mismo tiempo que sigues vivo en mí y que ya no puedo recordarte como años atrás. Esto último me duele en el alma, porque te necesito a mi lado, porque para mí fuiste mi padre... el que me enseñó a enfrentarme a la vida, quien hizo que la lectura y también la escritura me fascinaran desde pequeña, quien me enseñó tantas y tantas cosas que ahora no podría ni enumerarlas... y siempre lo hiciste con una sonrisa, y haciendo que incluso cuando iba a verte llorando acabara sonriendo.
Por ti, por la persona que más he admirado, admiro y admiraré nunca. Por la persona que hizo que mi vocación fueran las letras, que los idiomas formaran parte de mis sueños.
Por ti y para ti, porque nunca dejaré de esforzarme si así tengo tranquila la conciencia... porque cuando te marchaste dejaste una huella en mi corazón que sigue indeleble, y porque si bien no lloré lo que la niña de diez años pedía, sí me marcaste un objetivo en la vida. Perseverar y nunca, nunca olvidarte.
Por ti, que echo cada día más de menos... Te necesito. Te quiero. Y te recuerdo.

sábado, 29 de mayo de 2010

Retazos de un lloro



Un niño grita, patalea divertido. Se cae. Llora.

Cruza la carretera un gato. Un coche pasa. No lo ve. Una niña sí. Se asusta. Llora.

Ella le espera con ilusión. Todo preparado para los dos. Recibe una llamada. Su mundo se derrumba. Llora.

Todos ríen. Menos ella. No le hablan. No la entienden. Se va. Llora.

Un hombre grita. Se oyen improperios fuera de tono. Como siempre, ella aguanta. Llora.

Ella escucha injusticias. Se calla. Y vuelve a llorar.

lunes, 24 de mayo de 2010

El patio de mi casa

El final está a la vuelta de la esquina, pero tú estás más cerca. Tú, con tus ojos traviesos y tu sonrisa pícara. Tú, con tus desconciertos y tus miedos. Tú, al fin y al cabo, como yo.
Porque bajo escalón a escalón, y te veo apoyado en la pared. Y sonrío al pensar que aún no me has visto. Sonrío porque te noto tan cerca que me da incluso miedo acercarme más a ti... A ti que cada día conoces más de mí. A ti que estás esperándome en el patio de mi casa.
El patio de mi casa... esto me evoca la popular cancioncilla que todos hemos cantado. Y de pronto me invaden unas ganas tremendas de cogerte de las manos, y ponernos a bailar en círculos sin pensar en nada más que en la simple e inocente diversión, sin maldades y sin preocupaciones.
Pero vuelvo a la realidad, y sorprendentemente tú no te has ido con ella. Sigues ahí, como en un sueño... y camino por el vestíbulo, te giras y me ves. Sonreímos. Abro la puerta y reímos.
Por tus ocurrencias, por las mías. Por ser crédula, por creer en ti. Y deseo en este momento que los relojes se paren. Que estemos tú y yo siempre aquí. Bajo mi casa. Solos. Sin que nada altere nuestras sonrisas y el brillo de nuestros ojos, que refulgen cuales brasas.
Mas este sueño es demasiado bonito para ser real. Nos despedimos. Te giras y te vas. Dejándome más cerca del final... y más cerca del abismo.
Y de pronto caigo en la cuenta que se me ha olvidado decirte lo más importante:
Te quiero.

sábado, 15 de mayo de 2010

Perspectivas

Todo depende de por dónde se mire. Pero eso no es nuevo.

Tampoco lo es que desde la distancia se aprecian mejor los detalles, se obtiene una visión más amplia... por eso trato de enfocarla día a día, hora a hora. Alejándome del epicentro para poder ver más allá de donde me alcanzaría la vista de normal.

Porque desde lejos lo veo todo de otro modo. Aunque no es muy halagüeña esta perspectiva, todo sea dicho. Todo se ve más borroso y los contornos se observan difusos, y los recuerdos con ellos también. Y confundo cosas, que me toca después retomar para darme cuenta que indudablemente siempre alcanzo conclusiones inverosímiles. Pero qué más da.

Además, es inevitable alejarse del centro neurálgico de todo. Porque somos como las galaxias, que nos alejamos poco a poco de nuestros centros. De nuestros deseos y nuestros sueños. Es ley de vida.

Es saber valorar la perspectiva. Y aceptarla sin más.

Eso es todo.

lunes, 10 de mayo de 2010

No soy como tú.

Ahora, ¿por qué no?
Darme media vuelta y echar a volar.
Ahora, ¿por qué no?
Sin mediar una sonrisa romper a llorar.

Y alejarme como alma que lleva el diablo, escondiéndome de todos los caminos transitados. Ser un proscrito y no volver jamás.

Porque los días de arrepentimiento ya pasaron, ya nadie me mirará más a la cara. Por más que antes tampoco lo hicieran. Pero ahora decido yo.

No elegí ser así, nadie me preguntó si deseaba ser diferente al resto. Y aunque lo haya rechazado durante años, ya no lo haré.

