viernes, 15 de abril de 2011

Por vía 1: Desesperación

Solo cinco minutos más para que él llegue. Cinco minutos y meses de añoranza, de lágrimas en la almohada y de llamadas interminables habrán pasado a la historia. Alba no puede creer que por fin vaya a verle y está tremendamente nerviosa. Se ha arreglado para él: la minifalda que sabe que adora, la blusa que él le regaló y, para enmarcar sus rasgos, se ha recogido la melena en dos trenzas.

Quedan cuatro minutos. El tiempo se le hace eterno y mira impaciente la pantalla que anuncia la llegada del tren que procede de la estación Barcelona-Sants. Barcelona… ella nunca ha estado allí. ¡Ya está! Le pedirá que la lleve en el próximo viaje que hagan juntos.

Tres minutos. Alba anhela volver a sentirse segura a su lado, oler su perfume… ¿se habrá puesto el que ella le regaló? Aunque, quizá ya se le haya agotado. Al fin y al cabo, ocho meses dan para mucho. ¡Caray! ¡Ocho meses sin verse! Desde que él se fue de beca Erasmus a Ámsterdam no había vuelto a verle. Ella quería haberlo visitado, pero últimamente, no podía gastar ni un euro más de los necesarios… ¡maldito dinero! Siempre por medio.

Dos minutos. El corazón late desesperado. El tablón anuncia que el tren llegará a tiempo. ¿Es aquello que se ve al fondo? ¡Por fin! Van a tener mucho que contarse, tantos meses separados dan para muchas cosas. Ella finalmente se ha independizado y van a poder tener su nidito de amor. Bueno… siempre que los compañeros de piso les dejen intimidad. Eso sí, ella ya les ha puesto al día sobre cómo es Erik y de las ganas que tiene de verlo.

Un minuto. Sí, es ese tren que ahora entra el que la va a permitir ver a su otra mitad. Alba se va imaginando cómo va a ser el primer abrazo que se den… cómo él la va a rodear con sus brazos fuertes y la va a hacer sentirse protegida. Está viendo ya sus ojos ante los suyos propios… ama el calor que emanan sus ojos marrones. No puede creerse que haya gente que diga que los ojos azules o verdes son más bonitos. Ella no cambiaría los brillantes ojos castaños de Erik por los de nadie.


Ya son las 10 de la mañana. El tren frena en la vía 1. Desde luego que ha valido la pena madrugar para ir a recogerlo. Claro que, el hecho de que haya una línea de metro que comunique tan bien con la Estación del Norte ayuda. Y que no se haya equivocado de parada, también.

Empieza a bajar la gente y Alba se acerca a las vías del tren. Afortunadamente, no es muy bajita y puede distinguir bien a la gente que va saliendo del vagón. De todas maneras, ella sería capaz de reconocer a Erik entre millones de personas, él es único.
Pasan dos minutos en su reloj y el ritmo al que baja la gente al andén desciende. Supone que él se habrá quedado rezagado para evitar molestar a los demás viajeros con sus bultos. ¡Es tan considerado! Siempre pensando en los demás, siempre tan agradable… un amor, vaya.

Cinco minutos. La situación se torna desesperada. ¡No puede ser! Erik tenía que haber bajado ya… A ver si le ha pasado algo. Alba se acerca corriendo al vigilante que controla el puesto de paso de maletas para pedirle que vaya a ver si se ha quedado alguien dentro. Este le responde casi a gruñidos que es imposible, pero ella no se da por vencida y acude a la compañera del gruñón. Se nota la complicidad entre féminas y al ver la preocupación en el rostro de la joven, la vigilante se adentra en el tren para ver si queda alguien. Se abren las puertas del último vagón y sale un chico adormilado, pero de Erik… ni rastro.

– Lo siento, chica. No queda nadie más dentro – le responde la mujer a la interrogación de sus ojos.
– Pe… pero no puede ser. Él me dijo que vendría en el Euromed de las 10.
– No puedo hacer nada más. Llámale a ver si se ha quedado dormido y no ha cogido ese tren. En dos horas llega otro desde Barcelona, igual tienes más suerte. ¡Ánimo!

Con la sonrisa comprometida de la vigilante y un gracias que murmuró abatida, Alba va a buscar un sitio donde sentarse. Por el camino se encuentra una familia que parece haberse reencontrado. La felicidad de sus rostros le duele.

Ya sentada en los bancos del vestíbulo, coge su móvil y marca el teléfono de Erik. Se sorprende cuando le sale la grabación indicándole que el teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura. ¿Por qué? Bueno… quizá haya olvidado conectarlo después de bajar del avión. Sí, seguro que es eso; se obliga a pensar ya más tranquila… Erik es muy despistado y no suele acordarse del móvil.

