jueves, 14 de octubre de 2010

Corrosión

Del limón me dijeron que su acidez era característica. No quise creerlos y no pude evitar hacer una mueca al notar su jugo sobre mis papilas gustativas. Me miraron con una expresión que mezclaba incredulidad y superioridad, había caído en un error de principiante al probar del más ácido de los cítricos.

Con el tiempo, fueron ellos los que me dieron la razón. Pude saborear el limón en toda su plenitud, desafié sus límites y los superé quedando por encima de todos los pronósticos sobre mi paciencia.

Puede que el ácido al principio me corroyera el sentido común, pero poco a poco empezó a formar parte de mí... y de la misma manera que antes no permitían que el zumo del limón cayera sobre los azulejos, tampoco a mí me dejaron acercarme a ellos.

¿Miedo? No lo sé, mas mi espíritu de superación me dejó llegar a donde ellos no podían imaginar ni en sus sueños más optimistas.

Corrosiva como yo sola, aquí me encuentro comiéndome un limón con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Quién quiere acompañarme? ¿Quién se atreve a perder su dulzura?

Eso sí, aviso: Al igual que quien juega con fuego corre el riesgo de quemarse, quien no teme al ácido puede encontrarse con la corrosión de sus recuerdos. Aunque, quizá así sea todo más fácil... sólo competitividad, la debilidad no tiene lugar.

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