No conseguirán que agache la cabeza. No ante ellos, verdugos de la libertad.

No les daré el gusto de que vean las lágrimas brotar de mis ojos. Antes huir.

Quisieron cortar mis alas, y no lograron su objetivo. No soy uno más. Nunca lo fui, ni lo seré.

domingo, 9 de mayo de 2010

Flores de Mayo.

Un día deja paso al otro, y de pronto ya estamos a más de la mitad de la primavera. Mayo.
Y llueve, llueve como si el mundo se acabase.

¿Es posible que el tiempo se haya aliado conmigo?
Porque en estos momentos, me está interpretando a la perfección.



Flor traicionera, que no abres tus pétalos, tan sólo encandilas al ingenuo observador, le vendes tu esencia... y cuando se la muestras, te marchitas.
Y te vas, sin dejar nada de ti más que un resto mustio de una admiración efímera.


El tiempo es efímero... y cuando te quieres dar cuenta, todo se ha ido. Y te quedas ahí, pasmarote, deseando poder volver atrás y cambiar algunas cosas, y vivir otras.

domingo, 2 de mayo de 2010

A solas con el piano

Prueba esta vez con clave de sol para la izquierda y clave de fa para la derecha. Tampoco sale nada. Nada queda ya de aquel joven pianista que pasaba las tardes componiendo e interpretando piezas a cual más rebosante de belleza y sentimiento.
Esa década pasó y ahora frente al instrumento se sienta un adulto con los sueños rotos y sin ánimos para continuar superando los avatares de la vida.
Coge la partitura, el trabajo de una semana, la mira y en un arrebato la tira al fuego, donde las llamas devoran con avidez las notas y crepitan como una risa malvada que se burla de su fracaso. Ese fracaso que ha seguido a sus años de gloria y lo ha mortificado bajo el peso del anonimato y el olvido.
Y sin más, sin poder remediarlo, rompe a llorar. Y se siente ridículo al verse acabado, con las lágrimas cayendo por sus mejillas como ríos que se desbordan tras una tormenta inesperada. No, él no era así unos años atrás...

Era una tarde de primavera, los primeros calores de mayo, y él había ido hasta allí aprovechando el buen tiempo para mirar por la ventana. Se acercó con cuidado de no pisar las flores que crecían a sus pies, un camino colorido y con un perfume embriagador, y aprovechando la intimidad que ofrecía la cortina respecto a la sala de estar, la escuchó tocar.
La melodía que interpretaba era tan delicada como ella. Ella, la única chica del pueblo de la que apenas sin conocía su nombre, y la única que había cautivado su corazón desde la primera vez que se cruzaron por el pueblo, al llegar ella desde la gran ciudad. Desde la ventana veía las suaves ondas de su melena castaña caer por su espalda como una cascada, y se imaginaba rodeándola con sus brazos y acariciando suavemente aquel manto oscuro mientras la brisa los mecía con suavidad. Era apocada, quizá demasiado pequeña para sus quince años, pero este aspecto quebradizo la hacía aún más atractiva a los ojos del adolescente que observaba embelesado cada uno de sus movimientos.
Y allí, viendo el reflejo del rostro de ella, con sus facciones menudas, en el vaso de agua que se encontraba sobre el piano, supo que había encontrado su destino. Ella, su amor, y el piano, su profesión.
En un momento dado, ella se levantó y pareció verlo en el reflejo, a lo que él respodió agachándose instintivamente. No quería que nada perturbara su tranquilidad. Cuando volvió a erguirse, vio que su impresión había sido equivocada, y lo que había sucedido era que ella había colocado un jazmín dentro del vaso. Una flor muy acorde a ella, a Delia, delicada, efímera y con una esencia digna de las más grandes.
Precisamente sería el jazmín el título de su primera composición años después, pero eso él ahora no lo sabía.
Siguió observándola durante horas, aprendiendo de sus errores y también de sus aciertos, de la diferencia entre unos compases y otros, entre la duración de las notas, y sobre todo, de la elegancia de sus dedos al rozar y pulsar las teclas. Teclas que dibujarían melodías maravillosas al abrigo de una sala con decoración modernista, de finales del XIX, y en la cuál ella hacía de broche con su piano.


Recordando estos momentos se sintió solo, y comenzó a tocar sin apenas darse cuenta la más triste de sus composiciones... "la ausencia" La ausencia, ese sentimiento que con vida propia lo había encadenado al pasado, como un ancla cruel y despiadada.

