domingo, 11 de septiembre de 2011

Se abre el telón

Se abre el telón. Aparece en una esquina una niña pequeña, agazapada, parece que no se da cuenta de que es la protagonista de la obra. No hace nada, tan solo está quieta dejando que pase el tiempo. No quiere que este la dañe con sus zarpas, no quiere que él la perciba.
Un minuto sigue al otro y la criatura sigue allí, inmóvil. De pronto, otro personaje entra en escena. Lleva una extraña máscara que cubre parte de sus facciones angulosas, se diría que es un esqueleto andante si no fuera porque la desnudez que apenas cubre con una sábana deja ver una piel casi traslúcida. La niña lo observa desde el otro lado del escenario. En su mirada se dibuja una expresión que entremezcla el asombro y el más puro terror.
La extraña figura avanza paso a paso hacia ella. Entonces, toda la quietud se transforma en un remolino de acción. La niña se levanta de un salto y corre hacia el fondo de la escena, donde hay una parte del decorado tras la cual se puede esconder. En efecto, allí se oculta.
Nadie en la sala entiende nada. Ni quiénes son aquellos dos personajes, ni cuál es su función en el todo.
El esqueleto andante no se queda atrás y persigue a la cría -quién, de pronto, ya no parece tan niña-, esta vuelve a tomar la delantera y se dirige al patio de butacas. Un par de personas se muestra molesto y algo agitado ante la intromisión, nadie avisó de que fuera necesaria su interacción.
Esto no acaba aquí y la carrera se sucede por el largo y ancho del teatro. Pero lo que nadie ha visto aún es que en el escenario han ido apareciendo más y más personajes, todos casi o tan demacrados como el extraño que sigue a la chica.
Llegado el momento, al verse rodeada de los fantasmas del pasado, la joven se para y se deja arrollar por todas sus pesadillas hechas realidad. A la desesperada, pregunta:
- ¿Qué pretendéis hacer conmigo?
- Enfrentarte a tu pasado - le responde la silueta que tiene más cerca de su oído, quien tiene el aire de un anciano decrépito-. Siempre nos has estado huyendo, pero por el camino te has olvidado de vivir. Te ha llegado la hora.
Un escalofrío recorre la espina dorsal de la chica, quien se desploma en mitad del escenario. El resto la coge y la lleva hasta que todos juntos hacen mutis por la izquierda. Nadie vuelve. Nadie aplaude. Nadie respira, las imágenes que acaban de ver les han sobrecogido.

Pocos minutos después, se apagan las luces que iluminaban de forma tenue el escenario y, en su lugar, se encienden unas que señalan un camino que lleva a la salida. En orden, sin prisa pero sin pausa, el público sale. Siguen sin entender qué acaba de pasar ante sus ojos.

Nadie ha entendido el mensaje. Nadie salvo una mujer que ha sabido comprender que la muchacha protagonista siempre huía porque no tenía nadie en quien apoyarse, ni siquiera en mitad del acto ha habido algún valiente que le ofreciera un poco de ayuda para salir del agujero, del miedo al paso.
¿Por qué lo sabe? Tiene sus razones...

2 comentarios:

  1. Y creo que esa mujer siempre podrá ofrecerte su apoyo, de alguna forma ;)

    Echaba de menos tus textos^^ Ves cómo eres buena??? :)

    Un besazo^^

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  2. No era yo la protagonista, pero me gusta la interpretación que le has dado.

    Gracias por tus palabras, yo también me echaba de menos (encontré la música que me hizo volver a tener ganas de escribir).

    Besos, manita.

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Muchas gracias por haber llegado hasta aquí.
Espero que lo que hayas leído haya sido de tu agrado.
Un saludo y hasta la próxima.