sábado, 5 de marzo de 2011

Víspera de tormenta



Nubarrones enturbian días de paz, la claridad desaparece de la fingida calma. Todo se agita y un viento voraz arranca a su paso la piel que cubría las heridas.

Y la herida vuelve a sangrar. Tan fuertemente como siempre, en realidad nunca se cerró.

Un grito ahogado se queda en mi garganta. Es dolor... el dolor reprimido que, llegado un momento, sale a la luz.

Un trueno se oye allá afuera. Comienza a llover. Las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos, resbalan por mis mejillas y se pierden en las ropas. Me siento débil, muy débil. Una niña pequeña con mucho miedo.

La sangre sigue brotando, no soy capaz de ponerme freno. Es superior a mis fuerzas, tengo miedo de llegar a ver una cicatriz donde ahora se encuentra esta herida que sigue inflamada.

Me tomo algo para el dolor. Es un simple placebo que ya, por la costumbre, no hace efecto. El viento aúlla y otro nuevo grito se para en mi garganta...

Pero no, no lo diré.

2 comentarios:

  1. hola tienes mucho talento escribiendo.

    saludos.

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  2. Muchas gracias, me siento realmente halagada.

    Un saludo.

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Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.
Espero que lo que hayas leído haya sido de tu agrado.
Un saludo y hasta la próxima.