Había seguido visitándola tarde tras tarde hasta que un día se encontró con el hecho de que ella no estaba sentada en el piano. El desasosiego que lo invadió lo recordaría de por vida, ¿dónde estaba Delia? ¿no le habría pasado nada?
-Hugo -dijo una voz aterciopelada detrás de él.
El chico se sobresaltó e inmediatamente a sus mejillas acudió un rubor que le hizo sentirse descubierto.
-¿Qué haces aquí? -continuó ella.
-Yo... yo... nada -respondió él.- Bueno, sí hacía algo, escucharte. Me encanta como tocas.
-¿Quieres pasar? -le propuso Delia.
No podía ser, tantas tardes perdidas y ella lo resolvía tan fácilmente.
-... Vale, pero no quiero molestar.
-Tú nunca molestas -fue el fin de la conversación.
Y así aprendió él a tocar, teniéndola como maestra, y superándola al poco tiempo por tener mejor oído que la joven.
Una tarde, acabadas ya las interpretaciones de uno y otro, se miraron y comprendieron que entre ellos nunca podría haber nada más que la relación existente. Estaban condenados al silencio de sus labios, que se anhelaban. ¿Por qué? Porque no podían estar juntos. Ella no estaría mucho más tiempo allí, y él tendría que dejarla ir. Aún así, Hugo, con sus intensos ojos azules, la miró y vio en el vacío de ella que necesitaba amor.
Y la abrazó, dejando que sus miedos salieran y los fantasmas del pasado y del presente les permitieran estar solos por unos instantes.
-Delia...
-No digas nada.
-Te amo. Desde la primera vez que te vi te necesité, supe que sin ti mi vida no volvería a tener sentido, que cada día lejos de ti sería una lenta agonía -confesó en voz baja pero profunda Hugo.- No te vayas, por favor.
-No me lo hagas más difícil. Sabes que no depende de mí. Y ahora, vete, te lo pido. Si me amas, vete.
Y él salió de la casa, dejando "el jazmín" tras él, el vaso con el jazmín igualmente sobre el piano, y corrió hasta llegar al río, al cual se tiró como quien desea la expiación de sus pecados.
Tres días más tarde recibió en su casa una carta:


"Querido Hugo,
Interpreté anoche en nuestro piano tu obra. Jamás me he sentido igual, ni tocando a los grandes.
Te la devuelvo porque yo ya no voy a poder tocarla más. Mañana tengo que irme a la capital, ya sabes por qué. No volveré.
Puedes seguir viniendo a tocar todos los días. Tienes más talento que yo, lo supe desde la primera vez que te oí. Incluso desde los días en que te escondías tras la cortina creyendo que no te veía.
Es más, se lo diré a mis padres. El piano es tuyo. No quiero que se quede vacío y sólo tú lo puedes llenar de sentimiento.
Siempre te tendré en el corazón. Te quiero.
Delia
"


Esa noche lloró como nunca antes lo había hecho. Y cogiendo una hoja con el pentagrama dibujado, escribió esa pieza... "la ausencia"


Años después, volvía a tocarla, con más sentimiento y melancolía que la vez primera. De nuevo sobre el piano de Delia, del que nunca se había separado. Tampoco ahora, tantos años después de su desaparición.
Lo había llevado incluso cuando salió del pueblo, también a los recitales que había hecho. Lo tomaban por loco y maniático, pero sabía que en ningún otro piano habría podido tocar jamás aquella obras. Estaban hechas para él.
Y sintiéndose sin fuerzas tras recordarla, se dejó caer sobre las teclas, haciendo que sonaran con un lánguido sonido desafinado.
Hugo aún se preguntaría antes de caer en la inconsciencia por qué tuvo que morir. Después vino el vacío.

miércoles, 28 de abril de 2010

Bajo la almohada


Una noche tras otra ahogo los sollozos bajo la almohada. Y me siento estúpida de nuevo. Y comienzo a llorar con más fuerza.

Porque los pañuelos nada pueden hacer para guardarme de mis fantasmas, y se quedan tirados en el suelo esperando a que al día siguiente los recoja y los dejé caer sin más en el cubo de la basura, en un amago que queda oculto al resto por vergüenza a que descubran lo que pasa cada noche antes de que el sueño me venza.

Y esa almohada guarda más secretos que nadie. Porque sólo en el silencio de las noches, ese que sólo se rompe con la repiración entrecortada que surge entre las lágrimas y que me hace suspirar a veces incontroladamente, le confieso a ella todo lo que pasa por mi cabeza. No me podrá responder ni hoy ni nunca, pero tampoco me criticará por pensar tonterías o dejar de atender a otras cosas por ello. No es juez ni verdugo. Por eso confío en ella.

Ahora una noche tras otra tienen su fin de igual manera. Y estoy cada día temiendo más que amanezca, temiéndolo y ansiándolo a partes iguales. Siempre lo mismo, como le susurro a mi almohada antes de que un repingo se sobreponga al silencio y hunda mi cabeza bajo la almohada para evitar despertar a nadie. Sólo me faltaba que alguien se preocupara por mí, porque la madrugada es el mejor momento para pasar desapercibido y me gusta que sea así.

Esta noche ya tengo la almohada y la caja de pañuelos, y estaré allí y como siempre volveré a ver mis miedos y fantasmas unidos y volverán a pasar las mismas estupideces por mi cabeza y volverán a humedecérseme los ojos y otra vez, otra más de una cadena que quisiera romper, lloraré y luego me sentiré más idiota que antes... y tal vez me ponga música para tratar de evadir estos pensamientos y me encontraré con una canción que me los haga volver y me sentiré frustrada... y apagaré la radio, me daré media vuelta en la cama e intentaré dormir... dormir sintiendo los ojos picarme y también las mejillas tirantes por las lágrimas que aún esporádicamente bajan y mojan las sábanas.

