sábado, 11 de septiembre de 2010

Cielo, tierra y quizá alguna reflexión

Del cielo a la tierra hay un infinito, o eso es lo que siempre me habían enseñado a creer. No es cierto. Es sólo una leyenda urbana, como tantas otras.
Sólo que el cielo no es tampoco aquello que siempre me habían vendido. No es un paraíso lleno de nubes y angelitos volando. No se parece en nada a eso. Es algo muy personal, y para mí es el clímax de la felicidad, más quisiera que también del placer. Porque mi cielo tiene nombre y apellidos, dicen que está en la tierra (aunque hay veces en que lo dudo) y, lo más parecido a las nubes es que mi mente se pierde allí cada vez que lo piensa.
La tierra, en cambio, es más difícil de definir. Porque, ¿qué es?... puede ser tanto el planeta que habitamos y destruimos cada día (a partes iguales), la sustancia arenosa que se nos queda entre las manos cuando nos encontramos con la naturaleza en su pura esencia, las raíces que tenemos con un lugar o, tan sólo, el lugar de unión con el cielo.
Digo tan sólo y ni lo entiendo. ¿Por qué simplificarlo tanto? La tierra es el nexo con el sueño que vivo despierta, mi paraíso terrenal. 
El cielo, ahora tornasolado, me refleja una imagen lejana que me evoca recuerdos a miles. 
Ahora es el momento oportuno para que alguien venga y diga: "Baja a la Tierra".
¿Quién ha dicho que no esté en ella? ¿Por qué esos tópicos de cielo y tierra?

Yo vivo mi tierra y anhelo mi cielo. Todo está tan cerca como lo queramos tener, las distancias las ponemos los humanos.

3 comentarios:

  1. Dios, Dios, Dios.
    Me encanta este texto *___*

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  2. Dicen que tanto el cielo como el infierno existen dentro de nosotros. La tristeza es el pecado y el cielo es el placer.

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Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.
Espero que lo que hayas leído haya sido de tu agrado.
Un saludo y hasta la próxima.