lunes, 30 de mayo de 2011

Falsas apariencias

Ves una foto de no sé qué año en la que apareces no recuerdas dónde junto a una niña de la que apenas recuerdas su nombre. ¿Era María? ¿Tal vez Marta?
Te das cuenta de cuán efímeros son los momentos y de cuán poco los vives. Porque mientras piensas esto, miles de cosas están pasando ante tus ojos sin que quieras -o puedas- verlo. Al final nada queda para la posteridad... triste, ¿no?
Se dibuja en tu rostro una mueca al pensar en cómo las personas cada vez sabemos menos las unas de las otras. Y te planteas una incógnita... ¿realmente nos queremos conocer?
En este instante te sientes inmensamente desolado al apreciar que de la gente que te rodea no sabes más que el nombre y cuatro datos banales. Al final solo quedan las apariencias... falsas apariencias.
Aunque te paras a pensar y sabes que muchas de esas cosas que pasan por tu cabeza no querrías que nadie más las supiera... ¡Sonaría tan estúpido! Pero tampoco crees acertado que la gente solo se guíe por lo que piense nada más conocerte... al final esto es tan estúpido como lo anterior.

Incluso puede que, por más descabellado que suene, tal vez no fuera mala idea ir por la calle con carteles donde expresáramos lo que sentimos. Así sería más fácil decir "Te quiero", por ejemplo. Aunque, claro, caeríamos en una banalización aún mayor de la expresión. No, no es buena idea.

Te planteas una posible solución tras otra y descubres que ninguna es factible, pero sigues sin rendirte ante la evidencia, quieres conocer más a tus amigos, más a tu familia y más a tu entorno. Por lo menos, que tu existencia tenga sentido. No quieres que se sientan solos. Vas a tratar de introducirte en sus laberintos personales. No vas a permitir que se pierdan como tantos otros.

Es hora de ir más allá de las falsas apariencias. De decir lo que sentimos. De creer en lo que somos.

jueves, 26 de mayo de 2011

Otra copa más

Alcohol en sangre. Una noche más, se repite la misma tónica. Beber y beber para no pensar. Reírse de uno mismo y de todo para no echar a llorar.
Una borrachera más y unos litros menos de dignidad. Sentir que las brújulas han dejado de señalar el norte y que los principios han dejado de tener valor.
¿Quién soy? ¿En qué me he convertido? Pensamientos que fluirán libres cuando los efectos se pasen. Lo sé, lo sabes, lo sabe... todos los sabemos, pero eso no cambiará nada.
Otra copa más, otro sueño menos. ¿Qué más da? Realmente nada importa cuando no encuentras una razón para seguir buscándole el sentido a la vida.
De pronto, te das cuenta de que ya no eres más que una marioneta de la sociedad. Triste sociedad. Triste realidad.

lunes, 16 de mayo de 2011

Embriaguez


Respira.
Un nuevo día se alza en el horizonte. Hoy hay una nueva razón por la que vivir.
Nada.
Sigue siempre tus instintos, lo que mueve a tu corazón. No dejes que nadie decida tu vida.
Avanza.
Cuando todo te parezca oscuro, mira el sol y observa cómo sigue brillando. Mira a tu alrededor y verás que no estás solo.
Sal a la superficie.
Un océano se extiende ante tus ojos. Sonríe y piensa en todos los que han quedado atrás.
No llores.
Lo que nunca sucedió no tiene razón de ser, alégrate por haberlo vivido. Todo pasa (o no) por algo.
Escapa.
Nunca olvides quién eres, nada hasta el fin del mundo. Eres libre y siempre lo serás.
Sueña.
Da igual despierto o dormido. Ilusiónate y embriágate de mar, de aire… de vida.