Así que, piensa esperanzada –aunque con un regusto amargo- que le quedan dos horas de espera. Para obligarse a no pensar, decide ir a conocer un poco más en profundidad la estación y, por el camino, comprarse algo que la ayude a mantenerse despierta.

El recorrido lo comienza en el exterior de la estación, ya que antes no se ha fijado demasiado y aún estaba un poco dormida. Le gusta la fachada, modernista recuerda que es, ahí con sus ornamentos entre los que, para ella, destacan las flores de azahar. Alba adora el aroma de azahar y, al ver las figuras, no puede evitar derramar una lágrima pensando en Erik. Una vez él la invitó a cenar a casa de sus padres y llenó la casa de las pequeñas florecillas blancas del naranjo solo para complacerla.

¿Por qué no ha llegado en el tren de las 10? ¿Acaso él no tiene tantas ganas de verla como ella a él? Teme la respuesta…Y se obliga a pensar en otra cosa…

Entra al vestíbulo y la acoge de nuevo la madera que cubre la estancia. Lee las palabras que anuncian “Buen viaje” en distintos idiomas con nostalgia y pensando en el viaje de Erik. Hay una cola importante de gente esperando en las taquillas de los trenes de Cercanías. Alba juega a imaginarse los destinos de todas esas personas: la abuela con el niño puede que vayan a pasar las vacaciones a un apartamento en la playa, el joven de detrás tiene la impresión de estar perdido, la familia que los sigue lleva tantas maletas que parece que se vayan a mudar… Al final de la cola, ve a una pareja de aproximadamente su misma edad y la congoja que nace en su corazón hace que entre en la siguiente sala.

De nuevo, destaca en medio el panel con los horarios donde, para ella, en Llegadas, solo hay una hora relevante. Bajo él puede ver un montón de trenes, en su mayoría de Cercanías con destinos tales como Gandía o Alcudia de Crespins. Viajes cortos, en definitiva.

Son las diez y media. Aún queda bastante para que él llegue. Va a buscar un café a la cafetería que ve en uno de los pasillos laterales. Espera que eso la despierte. A última hora cambia de opinión y pide una horchata. No le conviene ponerse más nerviosa y sabe bien que el café la altera y… la ayuda a que las noches interminables de estudio fueran realmente interminables. Pero no conviene pensar en eso ahora, está de vacaciones y esperando a Erik en la estación de trenes.

Después de tomar la horchata, va a buscar un asiento donde pasar el tiempo hasta que sean las 12. En esos momentos Alba agradece llevar siempre un libro en el bolso. En esta ocasión es Marina, que tan buenos recuerdos le trae. Lo abre y comienza a leer por donde se ha quedado.
De pronto, lo cierra de golpe. ¡Está ambientado en Barcelona! No había otro lugar posible, ¿no? En fin, sabe que la historia le gusta y retoma la lectura.

Sin apenas darse cuenta, llega el siguiente tren. Es la megafonía la que la alerta de que son las 12. Corriendo y aún con el libro en la mano, se acerca corriendo a la vía. La vigilante de antes la saluda.

Comienza a bajar la gente y… minutos después, sus temores se hacen realidad: Erik tampoco ha venido en este tren. Alba no puede evitar que las lágrimas comiencen a resbalar por sus mejillas… ¡era hoy! Ella, que había deseado fervientemente que fuera 25 de junio para verlo y, ahora, estaba allí sola, en mitad de la estación. Era una marioneta sin vida.

Le llama de nuevo por si ha habido algún error. No lo cree posible, pero él nunca le había hecho algo así. De nuevo el mismo mensaje de la vez anterior. De lo nerviosa que está, el móvil se le cae al suelo y la tapa trasera se desmonta. ¡Genial! ¡Lo que le faltaba!

4 comentarios:

  1. Esperaba algo así, porque de lo contrario la historia hubiera perdido intensidad. Me gusta más este drama que un maravilloso y esperado encuentro entre ellos.

    Un besote.

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por tus palabras.
    Eres muy amable.

    ¡Un beso!

    ResponderEliminar
  3. Te comenta ésta también, porque me ha encantado, va?

    Es genial como trasmites a cada tiempo las sensaciones y pensamientos de ella. Y al final, como lo dejas en el aire, frente a frente, para que cada uno cree, e invente como le parezca.

    ResponderEliminar
  4. Más que nada es que aún no tiene final, aún así, muchas gracias.

    Me alegro de que te haya gustado :)

    ResponderEliminar

Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.
Espero que lo que hayas leído haya sido de tu agrado.
Un saludo y hasta la próxima.