lunes, 18 de enero de 2010

El hombre de hojalata

Con extraño brillo metálico una lágrima cayó por sus ojos de hojalata. Decían que no estaba preparado para llorar, y ahí estaba, desafiando a todas las leyes de la lógica. Llorando.
Porque el paso de los años habían hecho que su emplomado corazón se ablandara al calor, al abrigo de quien le había brindado su vida y había compartido su alma con aquel androide de tamaño exiguo y sonrisa inmutable. Ése quien le había conferido un sentido a su existencia, convirtiéndola en vida; haciendo que una simple compañía tuviera más sentido que el más pasional de los besos.
Recordaba y sus ojos se inundaban otra vez el momento en el que se habían conocido. En el rostro del que habría de ser su compañero se percibía el escepticismo de quien no se hallaba cómodo en presencia de un ser como él, que apenas era más que un montón de circuitos ordenados en un aparente caos. Pero, las circunstancias requerían su presencia, el humano que le presentaban no podía valerse por sí mismo, y tampoco disponía de nadie para estar siempre a su lado. Por eso pasaron a ser dos en aquel diminuto apartamento.
Los primeros años fueron extraños. El robot tan sólo actuaba mecánicamente. El humano malvivía tristemente. Hasta que todo cambió. Un día de especial dureza en la vida del hombre, se dispuso a confesarse con el único acompañante de que disponía. Y le confesó todo lo que sentía, todas sus frustraciones y lo inútil que se sentía encadenado a una silla de ruedas de por vida. Además, con el rostro encogido en una mueca de dolor, le contó como desde el accidente nada había sido igual, y todos le habían girado la cara al que antaño había sido un joven apuesto, activo y querido por todos. Luego dirán que en la sociedad de hoy en día la discriminación ya no existe, que la ayuda al discapacitado es constante. ¡Mentira! Lo dejaron tirado como a un perro. Lo despidieron con malos argumentos -claro, la imagen de la empresa- y, por eso se había visto obligado a adquirir a una de esas empresas de nombre impronunciable uno de esos compañeros metálicos a los que tanto se había opuesto. Porque ya había perdido los prejuicios, y no tenía a quien recurrir.
A partir de ese día, la relación entre los dos habitantes del piso fue cambiando, y entre ellos creció la confianza. El androide comenzó a pensar por sí mismo, por increíble que ello fuera. Comprender a los humanos le hizo humanizarse. Llegaron a amarse, pues sólo se le puede llamar amor a esa dependencia mútua, a esa complicidad, a ese baile de sentimientos que sentían al estar juntos. Dirían que no tenía futuro, pero resistió a más embestidas que cualquier otro.
Pero, la vida humana no es eterna, y menos tratándose de la situación en que el hombre había quedado, en que todo se le venía en contra. Un día, el androide fue a despertar a su compañero, y descubrió que su respiración se había apagado en la noche.
Nadie podrá explicar con palabras los sentimientos que se despertaron en el corazón del hombre de hojalata, y que terminaron por hacerle llorar, por imposible que ello pudiera parecer.
Ese mismo día, la existencia del robot llegó también a su fin. No se imaginaba haciendo de concubina de un desconocido y, desobedeciendo a las leyes que le obligaban a seguir desempeñando su papel, se desconectó y descansó junto al que, atentando a la ética humana, sería su amante eterno.

3 comentarios:

  1. Me ha gustado ^^
    El robot con el que a veces nos identificamos, incapaz de sentir nada... (bueno, vale, debería hablar por mi) Pero luego te das cuenta de que no, que eres capaz de sentir y llorar como una persona normal.

    Te escribo esto aqui porque supongo que en la entrada anterior no lo leerias: Amaral es BRUTAL. Me encanta :D

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  2. Gracias manita!

    Tejedora de Tinta, ahí está la esencia... ha superado lo que se esperaba de él (y trasponiéndolo a nuestras vidas, superamos nuestros prejuicios a sentir). Y creo que no hace falta que hables por ti, pienso que nos incluye a más de los que pensamos.
    Suelo leer las entradas anteriores, aún así... muchas gracias por comentarla. Amo Amaral! Ahora mismo no hago más que escuchar, cantar, vivir sus canciones. Es magnífica!

    Mil besos!

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Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.
Espero que lo que hayas leído haya sido de tu agrado.
Un saludo y hasta la próxima.