domingo, 10 de febrero de 2013

Noche

Sus andares de gato le acompañaron una noche más por el zoco de la ciudad. Los escasos transeúntes que se cruzaban en su camino eran incapaces de sostenerle la mirada. Ojos negros, hechiceros, con la sombra del demonio acechando.

Zigzagueó por las callejuelas varios minutos más antes de llegar a su objetivo. Una vez allí, armado con sus manos y una ganzúa hizo que la puerta de la tetería cediera ante él. Al momento, un olor almizcleño le saturó los sentidos y le hizo saber que no se había equivocado. Aunque, claro, nunca lo hacía.

Tyro aprovechó el momento que tardaron sus pupilas en adaptarse a la oscuridad para enfundar sus manos en sendos guantes de seda. Después, se adentró en el almacén del local y, desde allí, accedió a la buhardilla donde sabía que el argelino pasaba las noches.

Lo despertó con la presión de las manos en su cuello. Susurró, pero nadie le oyó emitir los gritos mudos de auxilio. A la mañana siguiente, los vecinos comerciantes se extrañaron al encontrar cerrada la tetería. Cuando finalmente llegaron al lugar de los hechos, el horror de los ojos del cadáver les dio la respuesta a las preguntas no pronunciadas.

El gato del diablo había vuelto a la ciudad.


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Este relato, escrito el agosto pasado desde un ordenador que no era el mío, es casi con total seguridad el último que verá este blog con la etiqueta "relato semanal", actividad del foro en el que he participado durante años. El Rincón de la Expresión cierra sus puertas y, con ellas, muchas historias que muestran la evolución personal y literaria de sus habitantes. Han sido unos años que me ha encantado compartir en forma de relatos y comentarios, donde he conocido a gente maravillosa y he encontrado un refugio para mis letras.

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