Y como las tortugas, meteré de nuevo la cabeza bajo la almohada. Sollozando por todos esos silencios y en todos ellos volveré a pensar... y a llorar.

http://www.youtube.com/watch?v=7Pg3uk1hxtQ

domingo, 25 de abril de 2010

No puedo más

Ya compré el candado, lo tengo entre mis manos, abierto. Abierto porque tiré la llave al mar, para que se oxide y se pierda en el olvido. Abierto porque cuando lo cierre, no quiero que nadie ose reabrirlo, que nadie intente que cambie mi decisión.

Aún así, lo miro y no me decido a encadenar mis sueños a él, al candado. Los necesito. Por más que me pesen y me lastren a un mundo que no comprendo. A un mundo que es demasiado complicado para mí.

Porque son parte de mí, mi parte irracional... mis miedos y mis pasiones. Todos unidos en algo que no sé cómo asimilar. En algo que me supera día a día, y por eso es que quiero en ocasiones alejarlo de mí. Pero al mismo tiempo, sé que nunca seré capaz de hacerlo, los necesito.

Miro de nuevo el candado y dos lágrimas resbalan por mis mejillas. No me siento capaz de cumplir mis propósitos... No tengo ninguna fuerza de voluntad.
Y no sólo eso, cada vez mis sueños tienen más fuerza que yo, que estoy debilitándome sin apenas darme ni cuenta. No puedo más.

Así que, dejaré el candado encima de la mesa, o mejor aún... lo cerraré sellando con él todas mis voluntades que han caído conmigo.

[...]

Ya no sé ni hacer lo que más me gusta... escribir. Sólo me queda leer y empaparme de un mundo que no me pertenece, porque sólo el viaje a otros lugares desde el silencio de mi habitación me permite huir por un momento de mis miedos. No puedo más.

lunes, 19 de abril de 2010

Are you there? The wind gave me your voice, and now, itself stole me all I've dreamt so many times...
Are you there? I need to know if I can trust of you again, as we were younger, as we were only children
Are you there? Are you there? Please, say it to me... I cannot continue with you

[...]

Fragmento que ha salido de una conversación de msn.
Se queda aquí porque quería conservarlo.

viernes, 16 de abril de 2010

Las noches de París.



Como un faro iluminaba los cielos de París, haciendo que se creara un ambiente romántico. Por ello era el símbolo de la ciudad, un montón de hierros que paradójicamente se había convertido en el escenario de muchos momentos mágicos en la ciudad del amor. O la ciudad de la luz, que es su verdadera denominación.
Más en aquellas imágenes que estaban observando mis retinas no había ni un atisbo de amor, tan sólo era una bella instantánea que quedó registrada para siempre como fotografía. El amor quedó en otro lugar, a muchos kilómetros de aquel faro nocturno en que se había convertido la Torre Eiffel.
Al menos sí era la ciudad de la luz. Aunque algunas luces estuvieran apagadas... las menos visibles. Ésas que son detalles que pasan desapercibidos para cualquiera que viva en este estresante mundo en que sólo los más arrolladores tienen su lugar. El resto no tendrá más compañía que la de su espíritu, si es que éste es fuerte. Si no, quedará en soledad.
Y no puedo mentir, en aquellos momentos en que estaba cumpliendo mi sueño más antiguo me sentí muy sola, por más que no dijera nada al respecto e hiciera todavía menos.
Porque París es la ciudad de mis sueños como he podido observar, pero éste no ha sido el viaje de mis sueños. No así. No pasando sola la última noche mientras llegaban risas del otro lado de la pared. Risas en las que nunca encontré mi lugar.
Las noches de París. Donde sentirse amado o solo. Un cuchillo de doble filo y cuyas heridas son mortales.

