jueves, 21 de abril de 2011

Amanecer de sensaciones

Nunca vio el amanecer, mas esto no le impidió sentir la fuerza del sol cada mañana. Sus ojos nunca vieron la luz, pero sin embargo, llegó mucho más lejos que aquellos poseedores de los cinco sentidos.
Bien mirado, ella también tenía cinco sentidos, pues si bien había sido privada de la vista, tenía otras maneras de recibir estímulos del mundo y una intuición que muchos hubieran querido para ellos.
Desde pequeña luchó por ser una más, se enfrentó al rechazo cruel de la mayoría y se llevó a cambio a verdaderos amigos. Porque aquellos que resistieron a su lado en todo momento son los que se deben llamar amigos.
Ellos decían que los amaneceres a su lado tenían mayor encanto, solo ella era capaz de describir con palabras las sensaciones que la salida del sol le producían: el calor sobre los párpados, el aroma de la arena mojada, el murmullo de las olas del mar que nunca vio. Nunca vio el amanecer con sus ojos, pero lo vio con su corazón.
Su corazón. Su perdición. Porque aunque nunca fue capaz de formarse una imagen real, día a día creó un ideal formando un puzzle con su voz, con el timbre de su risa y con las palabras que le dedicaba. Palabras que ella creyó inocentes en lugar de hirientes... el amor fue más ciego que nunca. Llegó un momento en que comenzó a depender de su presencia, en que el tiempo solo tenía sentido si él estaba ahí... y hubo un día en el que nunca más estuvo.
Vagó sin rumbo por las calles, a tientas por la vida y... un día dejó de vivir. Se dijo que había cruzado por un lugar equivocado, pero sus amigos nunca se lo creyeron. Se dejó morir, porque sin corazón no se puede continuar y el suyo estaba hecho pedazos. Se fue sin ver nunca cumplidos sus sueños, palpándolos levemente y obligándose a dejarlos ir.
Hoy sus amigos quisieron homenajearla... fueron a ver el amanecer con los ojos cerrados. Sintieron algo mágico, la sintieron a su lado.

viernes, 15 de abril de 2011

Por vía 1: Desesperación

Solo cinco minutos más para que él llegue. Cinco minutos y meses de añoranza, de lágrimas en la almohada y de llamadas interminables habrán pasado a la historia. Alba no puede creer que por fin vaya a verle y está tremendamente nerviosa. Se ha arreglado para él: la minifalda que sabe que adora, la blusa que él le regaló y, para enmarcar sus rasgos, se ha recogido la melena en dos trenzas.

Quedan cuatro minutos. El tiempo se le hace eterno y mira impaciente la pantalla que anuncia la llegada del tren que procede de la estación Barcelona-Sants. Barcelona… ella nunca ha estado allí. ¡Ya está! Le pedirá que la lleve en el próximo viaje que hagan juntos.

Tres minutos. Alba anhela volver a sentirse segura a su lado, oler su perfume… ¿se habrá puesto el que ella le regaló? Aunque, quizá ya se le haya agotado. Al fin y al cabo, ocho meses dan para mucho. ¡Caray! ¡Ocho meses sin verse! Desde que él se fue de beca Erasmus a Ámsterdam no había vuelto a verle. Ella quería haberlo visitado, pero últimamente, no podía gastar ni un euro más de los necesarios… ¡maldito dinero! Siempre por medio.

Dos minutos. El corazón late desesperado. El tablón anuncia que el tren llegará a tiempo. ¿Es aquello que se ve al fondo? ¡Por fin! Van a tener mucho que contarse, tantos meses separados dan para muchas cosas. Ella finalmente se ha independizado y van a poder tener su nidito de amor. Bueno… siempre que los compañeros de piso les dejen intimidad. Eso sí, ella ya les ha puesto al día sobre cómo es Erik y de las ganas que tiene de verlo.

Un minuto. Sí, es ese tren que ahora entra el que la va a permitir ver a su otra mitad. Alba se va imaginando cómo va a ser el primer abrazo que se den… cómo él la va a rodear con sus brazos fuertes y la va a hacer sentirse protegida. Está viendo ya sus ojos ante los suyos propios… ama el calor que emanan sus ojos marrones. No puede creerse que haya gente que diga que los ojos azules o verdes son más bonitos. Ella no cambiaría los brillantes ojos castaños de Erik por los de nadie.


domingo, 10 de abril de 2011

El otro lado del andén

¿Merece la pena seguir desviviéndose por alguien que la dejó abandonada en el andén de una estación? Esta es la pregunta, entre otras muchas, que se hace Alba cuando (des)espera la llegada de su novio por las calles de Valencia.
¿Por qué nunca llegó?

Descubre la verdad de una historia que quizá te toque de cerca desde la mirada que se queda en el otro lado del andén.

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Os presento la que está siendo mi primera historia "larga" (supongo que si esto fuera cine la llamaría mediometraje). Aún no está totalmente escrita, pero tengo la esperanza de que el hecho de estar publicándola por aquí me anime a escribirla más rápido y a que no se me cuelen demasiados detalles personales.

Espero que os guste. Toda crítica es bienvenida.

Un abrazo,
Sandra

PD: Las partes de esta historia se publicarán con la etiqueta EOLDA ;)