lunes, 5 de abril de 2010

La llamada

Con un redoble de tambores se anunció una nueva actuación en aquel programa de variedades con un formato tantas veces utilizado. Tantas veces que ya me aburría. Y la actuación no era más que uno de esos grupos de pop clónicos de las estrellas estadounidenses de tiempo atrás. Siempre por detrás... ¡bien vamos!
Así que, hastiada, cogí el mando de la televisión y dudé si estamparlo contra aquélla. Pensando que sería un gasto inútil de tiempo y dinero, recapacité y simplemente la apagué. Por fin dejaban de sonar los endiablados tambores en mi cabeza. Silencio. Lo necesitaba.
¡Ah, pero no! Se ve que el silencio y yo no nos llevamos bien. En la otra punta de la casa sonó el teléfono y cuando fui a cogerlo, se cortó. Lo de siempre, claro. Después de casi matarme tres o cuatro veces, cortan. Con el ánimo un poco tocado y esperando que quién había llamado fuera uno de tantos publicistas y vendedores de packs de teléfono e internet, miré la lista de llamadas perdidas.
De pronto, la expresión de mi cara cambió... y los ánimos también se calmaron. Quien llamaba estaba muy lejos de querer venderme la oferta de mis sueños que me haría pagar menos de la mitad de mi consumo con Telefónica. Era una de esas personas que con el tiempo se ha ganado el título, porque es un título más valioso que el de conde o duque, de AMIGO. Y evidentemente, un amigo no me iba a ofrecer lo que antes había pensado.
Sin dudarlo, le llamé. Y quedamos para pasar la tarde.
Quizá esto a cualquiera le pudiera parecer una acción rutinaria, e incluso simple. Pero para alguien que ha estado durante años casi enclaustrada y deseando poder hacer lo que cualquier otra persona de su edad, es toda una noticia. Poder pasar la tarde con amigos, reir despreocupadamente y también compartir momentos buenos y malos. Algo único.
Porque la amistad es lo más bonito que nos puede pasar. Lo que hace que merezca la pena vivir. Más incluso que el amor, que es efímero aún cuando sea poderoso. Porque un amigo, si es de verdad, estará siempre ahí.
Y sin más pensarlo, cogí dos cosas, y salí de casa.
Dispuesta a comerme el mundo. Junto a los AMIGOS.

jueves, 1 de abril de 2010

Tú, mi libro.


Recuerdo ese primer día en que te vi, abandonado en un estante como yo en aquel lugar. Y entonces supe que nuestro destino estaría unido de por vida. Tú, mi primer libro. Tú, que me descubriste mil mundos maravillosos de los que nunca me quería marchar. Tú, que me hiciste sonreir y reir hasta extasiarme.
De aquello ya hace muchos años, y ahora apenas tienes hueco entre las abigarradas estanterías de mi habitación. Allí sigues, maltrecho de tanto estar entre mis manos, de tantas veces que he vivido entre tus páginas. Pero aunque ahora ya no seas el único, las cosas no van a cambiar para mí. Siempre serás el primero, que nunca se olvida. Como el primer amor.
Porque incluso podría afirmar que fuiste mi primer amor. Tú que me descubriste que el paraíso se encontraba entre letras. Tú que me enseñaste a amar la literatura desde tus páginas manoseadas, desde tu espíritu emprendedor. Porque me emprendiste en una aventura, en la de la lectura. Y desde entonces, sigo embarcada en ella.
Y allí tienes tú un lugar especial. Tú, mi libro.

sábado, 27 de marzo de 2010

J'suis une rêveuse



Aunque no sea tiempo para soñadores...
J'suis une rêveuse. Et pourtant je ne rêve jamais avec des yeux fermés, parce que j'aime bien rêver quand je parle à quelqu'un ou quand je suis en faisant d'autre chose, autre chose comme me balader dans les rues, faire un examen.
Je suis toujours en rêvant. Et je suis bien ainsi, je pense que je ne dérange personne et je peux aller à mon propre monde quand je veux. C'est merveilloux, n'est pas?
Parce qu'avec mes yeux fermés je peux voir ce que je veux, et écouter aussi seulement ce que je veux. Le monde est si difficile que j'ai besoin de fermer mes yeux et aller là-bas, où personne ne peut me faire pleurer.
Je suis une rêveuse, bien sûr, mais une rêveuse avec de cause. Mon monde est plus joli et heureux que la réalité.
Alors maintenant je fermerai les yeux et rêverai ce que je veux.
Porque siempre me gustará cerrar los ojos y encontrarme con los suyos mientras oigo su voz, aunque sólo sea fruto de mi imaginación. 


jueves, 25 de marzo de 2010

Gira la noria


Gira, gira y vuelve a girar. Las norias tan pronto están arriba como están abajo. Puedes sentirte el rey del mundo dese la cima o uno más, alguien insignificante, entre la multitud desde abajo.
Lo difícil es mantenerse en la mitad del recorrido, apreciar esos momentos. Porque... ¿alguna vez alguien le presta atención al momento en que la rueda sube o baja, lo que es el camino? Lo dudo. Esa parte, que finalmente es la más importante, porque no podrías llegar arriba ni tampoco bajar sin ello, nos pasa desapercibida. No se toma en cuenta.

Y, la vida es una gran noria. Puedes estar arriba o, por contra, en la base. Entonces, es cuando deberíamos de tomar en consideración el camino para llegar arriba, esa difícil escalada que no ha caído del cielo. Si nadie hubiera previsto un sistema para que las norias subieran, estarían siempre en el suelo, con toda la gente ansiosa de subir allí, amontonados, peléandose incluso. En la vida pasa igual.

Es por eso, que se debe tener en cuenta lo difícil que es alcanzar nuestros sueños, y aún cuando los logramos, saber tener los pies en el suelo. Sólo así lograremos que nuestro momento de gloria en lo alto de la noria sea realmente importante.
Y, cuando se llega allí, tampoco hay que tener vértigo. Porque si realmente has llegado allí valorando cada momento del ascenso, entonces sabrás que ese momento es tuyo y de nadie más. La noria no caerá.

Y la noria gira, gira. La vida también. Tenemos que saber dónde estamos y valorar el momento.


...

[Los fotologs siempre fueron una fuente de inspiración]

miércoles, 24 de marzo de 2010

París


Subida a lo más alto de la Torre Eiffel veré la ciudad de la luz, pero no veré la luz. Tan sólo figuras, simples títeres que serán manejados por mil cosas ajenas a ellos y que no se perciben con los sentidos.
Yo seré una títere más, pero en el conocimiento de esto radica la diferencia. Sé lo que me mueve. Y sé el por qué de las cosas.
¿A quién pretendo engañar?
No lo sé. O quizá sea posible que no lo quiera saber.
Eso sí, no sabré el por qué, pero sí el cuánto y el cómo...
Y las respuestas están escritas a fuego en mi corazón, que a fin de cuentas, es lo que me mueve.
Fuego que no veré, luz que estará apagada. Porque el cielo estará nublado, y puede que llueva.
Es más, sé que lloverá. Aunque quizá sólo sobre mí. Y las nubes no sean más que mis ojos.

Puede también que cierre los ojos al subir, que tenga vértigo de sentir. Porque los miedos me traicionan, hoy y siempre.

[...]

14 días.

lunes, 22 de marzo de 2010

Experimento 2: Onomatopeyas

- ¡Pipipipi!
- Rrrr
- ¡Cloc!
- ¡Oaaaaaaah!
- ¡Plap! ¡plap!
- ¡Rrrs! ¡Rrrs! ¡Rrrs!
- ¡Plop!
- ¡Clac!
- ¡Fiiiiiiiffh!
- ¡Clac!
- ¡Rrrs! ¡Rrrs! ¡Rrrs!
- ¡Cloc, cloc!
- ¡Snap!
- ¡Crec, crec!
- Ble, ble, ble...
- Clinc, clinc, clinc, clinc
- Glu, glu, glu
- ¡Cof!
- Rrrr
- ¡Rrrs! ¡Rrrs! ¡Rrrs! ¡Rrrs!
- ¡Fiiiiii!
- ¡PLAS!
- ¡Auuuuuuuuuuu!
- ¡Snif!
- Rrr

- ¡La leche que me he metido!
Tanto cuidado recién despertada y después de desayunar, resbalón y al suelo.
- Rrr


[Quien lo haya entendido me conoce mejor de lo previsto, porque la locura ha sido importante]

domingo, 7 de marzo de 2010

Días de resaca

Quería algo diferente, por una vez atreverme a probar todo aquello que me había estado vetado. Y sí, en lugar del refresco habitual, pedí al camarero algo más fuerte.
No sé por qué lo hice, o quizá sí. Para olvidarme de todo, para olvidarme hasta de mí misma. Lo necesitaba.
Y me emborraché. Hasta perder la noción de los sentidos. Por una vez me desinhibí, olvidé quién era, y por qué había llegado hasta allí. No fue la mejor opción, y lo sé. Pero no pensé en ninguna otra.
Lo último que recuerdo de aquella noche es que estaba en aquel antro, poniéndome como una cuba, sola. Mejor sola que mal acompañada, ¿no?. Estaba sola y te vi llegar, con tus aires de grandeza, con tus ojos color hielo. Sé que te sorprendiste de verme a mí, a la eterna abstemia, en aquel lugar y con aquella bebida en la mano. Lo sé, porque te conozco.
Y apuré el vaso. Y pedí otro. Y volví a apurarlo hasta que perdí la noción del tiempo.
Esta mañana me he despertado en el parque, con el mayor dolor de cabeza que jamás había tenido. Sintiéndome como una idiota. Pero al menos satisfecha de haber sido capaz de no pensar durante unas horas.
Y, al querer levantarme, he visto que no estaba sola. Allí estaba tu amigo, ése que no soporto, durmiendo. Deseaba creer que dormía.
He cogido el móvil del bolsillo, y he visto que era tuya la última llamada. 4:45 AM. ¿Qué ha pasado aquí? Te he llamado, ya lo sabes.
Preferiría no haberlo hecho. Si me sentía idiota, ahora sé que lo soy. Tenía que haber salido de aquel local cuando aún me tenía en pie. Porque... he descubierto que me lancé desesperada sobre él, que nos liamos y después se rio en mi cara. Y aún ha tenido la poca vergüenza de contármelo.
Tu amigo ha despertado, y me ha consolado. Después de ayer ha visto como eres. Yo también. Te odio. Miento. Te amo, pero te quiero odiar.
Me ha arropado y he visto en sus ojos la verdad. Sabiendo que ya cualquier cosa estaba permitida, le he besado. Sí, nuestras lenguas han hecho un baile infernal, frenético. En mitad del parque, ¿y qué?
Ayer era una niña. Hoy no. Hoy sólo tengo resaca.

domingo, 21 de febrero de 2010

Tan sólo una muñeca

 

Soy sólo una muñeca, de trapo, inánime.
Ya no me queda más que dejarme mecer por el viento, pues aunque mi cuerpo resista -el trapo permanece inalterable por más que pasen los años- mi alma cada día está más y más hecha jirones.
Y aunque sonría, me duele. Aunque ría, me engaño. Sólo quiero llorar... pero es difícil elegir el momento oportuno para hacerlo; ése en el que nadie te pregunte ¿por qué lloras?
No quiero que nadie me pregunte, por eso más de una vez me aguanto las ganas. Además, ¿desde cuándo las muñecas de trapo tienen derecho a sentir?
Porque nunca fui una de esas muñecas tan admirada, no fui una muñeca de porcelana, de ojos melosos y apariencia cautivadora.
En su lugar, me hicieron de un trozo cualquiera de tela, sabiendo desde el principio que jamás nadie se fijaría en mis ojos, tan sólo pintados de cualquier manera. Desde los orígenes estaba predestinada a pasar inadvertida, a ser un juguete que pasaría entre las manos sin dejar huella y acabaría en el cajón del olvido, de donde nadie lo rescataría.
Y nunca, o eso parece, nadie se ha parado a pensar que también mi sencillo corazón necesita que lo quieran, que aunque desgarbada, también me gustan los abrazos. Al fin y al cabo, esto es algo común a todos, o eso me gusta creer.
Esta muñeca de trapo, remendada por más sitios de los que aparecen a simple vista, le gustaría ser querida... pero claro, eso es un sueño. Y no está bien que un simple trapo cumpla sus sueños.
En lugar de eso, me iré de nuevo a mi cajón, donde olvidada con otros muchos cachivaches, pronto no quedará nada de mí en la memoria de quienes me han conocido.
Quizá sería mejor. Me dejaré caer al abismo hasta que de mí no quede más que una simple tela deshilachada con una sonrisa emborronada por los años.

jueves, 18 de febrero de 2010

[...]

Y un Te quiero no es un Te amo

Más de una vez he dicho Te quiero.
¿Por qué? Porque quería o quiero a esas personas, porque cada día me han enseñado algo nuevo, un motivo por el que luchar... y así quiero que sigan a mi lado.
Y estas dos palabras no las utilizo sin desmesura, mas sí con quienes las merecen. Amigos, familia.

Nunca he dicho Te amo.
¿Por qué? Porque nunca he podido.
Estas dos palabras son las únicas que jamás han pronunciado mis labios. Se podría decir que... son demasiado valiosas para mí, a cualquiera no se las quiero decir. Para eso está el Te quiero.

[Desvaríos de medianoche]

PD: Entrada de blog del tuenti, pasada aquí antes de ser suprimida allí

lunes, 8 de febrero de 2010

Éramos pequeños

Una vez más vuelvo a sonreir, a ser una niña. Porque me encanta perderme en mi mundo, imaginar que nada de lo que me rodea es cierto.
Y así, hoy, como hiciera Alicia, me he decidido a seguir al conejo del reloj, sólo que no era un conejo y no llevaba un reloj en su mano.
He vuelto a ser pequeña y me he puesto a perseguir un gatito que estaba jugueteando cerca de donde me había quedado absorta en mis pensamientos y con la mirada fija en el infinito, en el patio donde me gusta ver a los niños y su ingenuidad, que cada vez se evapora más temprano.

De pronto, se ha acercado a mí, me ha mirado con unos intensos e inteligentes ojos amarillos como tratando de decirme algo y se ha marchado de mi lado sin decir ni "miau". "¡Gatiito! ¡No te vayas!"

Y, haciendo gala de una irresponsabidad impropia, pero que ya tenía ganas de demostrar, no lo he pensado más y lo he seguido. Me ha llevado por calles desconocidas, que ahora tan sólo recuerdo como unas manchas borrosas en la inmensidad de la memoria. Me ha llevado tan lejos de la plaza de mi barrio que creía que había sido un error seguirlo y pensaba en dar la vuelta. "No pienses tanto y sigue andando" ha dicho una voz en mi mente, procedente de quién sabe donde. Me he girado para ver si había alguien detrás de mí, pero allí no había nadie, ¡qué extraño!. Alegremente he vuelto la vista hacia delante, queriendo seguir al lindo gatito y jugar con él de una vez. Cual ha sido mi sorpresa al descubrir que allí no había ningún felino, ni nada que se le pareciera.

En su lugar, me he encontrado en una calle ya conocida, aunque de forma vaga, apenas he pasado una vez por allí, pero tiene un encanto que me impedirá olvidarla. No por lo que es, sino por lo que significa. Aún sabiendo dónde estaba, me he sentido sola, apenas era una niña pequeña bastante alejada de su casa. Se oyen pasos por detrás de mí.
¿¡Cómo!?, esa voz me resulta familiar, mas ese timbre no se identifica con el que tengo guardado en mis recuerdos. Soy pequeña de nuevo, pero la memoria permanece, permanece lo suficiente como para reconocer a quién ha hablado.

Me giro y sonrío una vez más. La intuición no me ha fallado, y no soy la única en este día que ha vuelto a ser pequeña. No, y así he redescubierto unos bonitos ojos oscuros en un rostro mucho más aniñado del que está continuamente en mi mente, tan repetidamente que llega a doler cerrar los ojos y verlo. No va solo, y a su lado veo a otro niño, que se parece por primera vez al otro chiquillo.
- ¿Y tú quién eres? -me pregunta el segundo, al parecer más confiado que el primero.
- ¿Yo? Pues... Sandra -respondo, algo azorada.- No sé cómo he llegado aquí.
Así nos presentamos y por primera vez, logramos ser algo más que compañeros de conversaciones y clases, también de juegos. Me divierte esta situación. Estoy segura de que todos sabemos quién es la persona que está a nuestro lado, pero callamos por miedo a parecer estúpidos e ingenuos. Comienzo a amar de nuevo esos ojos, y por una vez, nos podemos ver sin que medien entre nosotros dos pares de gafas.

Las horas pasan demasiado deprisa, y pronto atardece. Y ahora... ¿qué?. Ellos se tienen que ir y yo no sé dónde pasar la noche, si atreverme a volver a casa, no sé lo que me esperará.
El primero de los dos se despide con un: "¿Nos volveremos a ver?"
- Eso espero... me ha gustado conoceros -le digo con una sonrisa que imagino habrá ido acompañada de un rubor en las mejillas.
- ¡Miaaau! -se anuncia detrás de mí.
- Mínino, ¿dónde has estado?
"No me has echado en falta, no lo niegues" oigo en mi cabeza, como horas antes. Pues también tiene razón. Y se pone de nuevo en marcha.
Lo sigo y las casas vuelven a pasar por nuestro lado como borrones indefinidos. Creo que empiezo a saber por qué. Soy pequeña e ingenua, pero no tonta.

Llegamos de nuevo al patio donde me había tomado y... sigue siendo de día.

Tengo curiosidad de saber cuánto tiempo ha pasado, así que miro el reloj que está en mi muñeca , recuerdo que poco antes de ver al gato eran casi las once de la mañana. Marca la misma hora, no es posible. Me pongo el reloj en la oreja, por si acaso se ha parado la maquinaria, se ha agotado la pila o quién sabe qué ha pasado. Es extraño, funciona.
¿Ha sido un sueño? No lo sé, tampoco me importa, me digo con una sonrisa.

En ese momento, oigo una voz que me llama. No, esto no es un cuento, no es él. Es una chica que me está pidiendo que le preste unos apuntes.
- ¡Eso está hecho!
Y busco entre los papeles de mi mochila. Al levantar la vista, esta vez sí, le veo delante de mí, tal y como es bastantes años después de ese momento que acabamos de vivir. Nos miramos a los ojos, mis ojos marrones claros, sus ojos marrones oscuros casi negros; en esta ocasión no podemos directamente, pero como si así fuera. Sorprendentemente, me pregunta:
- Tú... ¿cómo eras de pequeña?

sábado, 6 de febrero de 2010

Vamos a la Luna

Mientras exista el movimiento de los astros, podremos vivir en la Luna. Allí construiremos nuestra base permanente y nadie nos molestará.
No vendrán esas impertinentes niñatas de risita burlona, no estarán invitadas a nuestro rincón. Tampoco esas otras que tratan de entrar acercándose más de lo necesario a nuestros planes. Esas que con dulces palabras tratan de alcanzar nuestra nave espacial. También tienen vetado el paso.
La Luna será nuestra. Ni Apollos ni nadie nos la quitará.
Allí seremos libres al fin de todo nuestro entorno. Entregarnos el uno al otro y dejar que pase el tiempo sin que nada importe. Porque será el vacío espacio-temporal, aquél en que tú y yo seremos uno. Iremos al amanecer, me veré reflejada en tus ojos con los primeros rayos del sol; y seguiremos juntos mientras las horas pasan ajenas a nosotros, hasta que el sol caiga y juntemos nuestros cuerpos para hacer más soportable el frío, los unamos hasta fusionarnos y no ser más que uno.
Allí, en la Luna. En nuestra Luna. Nuestra liberación, donde los preceptos terrestres ya no tendrán validez.
Mientras exista el movimiento rotacional podremos observar nuestras casas desde nuestro nido, y también podremos bajar cuando nos sintamos solos y necesitemos volver a la mundanal realidad. Esa realidad en la que volverán a haber moscas, cantidades ingentes de moscas pululando sin cesar... Pero, me he traído el matamoscas ¡plof! "Una menos", digo con una sonrisa en la cara.
Porque esa sonrisa será perpetua, contigo todo será un mundo perfecto, un universo perfecto.
Esta es mi propuesta... ¿te gusta el plan? Tengo la nave aparcada en la puerta de tu casa, tan sólo hazme una señal y huiremos juntos a un mundo desconocido. No, a un mundo no, a la Luna.
Nuestra Luna.